Desde su creación hace 30 años, el examen MIR ha sido objeto de propuesta de múltiples mejoras, pero ha perdurado en el tiempo sin cambios significativos porque la característica principal en la que casi todo el mundo está de acuerdo es en el de su “equidad”.
Es un “clásico” de los exámenes. Se estudia su técnica en múltiples academias, que han proliferado como las setas en otoño. Las facultades de medicina orientan su formación a la superación de dicha prueba y la formación práctica pasa a un segundo plano. Los alumnos de medicina saben desde los primeros cursos a que tienen que atenerse para superarlo y no esperan sorpresas. En estas circunstancias, ¿Se puede suprimir o reformar dicha prueba?
Aunque las circunstancias socio-demográficas de los médicos en España han cambiado mucho, a la primera parte de la pregunta puede responderse que no. Hay que poner un orden para el acceso de los licenciados a la formación especializada, y eso solo se puede hacer mediante una prueba nacional (llámese examen MIR o el nombre que se le quiera poner), o valorando exclusivamente el expediente académico, lo que crearía agravios comparativos entre los alumnos de las distintas universidades, pues sus planes de estudios y formas evaluación no siempre son coincidentes. Queda pues proponer reformas al mismo.
Desde el principio, y es también opinión generalizada, se acusó a la citada prueba de valorar sólo los conocimientos memorísticos de los candidatos, cuestión que se palió parcialmente con la introducción cada vez mas abundante de “casos problema”, que obligan a entender situaciones complejas y razonar sobre las mismas. Pero sigue sin evaluarse el “ saber hacer”. Evalúa sólo conocimientos teóricos y en ninguna medida la practica clínica.
Para paliar esta deficiencia se ha propuesto hacer una prueba similar a la ECOE (Evaluación clínica objetiva y estructurada) utilizada para el acceso de los licenciados pre95 al titulo de especialista en medicina familiar y comunitaria. Se trata de evaluar las aptitudes prácticas , ante supuestos casos reales (simulados por actores).
La carestía de este tipo de pruebas y la duración de la misma (en torno a una hora) hace imposible que pueda aplicarse a gran numero de candidatos. Aparte, el gran componente de valoración subjetiva que conlleva hace que levante reticencias. De introducirse cambios significativos en el modelo , estos han de requerir al menos un consenso similar o superior al que la prueba actual tiene, lo cual hace que aunque convenientes y necesarios sean de difícil aplicación.¿Quien le pone el cascabel...?
Dejando para los expertos el estudio de los posibles cambios estructurales, quiero hacer dos propuestas desde la vocalia de médicos en formación que pueden aplicarse cualquiera que sea el modelo de la prueba: El cambio de fecha de la misma y la exigencia de una nota mínima para acceder a la formación especializada.
Cambio de fecha
Dado que la licenciatura en medicina es actualmente la mas larga en España, (6 años) y que obligatoriamente ( al menos si se quiere trabajar en la sanidad publica) ha de completarse con otra formación especializada de al menos 4 años, es una incongruencia que se obligue a todos los licenciados a esperar un año mas entre una y otra.
Me explico: desde que un estudiante acaba la licenciatura en el mes de junio, hasta que empieza la residencia en junio del año siguiente (o veintitantos de mayo), pasa un año mas , del que mas de la mitad suele estar en una academia preparando el examen, con el consiguiente gasto añadido.
Hace unos días que en Diario Médico, sesudos pensantes proponían acortar la licenciatura de medicina un año para atajar el déficit de médicos. Solo es necesario realizar el examen MIR en septiembre y aligerar la toma de posesión de plazas para ganar una promoción de médicos (promoción que por otra parte es la que correspondería, toda vez que lo que se viene realizando desde hace muchos años es un retraso en la realización del examen, que conlleva esta consecuencia nefasta de alargar un año mas la carrera de medicina).
Según el Ministerio de Sanidad es un problema ¿irresoluble? el superponer dos promociones de residentes durante varios meses. Esto puede solventarse adelantando un par de meses cada año el examen, y en pocos años se consigue el objetivo sin “aglomeraciones”.
Nota mínima de entrada
Como quiera que se ha pasado de una proporción de veinte candidatos por plaza en los años ochenta a 1,3 en las últimas convocatorias, las renuncias a coger plaza de los últimos por no quedar las especialidades que prefieren, hace que en las dos últimas convocatorias (y por lo que se prevé en las futuras) queden algunas plazas vacantes, lo que significa que hasta el último clasificado tiene opción a cogerlas. Esto ha dado lugar a que en las dos últimas convocatorias los últimos candidatos hayan entrado con puntuación negativa.
Si se tiene en cuenta que no contestando ninguna pregunta del examen no descenderíamos del 0, (lo que cualquier persona que no tenga ningún conocimiento de medicina podrían hacer con seguridad),queda muy mal estéticamente (y con consecuencias practicas que habría que estudiar) el que se pueda acceder a la residencia en estas condiciones.
Si bien es cierto que el candidato ha debido superar la licenciatura en medicina, lo que le capacita (al menos legalmente) para iniciar la residencia, no lo es menos el que la obtención de estas puntuaciones desacredita por si misma dicha formación. Por tanto, debe existir una puntuación mínima (por supuesto positiva) que garantice la calidad de la prueba y de los candidatos. ¿Que aumentaría el número de plazas vacantes?. Cierto, pero no seria un aumento muy significativo y sí a cambio de un aumento en la calidad.
Manuel Carmona es Vocal Nacional de Médicos en Formación de la OMC (Organización Medica Colegial)