El rápido aumento de alumnos universitarios en la década de los noventa -de 750.000 en 1980 pasaron a ser 1.500.690, diez años más tarde- obligó a crear nuevos campus por todas las provincias españolas. Tal fue el crecimiento que, actualmente, los 120 títulos existentes se ofertan 2.700 veces. Según La Gaceta de los Negocios, a partir de los datos extraídos de un Informe del Consejo de Coordinación Universitaria (CCU), hay carreras como Filología Alemana en la universidad de Valladolid, o Humanidades en A Coruña en las que sólo se ha matriculado un alumno este curso. Por poner otro ejemplo, hay tres universidades (la de Salamanca, Santiago y Extremadura) que se reparten los siete alumnos inscritos en primer año en Filología Portuguesa.
Ante esta situación, está empezando a haber reacciones. El Gobierno catalán ya ha comunicado a las universidades que ninguna de sus carreras tiene asegurado el futuro si no cuenta con un mínimo de 30 alumnos de nuevo ingreso. Por su parte, Galicia también está diseñando medidas para luchar contra este tipo de situaciones. De hecho, el borrador del mapa de titulaciones adaptado a Bolonia acordado entre la Consellería de Educación, las tres universidades gallegas y los grupos políticos incluye que los nuevos títulos de grado no podrán tener menos de 25 alumnos nuevos por curso. Si no llegan a esta cifra deberán reorientar su contenido o agruparse con otras facultades, aunque se permitirán excepciones si se trata de estudios no duplicados o con una "amplia tradición" universitaria. Tampoco se permitirá la creación de carreras nuevas que ya existan en algún campus o que no cuenten con al menos 40 estudiantes.
El secretario general del Consejo de Coordinación Universitaria. Félix García Lausín, señala, tal y como recoge La Gaceta de los Negocios, que "Bolonia no exige establecer un límite de alumnos para mantener los títulos", pero si es cierto que las "universidades españolas deben aprovechar esta adaptación al Espacio Europeo de
Educación Superior (con margen de implantación hasta 2010) para revisar los desajustes entre la oferta y la demanda y aplicar algunos criterios de eficiencia".
Lausín explicó que "no quiere decir que vayan a desaparecer los títulos, sino que deberán agruparse de forma que no se repitan más veces de las necesarias. La adaptación a Bolonia puede ser un buen momento para revisar el catálogo universitario". El secretario general explicó que las comunidades autónomas son las que deben plantearse si están dispuestas a mantener esas enseñanzas minoritarias.