sábado,4 diciembre 2021
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Sergio Parra / Ediciones Martínez Roca / 640 págs.

300 lugares de verdad que parecen de mentira

Redacción
La clave de los sitios listados en la obra "300 lugares de verdad que parecen mentira" no es animar a patear un lugar de un extremo al otro, sino prestar atención a los detalles, a los recovecos, a las personas que los habitan. Y su autor aprovecha que uno puede encontrar un lugar completamente nuevo a la vuelta de la esquina de la siguiente calle de la ciudad que habita desde hace años, pero si no es capaz de darse cuenta de su existencia, lo pasará por alto.

¿Os imagináis viajar a una ciudad futurista en Taiwán que parece haber sido asolada por un desastre nuclear? ¿Entrar en la isla de Hashima, de la que solo queda un esqueleto ruinoso y que desde lejos parece un inmenso portaaviones? ¿Dormir en un hotel en el que una mitad de la cama está en un país y la otra mitad en otro diferente? ¿Visitar un pueblo donde la gente se llama Adolfo Hitler, Lincoln Stalin o Burger King? ¿Conocer una isla construida con botellas de agua? ¿Adentraros en la selva de Konnie Range, donde crece un misterioso árbol asesino? ¿Pasear por la extravagante mansión que construyó la viuda del creador del rifle Winchester para protegerse del más allá y que llegó a albergar más de 600 habitaciones?.

Sergio Parra nos propone en “300 lugares de verdad que parecen mentira” (Editorial Martínez Roca) una experiencia muy distinta, menos visual pero infinitamente más exótica. Nuestros pies no hollarán otros paisajes, pero nuestra mente viajará a lugares que parecen imposibles, con un guía experimentado, con las suficientes claves como para llegar hasta ellos en persona, si nos apetece. Aunque no en todos los casos, ahora me explicaré…

Como asegura el mismo autor, este conjunto de páginas pegadas entre sí y encuadernadas en cartoné parece un libro, huele a libro, sabe a libro -acabo de comprobarlo-… pero no es un libro. Sergio afirma que “lo que sostenéis en vuestras manos son unas gafas, unas antiparras, unas lentes que enfocan lo cercano y lo lejano, un microscopio y un telescopio”. Y tiene razón, podríamos resumir así este compendio de lugares y experiencias ajenas, ya que disfrutaremos de varias perspectivas únicas, identificaremos lugares que jamás creímos posibles, y que, en su mayoría, jamás estarán accesibles en un tour guiado en nuestra agencia de viajes.

Algunos son de mentira: países que no existen; ciudades anuncio; campos de concentración confortables; ciudades transportadas fuera de su lugar de origen, otras situadas en lugares extraños o peligrosos, en ruinas o erigidas por razones que hoy podríamos considerar estúpidas; colinas sin pendiente; el pueblo con los nombres más raros del mundo; otros cuyo nombre es la invitación a un chiste; islas literarias; lugares mentirosos que no se encuentran donde declaran estar…

Otros, sin embargo, son de ciencia ficción, y parecen venir del futuro: planetas y estrellas en la Tierra; los gobiernos galácticos de Dennis Hope y Jenaro Gajardo Vera; Lilypad, la ecópolis flotante; San Zhi, una ciudad estéticamente futurista; New Songdo, una ciudad-U; CETI, ciudad futurista en la que nunca vivirá nadie; residencias para animales humanizados; el lago Mono y su vida extraterrestre; la megalópolis orgánica de Lagos; centros de datos; sitios con WI-FI donde nunca creeríamos que la hay; la Bóveda Global de Semillas de las Svalbard; Sealand, el diminuto país creado de la nada; el LHC (Colisionador de Hadrones) de Suiza,…

Otros son los llamados “lugares de dinero”: sitios Mcdonalizados; la República Independiente de los Grandes Almacenes; Walmart; las calles y lugares “de marca”; Cashmere y otros pueblos escaparate; Celebration, la ciudad fundada por Disney; lugares de despilfarro; la República de Nauru, donde viven millonarios obesos; zonas de procesamiento de mercancías; Epicentro Obama; islas paradisíacas en venta; hoteles sobre y bajo el mar, y otro en el espacio exterior; el mundo flotante Manned Cloud; el paraíso letal Queensland; FreedomShip, el hermano mayor del Titanic; el Proyecto Venus, donde el dinero no vale nada…

Algunos de estos lugares son pequeñísimos: sólo se aprecian con lupa; La Ciudad de los Duentes y Madurodam, la Holanda en miniatura; el terreno en propiedad y el parque más pequeños del mundo: el triángulo de Hess y Mill Ends Park; Beta Giyorgis, una iglesia tallada en un bloque de piedra; micromundos flotantes; Safe Scandinavia; Biosfera 2; BIOS-3 y Proyecto Edén; Walden Dos; Bishop, la isla con mayor porcentaje de terreno edificado; Bell Rock, el faro que parece surgir del mar; Isla de Shark, el último reducto feudal europeo –en principio-; aldeas con aspiraciones soberanistas, como la República de Goust y Tavlolara; Hase, el conejo rosa gigante; micronaciones; lugares fabricados con desperdicios y otros accesibles por un corto período de tiempo…

Otros son virtuales: errores en los mapas; utilización de los Mii de Nintendo con distintos fines; el geocaching, búsqueda de tesoros, libros y otros objetos de uso cotidiano; el mapa emocional Yesterdate; Gloogle Flu Trends; God’sEye View, la vista cenital presente en cualquier lugar; contaminación real provocada por el mundo virtual; realidades aumentadas; lugares virtuales que cambian nuestra forma de ser; Daisyworld, la forma de contemplar la evolución; el mundo virtual de World of Warcraft; vértices geodésicos; el lugar más feliz del mundo; los bancos de tiempo…

Otros son subterráneos: el sótano de las golondrinas; cuevas y túneles; el agujero más profundo de la Tierra; Sala de Sarawak, la cámara subterránea más grande del mundo; el increíble lago Baikal, que alberga un cuarto de las reservas mundiales de agua dulce; Coober Pedy, el pueblo subterráneo; granjas subterráneas; las fascinantes y peligrosas alcantarillas; el tesoro profundo de la isla del Roble; hormigueros humanos, en China y otros países…

Otros, y aquí llegamos al terror viajero, están malditos: imanes para las catástrofes naturales; otros donde el Sol puede calcinarte; otros con características metereológicas especiales; árboles asesinos; carreteras malditas o mortales; rutas peligrosas; autopistas desérticas; minas de azufre donde llueve ácido; bombardeos; Australia, el país letal; colinas de chocolate; lugares que atraen a suicidas; parques temáticos macabros; sitios con mutantes; casas encantadas por nuestro cerebro; Winchester Mystery House, la casa diseñada para volver locos a los fantasmas; osarios; turismo para morbosos; ciudades catastróficas…

Otros son mágicos: lugares muy remotos; Thorpeness, Portmeirion, Carmel y Solvang, los pueblos de cuento de hadas; Rothenburg, el pueblo de Navidad perenne; laberintos y lugares místicos; Skara Brae, el poblado neolítico mejor conservado del mundo; cementerios de barcos y aviones; enormes cables submarinos; Angkor Wat, el mayor complejo religioso del mundo; pirámides chinas; los castillos de Gondar; minas y desiertos de sal; el Jardín de la Especulación Cósmica; Las Pozas, el jardín psicotrópico; el Sculpture Garden, de Bruno Torfs; las casi imposibles Secuoyas; la seta de la miel y el Árbol de la Vida; Hosen-Ji, el árbol que sobrevivió a una explosión nuclear; los extraños baobabs; Sangre de Dragón, el árbol que sangra; Dead Vlei, el bosque petrificado; rocas que se mueven solas; la roca más grande del mundo; la Cueva de Waitomo, el hogar de los gusanos luminosos; la Cueva de la Flauta de Caña, una capilla Sixtina natural; Islandia: la tierra del hielo y el fuego; la lluvia roja de Kerala…

Otros, finalmente, son lugares que fueron y ya no son: la calle hippie Claremont Road; el puerto de Alejandría que dejó de existir; Aldea Potemkin; Kowloon, una ciudad muy compacta; proyectos tofu: edificios muy blandos; las inútiles carreteras de madera; atlas de nombres verdaderos…

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