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Anthony Fauci: «En sida hay dos desafíos: desarrollar una vacuna eficaz y hacerla accesible»

Redacción
Recuerda sus primeros años de trabajo como "años oscuros en los que la mayoría de sus pacientes de VIH morían en unas semanas", pero Anthony Fauci (Nueva York, 1940) es un hombre enérgico que cree posible conseguir una vacuna eficaz contra el sida. El cierre de la Administración de su país le ha impedido asistir al congreso internacional Aids Vaccine 2013 que hoy comienza en Barcelona, pero ha atendido a los medios por teléfono.

¿Lo sabemos todo sobre cómo el virus del sida destruye las defensas?

Conocemos bastante bien este proceso gracias al gran trabajo de investigación que se ha hecho hasta hora para entender cómo el VIH destruye el sistema inmune del cuerpo y enciende la mecha para comenzar la infección. De hecho, probablemente sepamos más sobre el VIH que de cualquier otro virus debido a los años y años de estudio que se han llevado a cabo desde su aparición.

¿Cree que seremos testigos de una generación libre de sida?

Es muy difícil de predecir, pero vamos en la dirección correcta. En los últimos años, con los tratamientos disponibles y la prevención, se ha producido de forma global un descenso significativo en el número de nuevas infecciones y muertes por VIH. Por eso, la curva de la epidemia está empezando a desviarse hacia abajo. Ahora, cuándo alcancemos el punto de una generación libre de sida dependerá de cuántos esfuerzos pongamos en implementar los programas de tratamiento y prevención que sabemos que son efectivos.

¿Una vacuna será la única forma de pararlo?

Nos ayudaría mucho contar con una vacuna, que supondría una contribución mágica para acabar con el VIH. Se trata de una herramienta fundamental para tener un control duradero, entendiendo ‘control’ como fin permanente de la enfermedad. Pero incluso sin ella estamos haciendo excelentes progresos.

¿Cuáles son los pasos para que el sida deje de ser una pandemia y se convierta de verdad en una enfermedad crónica?

Por un lado, hay que reducir radicalmente los casos de nuevas infecciones. El siguiente paso sería identificar a quienes están infectados para tratarlos, con dos grandes objetivos: salvar sus vidas y disminuir la probabilidad de nuevos contagios, puesto que el tratamiento disminuye la carga de virus en el cuerpo. También deberíamos estar seguros de que todas las mujeres embarazadas están siendo tratadas y que continúan el tratamiento después del parto para prevenir la transmisión madre-hijo al nacer y durante la lactancia. Estos pasos nos llevarán a una generación libre de sida.

¿Cuáles son las mayores diferencias entre los países enriquecidos y los que no se encuentran todavía en esa situación económica?

La mayor brecha es la accesibilidad. Por eso, cuanto más programas implementemos para tratar y prevenir la enfermedad, antes acabaremos con la pandemia. Hace años, antes de que estuviera vigente el Plan Presidencial de Emergencia para Alivio del SIDA –el más importante para suministrar fármacos en países de ingresos bajos y medios–, junto con el Fondo Mundial de lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria, muy pocas personas recibían terapia.

Pero la situación actual será más esperanzadora…

Sí. Ahora, en 2013, hay aproximadamente 10 millones de personas en estos países que reciben algún medicamento antirretroviral. Pero todavía queda una brecha de implementación. Tenemos los fármacos, pero todavía se necesita que los países en desarrollo mejoren su ejecución de los programas.

¿Cuáles serían los principales obstáculos para conseguir que la vacuna fuera universalmente accesible?

Lo primero es conseguir la vacuna. Creo que lo conseguiremos porque en los últimos años se han hecho considerables progresos para entender sus claves, pero será complicado y nos llevará tiempo. Una vez que la tengamos, nos encontraremos con los mismos problemas para hacerla accesible a las personas que la necesiten, pero con suerte tendremos suficientes recursos para distribuir la vacuna del VIH de la misma forma que se hizo, en una comunidad global, con la vacuna de la polio o la de la viruela. Así que hay dos desafíos por delante, desarrollar una vacuna segura y eficaz y hacerla accesible para todo el mundo.

¿Qué puede decir de los pacientes ‘curados’?

Es importante darse cuenta de que la curación va a ser un problema complicado. Estos casos no se han dado en el tipo de persona que hubiéramos deseado, porque se curaron bajo medidas realmente extraordinarias, que no son factibles, como el trasplante de células madre. Así que todavía queda por delante un gran trabajo científico para conseguir la cura

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