sábado,4 diciembre 2021
Espacio euroiberoamericano de diálogo sobre la innovación social, profesional y académica
InicioOpiniónAntisistema. Desigualdad económica y precariado político
José Fernández-Albertos | Catarata | págs 144

Antisistema. Desigualdad económica y precariado político

Redacción
La creciente desigualdad de nuestros dias causa precariados económico y políticos, pues muchos afectados se ven incapaces de conseguir que el sistema defienda sus intereses. Con la ayuda de abundantes datos sobre votantes y partidos procedentes de diferentes contextos nacionales, este libro disecciona los mecanismos a través de los cuales nuestras democracias generan estos precarios políticos, reflexiona sobre las implicaciones de estos procesos y propone ideas para combatir estas dinámicas.

¿Qué está fallando en nuestras democracias para que las propuestas rupturistas sean tan atractivas?, se pregunta en este libro José Fernández-Albertos, quien defiende que las causas primarias son de tipo económico, y que están relacionadas con las transformaciones que están alterando el funcionamiento de nuestras economías y sociedades, y con la distribución del bienestar entre individuos, regiones y grupos sociales.¿Cuáles son las causas del éxito de los nuevos partidos antisistema? ¿Por qué muchos ciudadanos se sintieron atraídos por Trump, votaron a favor del Brexit y dan en Europa su apoyo a nuevas fuerzas políticas contestatarias?

Ya desde la introducción el autor descarta también los argumentos simplistas de tipo político, al indicar que son también problemáticos los tres criterios habituales para clasificar a los partidos como populistas: el antielitismo, una especial dificultad para convivir con el pluralismo político y el rechazo a la existencia de poderes contramayoritarios (Poder Judicial, prensa, organismos independientes…) que limiten o modulen el ejercicio del poder a las fuerzas políticas que ganan las elecciones.

Respecto al primero de ellos, aunque haya diferencias de grado, dice que la animadversión hacia las elites es casi universal en todos los movimientos políticos que nacen con la aspiración de representar preferencias que, a su entender, no están siendo tenidas en cuenta por el sistema político existente.Partidos que hoy en absoluto clasificamos como populistas, como los socialistas que irrumpieron en los sistemas políticos occidentales a finales del siglo XIX o los partidos ecologistas que aparecieron en algunos países de la Europa occidental en el último tercio del siglo XX, tenían como parte central de su discurso el rechazo a las elites políticas del momento, a las que hacían responsables de la incapacidad de los sistemas políticos para canalizar las demandas de las nuevas realidades sociales.

El segundo criterio que se usa para definir el populismo es el de enfrentarse con el pluralismo político. Aunque es cierto que los nuevos movimientos y candidatos a los que se aplica la etiqueta de populistas suelen abrazar un discurso que tiende a desdibujar los conflictos de intereses dentro de los diferentes grupos e individuos que constituyen “el pueblo”, esta es una patología que tampoco sirve para discriminar de manera clara entre partidos, pues también los “no populistas” rehúyen de la aceptación explícita de que representan únicamente a ciertos segmentos de la sociedad: no hay partido que renuncie a representar a los obreros, las empresarias, los estudiantes, los jubilados, las mujeres, las trabajadoras cualificadas, los desempleados o los residentes en zonas rurales. En cierto sentido, todos los partidos son hoy partidos atrapalotodo, es decir, tratan de resultar atractivos a todo tipo de votantes y defienden que sus propuestas son beneficiosas para todos los estratos sociales.

Pero igual que nadie cree que estos partidos atrapalotodo son necesariamente hostiles a que existan fuerzas políticas adversarias que representen legítimamente otros intereses, Fernández-Albertos cree que sería igualmente erróneo deducir de las frecuentes apelaciones a la transversalidad en el discurso de los nuevos movimientos políticos una animadversión intrínseca hacia el pluralismo político. Se podría incluso argumentar a partir de la corta experiencia de algunos de estos nuevos movimientos que no han sido particularmente hostiles a la colaboración con las fuerzas tradicionales.

Por poner ejemplos de movimientos clasificados como “populistas” pero con ideologías totalmente opuestas entre sí, en España Podemos y sus aliados alcanzaron las alcaldías de las principales ciudades del país gracias al entendimiento con el PSOE, en Noruega los “populistas” de derecha del Partido del Progreso forman parte de un Gobierno de coalición liderado por los conservadores, y en Italia el Movimento Cinque Stelle está negociando con algunos de sus competidores electorales la formación de un Gobierno de coalición.

El tercer elemento definitorio de la supuesta ideología populista es el rechazo a la existencia de límites institucionales al ejercicio del poder por los que gozan del apoyo popular. Aunque es cierto que la crítica a la excesiva influencia de poderes no democráticamente elegidos (instancias supranacionales, agencias reguladoras independientes, poderes económicos y mediáticos no fiscalizados en las urnas…) suele formar parte del discurso de estos nuevos movimientos políticos, el que haya una considerable variación en la intensidad y centralidad de estos argumentos en sus programas políticos podría poner en cuestión en qué medida es este criterio suficientemente discriminador para diferenciar partidos populistas y no populistas.

Más allá de su retórica, es pronto para evaluar cómo se comportan ante estos límites institucionales al ejercicio del poder una vez que logran representación y comienzan a hacer política institucional, y si hay un patrón general entre todos estos movimientos que los diferencia con claridad de los partidos tradicionales. En todo caso, conviene no olvidar que el caso más flagrante de enfrentamiento abierto (y lamentablemente exitoso) de un Gobierno contra las instituciones contramayoritarias en nuestro contexto más próximo es el del Gobierno húngaro de Viktor Orbán, líder de un partido que hasta hace bien poco se incluía dentro de la familia liberal-conservadora y que, aún a día de hoy, a pesar de su explícito rechazo a la democracia liberal, forma parte del Partido Popular Europeo.

Los argumentos que muestra el autor  en los siguientes capítulos acerca de la emergencia de los movimientos que llamo “antisistema” hacen muy plausible la hipótesis de que al menos en parte las derivas antiliberales que estamos observando en la actualidad tengan también similares causas, pero creo que es un fenómeno que ni está circunscrito a los nuevos actores políticos, ni sirve para caracterizarlos de manera nítida respecto al resto. Los 6 capítulos son:

Capítulo 1. Corrosión de la democracia y precariado político en el cinturón industrial de américa 

Capítulo 2. Las causas del voto antisistema: ¿declive económico o cambio cultural? 

Capítulo 3. Nuevas desigualdades y precariado político 

Capítulo 4. Nuevos obstáculos: la compleja gobernanza de las democracias contemporáneas 

Capítulo 5. Precarios políticos, preferencias y voto antisistema en europa 

Capítulo 6. Convivir con el nuevo precariado político: una mirada de largo plazo

José Fernández-Albertos es investigador permanente en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC. Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Harvard, licenciado en Ciencias Políticas y miembro del Instituto Juan March, sus trabajos de investigación, en la intersección de la economía política y la política comparada, han sido publicados en varias revistas internacionales. En español, ha

 

.

De interés

Artículos Relacionados