domingo,24 octubre 2021
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Así será el futuro de la humanidad, según el MIT

Redacción
Imagine a world without malaria. It could happen. Scientists today have come up with a way to genetically modify mosquitos so that they no longer carry the deadly disease. But should they? Kevin Esvelt, an assistant professor at the MIT Media Lab, who runs the Sculpting Evolution Group, spoke about the potential impacts of this new […]

Imagine a world without malaria. It could happen. Scientists today have come up with a way to genetically modify mosquitos so that they no longer carry the deadly disease. But should they?

Kevin Esvelt, an assistant professor at the MIT Media Lab, who runs the Sculpting Evolution Group, spoke about the potential impacts of this new technology, referred to as gene drives, at the Dec. 3 Future of People conference at the MIT Media Lab. Gene drive systems get their name from their ability to drive the preferential inheritance of a genetic modification throughout the genome of a target species. In other words, after enough generations have passed, the new gene becomes pervasive in the genome of the target species. The genetic modification to mosquitos could prevent them from carrying malaria.

What about using gene drive technology to modify the human genome? That’s possible, experts at the conference said.

Esvelt spoke on a panel entitled “The Future of the Human Body,” along with Aubrey de Grey, chief science officer of the SENS Research Foundation, and Antonio Regalado, senior editor for biomedicine at MIT Technology Review.

The technology is enabled by the gene-editing system CRISPR, which allows scientists to easily and quickly remove, add, or alter parts of the DNA sequence. What should society do with this technology? If someone accidentally releases a gene drive and there are unintended consequences, public trust in the scientific community would erode, Esvelt said.

Scientists working in these fields need to share their ideas and research proposals before the experiments even begin, said Esvalt, who has cautioned about the moral implications of gene drives.

Designer babies

Several years ago in a series of articles, MIT Technology Review examined “engineering” the human race, which added to the debate on whether it would be acceptable to genetically modify people, said Regalado.

Just last year, the organizing committee for the International Summit on Human Gene Editing released a statement that encouraged basic research but said it would be “irresponsible” to make genetically modified humans now. A follow-up, comprehensive consensus study is now underway and is expected to be completed early next year.

Panel moderator Steve Fuller, a sociology professor at the University of Warwick, asked the panelists how these developments are related to the controversial topic of eugenics.

Esvelt pointed out that the early eugenics movement forcibly sterilized innocent people. They didn’t have a choice. And, it’s why Esvelt has worked on developing the “daisy drive,” a limited function version of a gene drive that does not go on indefinitely.

“We have this daisy drive concept where the drive system loses an essential element every time it gets copied. And, when it runs out, it stops. So if you are making a change to an incredibly complex system that we do not understand—and that applies to the human body … you are not going to be able to reliably anticipate all of the consequences and side effects, so you should start small.”

Asked for the need to develop policies governing gene editing in humans, Esvelt replied that the closest we will come to controlling the genes of our offspring will be using genetics to pick which embryos will be implanted in an in vitro fertilization procedure. “We are almost certainly not going to use CRISPR to edit the human genome at all,” Esvelt said.

Regalado agreed and said, “You use the word eugenics … and it is a bad word … but as soon as we do eugenics and we like it, we don’t call it that anymore,” he said.

The intersection between science and technology and how it will affect mankind can be frightening, but not moving forward is not a choice, said keynote speaker and author David Brin. Human beings have already gone through several iterations of augmentation, such as using glass lenses to improve vision. Genetically altering human beings “terrifies” many, as does artificial intelligence and the potential for a “robotics crisis,” Brin said.

But choosing not to proceed with augmentation and technology is far worse, he said, but any work considered should be conducted with openness.

“We need to show that we are aware of the dangers and the one way in which we can deal with them is transparency [and by] keeping all the discussion open and above the board and inspecting all the dangers ahead of time,” Brin said.

En una entrevista publicada en 1935, el célebre inventor Nikola Tesla vaticinaba que en el siglo XXI, "los robots tomarán el lugar de la mano de obra esclava de las civilizaciones antiguas […] liberando a la humanidad para perseguir aspiraciones más elevadas”. Si bien Tesla realizó numerosas predicciones de este tipo, unas más acertadas que otras,- no cabe duda que la capacidad de visualizar el futuro y planificar nuestras acciones es una característica que nos define como especie, casi tanto como los pulgares oponibles o el lenguaje.

En todos los paneles predominó una visión optimista y tecnocrática en la que la medicina preventiva, la ingeniería genética y la tecnología de la información serían las grandes protagonistas y principales fuentes de progreso

Siguiendo este espíritu de predicción y planificación, el pasado sábado se celebraba la conferencia titulada The Future of People (el Futuro de la Gente) en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT por sus siglas en inglés), en Boston (EE UU). Durante casi doce horas de paneles y charlas, más de treinta científicos, ingenieros, inversores, periodistas, sociólogos y emprendedores analizaron las tendencias en sus respectivos campos para imaginar cómo será la humanidad del futuro.

Los distintos paneles se organizaron temáticamente para tratar el futuro del cuerpo y la mente humana, la sociedad y el trabajo. En todos ellos predominó una visión optimista y tecnocrática en la que la medicina preventiva, la ingeniería genética y la tecnología de la información serían las grandes protagonistas y principales fuentes de progreso.

Algunos de los ponentes destacaron por la audacia de sus predicciones. Aubrey de Grey, experto en medicina regenerativa, predijo que en el año 2050 la esperanza de vida se extenderá hasta los 150 años gracias a la medicina preventiva, a la que comparó con el mantenimiento intensivo de un coche clásico. Por su parte Jaron Lanier –a quien se le atribuye la invención y popularización del término realidad virtual– animó a perder el miedo a la inteligencia artificial aduciendo que esta se encuentra muy lejos de poder superar al intelecto humano. El bioquímico Kevin Esvelt aseguró que en poco tiempo la ingeniería genética permitirá erradicar enfermedades que afectan a millones de seres humanos, como la malaria, gracias a la modificación de las especies que las transmiten. Otras predicciones apuntaron a los avances en ingeniería genética para posibilitar la eliminación de enfermedades hereditarias y como elemento clave para la exploración espacial y la colonización de Marte.

El inventor del término "realidad virtual" anima a perder el miedo a la inteligencia artificial, porque se encuentra muy lejos de poder superar al intelecto humano

Sin embargo, tanto los moderadores de los debates como el propio público se mostraron mucho más escépticos y precavidos. Gracias a sus preguntas, tras cada sesión se estableció un debate mucho más anclado en la realidad en el que se abordaron cuestiones controvertidas como el acceso universal a los adelantos en salud y los beneficios de la tecnología, la preocupación por la pérdida de empleos debido a la automatización o los riesgos de la aparición de una nueva eugenesia que lleve en última instancia a violaciones de los derechos humanos.

Este tira y afloja entre el optimismo desbordante y el miedo a lo desconocido estuvo presente desde la charla de apertura por parte del escritor David Brin, quien atribuyó el auge del negacionismo científico entre los ciudadanos más conservadores a la falta de dialogo social. Según Brin, corresponde a los progresistas “dirigirse a sus conciudadanos y hablar amistosamente con ellos utilizando sus mismas referencias culturales para aliviar su miedo a la ciencia”.

Cerrando la brecha generacional

La conferencia fue organizada por estudiantes de la Sloan School of Management (la escuela de negocios de MIT), patrocinada por Openmind y dirigida por Lea Peersman Pujol, una estudiante española de MBA en dicha escuela. Según Peersman, su objetivo al idear este encuentro era dar voz a los jóvenes para que puedan participar y tomar un papel activo a la hora de definir su propio futuro.

Una parte importante del evento quedó en manos de los más jóvenes para que pudieran expresar sus preocupaciones y expectativas

Por este motivo, una parte importante del evento quedó en manos de los más jóvenes para que pudieran expresar sus preocupaciones y expectativas. Un ejemplo fue el denominado Fastforward Challenge, un ejercicio de imaginación en el que se invitó a los participantes a visualizar su vida en cuestión de salud, trabajo, movilidad y energía en el año 2050.

Para cerrar el evento se cedió el escenario a una decena de emprendedores y jóvenes profesionales menores de 35 años quienes presentaron sus proyectos y start-ups en áreas tan diversas como las energías renovables, bioingeniería y el arte. Estos pioneros pusieron de manifiesto durante su intervención que la edad no es una limitación cuando se cuenta con talento y ganas de trabajar en un entorno capaz de estimular el emprendimiento.

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