sábado,16 octubre 2021
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Atender, hablar, telefonear, visitar a personas mayores que viven solas

El Envés
¿Por qué no colaboramos en Organizaciones como el Teléfono de la Esperanza para atender, visitar, escuchar, saludar, sonreír y ofrecernos para pequeños servicios a mayores q viven solos?

Hace 11 años que Aurita recibió una formación en Teléfono de la Esperanza en León y, desde entonces, no ha dejado de poner su escucha al servicio de los demás. “A mi el voluntariado me ha aportado todo en la vida”, cuenta.

 

A lo largo de los últimos 11 años, ha levantado el teléfono para escuchar a miles de personasDe entre todos, a ella le preocupa especialmente el estado de las personas mayores. “Antes era más fácil ver a distintas generaciones conviviendo, en los pueblos pero también en las ciudades, ahora a la persona mayor se le arrincona y ellos acaban sintiéndose desplazados”.

 

Y desde ese rincón al que les empujamos, los ancianos acaban sufriendo la soledad. “Lo ves indefensos, solos, cuando lo han dado todo por los demás…Se te parte el corazón”. 

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“No es fácil recibir llamadas de personas mayores porque no tienen la misma energía para buscar ayuda”, explica. Por eso, hace tres años y con la colaboración del Ayuntamiento de León, mandaron cartas a todos los hogares para que, las personas mayores que se encontraban solas, pudiesen recibir las llamadas del Teléfono de la esperanza.

Desde entonces, un grupo de 10 voluntarios se dedican a llamar cada semana a cerca de un centenar de mayores de la ciudad de León. “A veces les llamamos más de una vez a la semana, cuando sabemos que tienen una cita en el médico o que están pasando por un mal momento. No te puedes imaginar el efecto que tiene una palabra de ánimo”, explica. 

Después de un tiempo, decidimos ir más allá y empezamos a organizar encuentros periódicos entre los grupos de mayores que forman parte del programa. “En esos espacios se abren un montón a compartir con los demás como se sienten y entonces pensamos que estaría bien darles talleres de autoestima”, cuenta Aurita.

“Recuerdo que en uno de esos encuentros, un hombre mayor se acercó para despedirse y nos dijo: “Desde que empezasteis a llamarme, me cambiasteis la vida”. Para mi, aunque solo fuera por una sola persona a la que podamos ayudar así, todos estos años como voluntaria merecen la pena”.

En Teléfono de la Esperanza trabajamos para mejorar la salud emocional de las personas, especialmente de aquellas que se encuentran en situación de crisis. Llevamos 48 años descolgando el teléfono para escuchar y acompañar.

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