martes,7 diciembre 2021
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Ciudadanos o súbditos

Goliardos s.XXI
A pesar de comprobar lo mal que funcionan muchos demócratas (mejor dicho falsos demócratas), tenemos que afirmar que el sistema democrático es el mejor de los sistemas existentes. Realmente mi preocupación por el tema me llevó a repasar mi biblioteca y a los autores que habían tratado dicho tema, el funcionamiento de la democracia, desde un análisis crítico.

Y en el repaso de mi bloc de citas y apuntes, me encontré con un autor, que debería ser de estudio obligatorio en las escuelas e institutos: Alexis de Tocqueville, en especial su obra titulada La democracia en América.

Leemos y vemos, todos los días, en los medios de comunicación una serie de noticias que nos hacen reflexionar sobre la aplicación de la Justicia. Resalta, sobre todo, la tremenda desigualdad en el trato que se da a los distintos ciudadanos por parte de la justicia. Como creo que decía Anasagastra: “La justicia es como una tela de araña. Los bichos grandes y gordos la atraviesan, los pequeños  quedan atrapados y son devorados por la araña”.

¿Cómo se puede llevar a la cárcel a una madre que encontró una tarjeta y se gastó unos pocos euros en comida para su bebe? Mientras que, por otro lado, siguen disfrutando de libertad muchísimos atildados y circunspectos ciudadanos, que en realidad son una caterva de  “chorizos” y estafadores que se han aprovechado de la inocencia de muchos ciudadanos.

Como poetizaba nuestro Bartolomé Leonardo de Argensola, en su obra titulada Epigramas: “Si vos pretendéis que venga/ a ser tan gran necio el mundo/ que por vuestra barba luenga/ por filosofo profundo/ sin otro argumento, os tenga: / mirad que dais ocasión/ a que ya cualquier cabrón, por la barba que cría/ aspire a ser algún día/ otro Séneca o Platón”. Por desgracia, en nuestra sociedad actual no se persigue al engañador, sobre todo si éste es un engañador social, pues como decía  Pío Baroja en Memorias de un hombre de acción: “A una colectividad se le engaña siempre mejor que a un hombre”.

Es terrible comprobar, en las secciones de los periódicos dedicados a la justicia, las grandes diferencias existentes en las sentencias judiciales, según sea a quién se le aplica la ley. De alguna forma con este comportamiento estamos llevando a la sociedad a la Edad Media, en la que unos tenían unos derechos distintos a otros.

Ya afirmaba en su maravillosa obra Tocqueville la nueva gran sutileza existente en las falsas democracias cuando afirmaba que: “Ya no te persiguiéremos por pensar de forma distinta, ya no te meteremos en la cartel, ni nos incautaremos de tus bienes, pero has de ser consciente, que no eres uno de los nuestros”… y la democracia está pensada para los que son como nosotros, a los otros les aplicaremos la interpretación de las leyes, según nuestra conveniencia.

Parece que se quiere vislumbrar un proceso de verdadero igualitarismo judicial, pero por desgracia, aún está lejos en la mayoría de los casos.

Es muy largo el camino que nos queda por recorrer para llegar a la meta de la democracia verdadera, en la que la administración, o mejor dicho, los administradores apliquen con imparcialidad y justicia las reglas y leyes que nos elevan de súbditos a ciudadanos.

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