miércoles,26 enero 2022
Espacio euroiberoamericano de diálogo sobre la innovación social, profesional y académica
InicioOpiniónConversaciones con Luca Paciolli: Venecia 1470

Conversaciones con Luca Paciolli: Venecia 1470

Futurolandia
Una entrega más de los viajes imaginarios del periodista Larry Newsletter, en este caso a Venecia en 1470,con la intención de poder conversar con Luca Pacioli, considerado como precursor de la moderna contabilidad.

 A mi llegada a Venecia, Italia está dividida en múltiples Estados.  La Iglesia de Roma está perdida en una de sus mayores crisis morales, con los Borgia y Paulo II como Papa en aquel momento.En el resto de Italia, Lorenzo de Médicis, el Magnífico, gobierna en Florencia y Toscana. El entonces amplio reino de Nápoles, así como Sicilia, están bajo influencia de la corona de Aragón tras la victoria de Alfonso V frente a franceses y genoveses. La República de Venecia controla la mayoría de ciudades en un radio de 170 Kms. a partir de la plaza de San Marcos, como Verona, Bolonia o Ferrara, así como las islas de Corfú, Chipre y Creta.

¡Era verdad lo que había escrito un embajador francés en su visita a la Venecia de esos tiempos!

“Escoltado por veinticuatro gentilhombres vestidos de escarlata fuí llevado por la calle principal, que ellos llaman el Gran Canal y es tan ancha que, con frecuencia, las galeras se cruzan entre sí; y yo mismo he visto embarcaciones de cuatrocientas toneladas o más ir a anclar junto a las casas. Es la calle más bella y mejor construida del mundo, en mi opinión, y atraviesa toda la ciudad; las casas son muy grandes y altas, y hechas de piedra; las viejas están todas pintadas; las que se remontan a los cien años están recubiertas de mármol de Istria con incrustaciones de pórfido y serpentina. En el interior tienen muchas de ellas dos cámaras, al menos, adornadas con techos dorados, chimeneas de ricos mármoles, camas y portales asimismo dorados, y están lujosamente amuebladas. En suma, es la ciudad más admirable que he visto nunca, la más respetuosa para todos los embajadores y extranjeros, gobernada con la mayor sabiduría, y sirve a Dios con la mayor solemnidad”.

Hace ya años que en esta Ciudad-Estado se dominan las más refinadas técnicas de decoración, se fabrican gafas o relojes de arena con la técnica del soplado de vidrio, se producen brocados de terciopelo multicolor con hilos de oro y plata, se ha creado un auténtico mercado de títulos públicos y, en particular, de préstamos obligatorios con pago regular de intereses. Entre la ciudad de Venecia, Creta, Chipre, Jonia, Dalmacia y otros territorios de tierra firme e islas, el imperio veneciano superaba los dos millones de personas y se mantenía como una gran potencia económica de finales del siglo XV, aunque se enfrentaba a una competencia creciente en las rutas marítimas occidentales hacia Inglaterra o Flandes

El Estado intervenía prácticamente en toda la vida social y económica de la República veneciana. Las principales familias, que sustentaban la economía, eran parte del propio Estado; los gremios estaban también dirigidos desde el poder central, con lo que sus jefes se convertían en responsables de la observancia de las disposiciones gubernamentales; el Estado era propietario de diversas empresas, entre las que destacaba sus propios astilleros; elegía los obispos y mantenía a la Iglesia al margen de las instituciones de poder.

Con una terminología económica más moderna, podría decirse que era una economía de mercado pero con muy alta intervención pública. Se ha llegado a decir que “todos los comerciantes nobles de Venecia operaban como una gran compañía, cuya junta de directores era el Senado”.

Una ventaja importante para mi misión de periodista era saber lo que mi entrevistado iba a hacer en los años siguientes. Cuando le vi en Venecia tenía veintiséis años y acababa de escribir su primer libro de aritmética. De escribir, no de publicar, ya que faltaban algunos años para que la imprenta difundiera este tipo de obras en Venecia.

Aunque había nacido en Sansepolcro, un pequeño pueblo del centro de Italia, cerca de Perugia, desde hacía unos años vivía en Venecia, donde había entrado al servicio de un rico comerciante, Antonio Rompiansi, con la doble misión de ayudar en sus negocios y hacer de tutor de sus tres hijos.

Más tarde recorrería Italia. Primero fue a Roma donde estudió teología y entró en la orden franciscana. Después enseñó en las Universidades de Perugia, Nápoles y Roma. Retornó en 1489 a su pueblo natal, donde escribió su libro más famoso, la Summa de aritmética, geometría, proportioni et proportionalitá, dedicada al duque de Urbino y publicada cinco años más tarde por una imprenta en Venecia. Incluía, en sus 600 páginas escritas en italiano de la época, un tratado de aritmética, elementos de álgebra, una tabla de monedas, pesos y medidas, un resumen de geometría euclidiana y su conocido método de contabilidad por partida doble.

En 1496 entró al servicio de Ludovico Sforza, duque de Milán, coincidiendo con Leonardo da Vinci, con el que le unió una gran amistad y frecuentes intercambios de conocimientos. En aquél período escribió, su segundo libro más conocido, Divina proportione, que fue ilustrado por Leonardo.

Hombre inquieto, Luca no podía quedar mucho tiempo en un solo sitio. Tuvo estancias diversas en Mantua, Pisa y Florencia, donde, en 1506, fue elegido superior de la Orden en Romagna. En 1514, ya con setenta años vuelve a Roma y dos años más tarde muere en su pueblo natal de Sansepolcro, trabajando en un nuevo libro de problemas y proverbios en el que también colaboró Leonardo.

Para entender la importancia de su obra, es preciso trasladarse a unos tiempos en que los comerciantes llevaban sus cuentas mediante apuntes sueltos, con pequeños recordatorios del ingreso o pago realizado, y en que las operaciones matemáticas más elementales eran desconocidas por el público en general. Se sabe que en aquella época diversas ciudades italianas tenían escuelas para la enseñanza de operaciones aritméticas útiles para los profesionales del comercio (escuelas de ábaco) . En ellas se explicaba con detalle cómo realizar, por ejemplo, una división con dividendo, divisor, cociente y resto, superando lentos y complicados procedimientos anteriores.

El módulo de realidad virtual que me tenían preparado, no sólo me situaba en la Venecia de 1470, sino que además me colocaba ya junto a Luca Pacioli, que sabía, antes de iniciar la conversación, que yo era Laureano, ahora un comerciante de tejidos de lana de Barcelona, conocido de su benefactor en Venecia.

Luca era un hombre de fuerte constitución, cara redonda, nariz pronunciada y labios finos y apretados que daban a su cara un aire de firmeza en sus convicciones.

Caminábamos, mientras manteníamos una animada conversación, por los alrededores de la Piazza San Marcos. La plaza estaba casi como se conserva en nuestros tiempos, con la iglesia, la torre del reloj y el campanile. Una animada muchedumbre deambulaba por la única zona en que esto era posible con cierta holgura. El resto era un interminable enjambre de góndolas que se movían por las serpenteantes calles acuáticas.

-Como puedes ver, Venecia es una ciudad próspera y pensamos aquí que con sus más de 100.000 habitantes (hasta 190.000 según algunos) debe ser una de las mayores del mundo.¿Cuántos ciudadanos hay en Barcelona en estas fechas?

-Sólo somos unos 25.000, debido a la crisis que estamos viviendo. Hace un siglo éramos casi el doble de habitantes.-

¿De qué crisis me hablas? -preguntó Luca con una curiosidad que debía proyectar hacia los temas más variados

-Sucesos políticos aparte, la industria textil lanera, que es clave para nuestra economía y nuestro comercio exterior, va progresivamente perdiendo fuerza. En particular los paños ingleses nos están haciendo mucha competencia y también han afectado a la producción sedera y algodonera. Estamos perdiendo mercados.

-Querido Laureano, por la confianza que tienes con mi protector, Antonio Rompiansi, puedo contarte algunos secretos de nuestro éxito: Un gobierno fuerte que nos abre mercados en el mundo entero; un crédito fácil y barato que nos permite disponer de dinero abundante; y una gestión cuidadosa de lo que debemos y nos deben.

-Por favor, Luca, para mí tiene gran interés conocer tu opinión sobre estos aspectos.

-Nuestro gobierno tiene acuerdos con toda Europa, dominamos las rutas marítimas del Mediterráneo, pero también mantenemos buenas relaciones con los turcos u otros lejanos pueblos, para los que servimos de distribuidores comerciales de sus productos.

-¿El Estado os ayuda en algo más?.

-Nuestra flota mercante es de unas 3.000 embarcaciones y 300 barcos de guerra. Anualmente se construyen unas 50 nuevas galeras, todo ello con los recursos del Estado. Los comerciantes sólo tienen que pagar un alquiler. Además es fácil obtener créditos con sólo la garantía de tu propio nombre y negocio. Y se paga un interés muy bajo, ya que nuestra moneda es muy fuerte y se utiliza en el mundo entero.

-Pero un Estado tan comprometido ¿tendrá que acudir a fuertes impuestos?.

-Por supuesto que aquí se paga por todo y casi todo está regulado. En comercio, el Estado señala las rutas, las fechas, los precios de los fletes y autoriza los precios de venta, todo ello dentro de un plan global de comercio. Cada año se acuña del orden de un millón de ducados de oro y el comercio de exportación se eleva a unos diez millones de ducados, reportando a la ciudad un beneficio de más del 20 por ciento.

-¿Y respecto a esa cuidadosa gestión de los negocios?.

-Yo digo siempre que un comerciante con éxito necesita tres cosas: dinero o crédito suficiente, unos buenos y honrados administradores y un sistema de cuentas que le permitan conocer, en cada momento, el estado de sus finanzas. Además, antes de comenzar un negocio, debería siempre hacerse un listado de todos los activos y deudas tanto personales como de la empresa.

-¿Esto tiene que ver con un procedimiento de partida doble en el que creo que eres un experto?.

-Hace ya años que estudié la propuesta de Benedetto Cotrugli, que dedica un capítulo de su libro Delia Mercatura et del Mercante Perfetto al tema de la contabilidad por partida doble.

-¿Entonces no es un invento tuyo?.

-Yo sólo me propongo divulgarlo, porque creo que es un factor de éxito en los negocios. Proporciona la seguridad de que toda operación tiene un doble apunte que sirve de control. Si yo compro una partida de seda, tendré que haberla pagado. Si posteriormente la vendo, deberé apuntar un ingreso en mi caja o un intercambio por otras partidas.

Me acordé de los muchos escándalos financieros que se han producido a lo largo de los tiempos a pesar de la partida doble, pero no era tema para discutir con un Luca Pacioli que creía con la firmeza de un converso. Así que cambié de tema.

-¿Qué opinas de la importancia de la letra de cambio?. Hace días tuve en mis manos una letra emitida en Florencia sobre Barcelona y que se transferirá a Valencia .

De nuevo se le iluminó la cara. Era evidente que había dado en otro de sus centros de interés.

-Mira, Laureano, la letra de cambio ha sido el mayor descubrimiento en toda la historia del comercio. Supone superar, de golpe, las restricciones al préstamo con usura y la desconfianza a toda operación de cambio entre monedas, evitando además el desplazamiento físico del dinero entre plazas muchas veces lejanas. Yo puedo comprar especies en la India, lana en España, tapices en Flandes y pieles en Rusia con sólo firmar una carta o letra de cambio que compromete a cambiador o banquero a pagarla en alguna plaza de garantía y a una fecha fija, elegidas de común acuerdo. El comerciante indio, español o ruso puede cobrar al instante, pagando un pequeño interés por los riesgos y trámites pendientes, dársela a un tercero (“endosársela”) como pago de otra compra o esperar a cobrar a su vencimiento.

Me quedé callado por un momento, pensando en el paso que, para el mundo de los negocios, supondrán siglo tras siglo las innovaciones financieras:

-Luca, he oído que aquí en Venecia se ha extendido el «contratto di commenda», en que cualquier ciudadano con recursos puede participar en una operación de comercio internacional, compartiendo riesgos con el comerciante y con otros partícipes.

-Así ha sido durante mucho tiempo: la tradición viene ya de finales del siglo XIII. El sistema consiste en una participación en el negocio, en que los partícipes asumen los posibles riesgos de pérdidas y, a cambio, reciben las tres cuartas partes de los beneficios. De hecho muchos patrimonios importantes se componían de cientos de cartas de «commenda».

-Entonces, Luca, formaban una especie de sociedad de intereses a término fijo, con riesgo limitado a la cantidad de dinero entregada.

-De hecho ahora ya lo habitual es constituir una «compagnia», inicialmente entre familiares, pero en que no es extraño admitir la aportación de dinero de todo tipo de personas, para participar así en los resultados de los negocios que se vayan realizando.

-Creo que es una idea con futuro -comenté, mientras pensaba en lo admirado que quedaría mi interlocutor si pudiera conocer lo mucho que darían de sí las sociedades por acciones.

Llevábamos un par de horas dando vueltas a la Plaza de San Marcos y a sus alrededores. Luca me llevó a la zona más cercana al Gran Canal para que viese un espectáculo típico conocido en el mundo entero: el Dux salía al mar en un navío especial, el Bucentauro, un barco en forma de tabernáculo, pintado, recubierto de oro, orlado con colgaduras de seda y movido por trescientos remos, a la vez que tronaban los cañones y sonaban las trompetas, anunciando tan magno acontecimiento. Sólo quise hacerle una pregunta más, aunque ya imaginaba la respuesta.

-Luca, ¿te sientes orgulloso de ser veneciano?.

-Me siento complacido con ser súbdito de la República de Venecia, pero me considero un ciudadano del Mundo. Como también estoy orgulloso de saber aritmética y poder aplicarla al comercio, sin renunciar por ello a placeres mayores como el arte y la literatura.

  https//twitter.com/PsrA

De interés

Artículos Relacionados