miércoles,6 julio 2022
Espacio euroiberoamericano de diálogo sobre la innovación social, profesional y académica
InicioSociedad, Política y SostenibilidadPolíticas y ODSCrónica de un curso marcado por el desarrollo de la LOU y...
LOU

Crónica de un curso marcado por el desarrollo de la LOU y la guerra de Irak

El Mundo
Tras estas tres letras se oculta el terremoto que ha sacudido los cimientos de la enseñanza superior en España: La Ley Orgánica de Universidades. Finalizado el curso, es momento de hacer balance y analizar lo sucedido durante el primer año de la polémica ley introducida por Pilar del Castillo.

A estas alturas del curso, pero hace justo un año, la Universidad española acababa de sobrevivir a duras penas al irrefrenable huracán LOU —Ley Orgánica de Universidades—, un fenómeno sísmico de alta intensidad que había hecho temblar aulas, rectorados, departamentos y, por supuesto, las calles de las principales ciudades españolas. Además, quedaba una duda en el aire: cómo se sacudirían nuestros campus la resaca dejada por la ley que había cambiado de raíz muchos de sus fundamentos.

Pues bien, esa duda ya tiene respuesta. El curso 2002-2003 también quedará ligado, en la memoria y los archivos, a la agitación provocada por el ataque de los países aliados sobre Irak. Movilizaciones masivas, comunicados respaldados por todos los colectivos y protestas devolvieron a la Universidad española el papel que, sobre el papel, le corresponde como motor intelectual y social en cualquier democracia.

Movilización en la calle

Principalmente, fue en marzo cuando los universitarios españoles protagonizaron esta convulsión, aunque ya en noviembre el sismógrafo de CAMPUS ya había registrado temblores hacia finales de octubre. La Ley de Calidad (LOCE), la otra polémica legislación gestada por la ministra de Educación, Pilar del Castillo, causó un terremoto de baja intensidad, debido a que su epicentro estaba situado en las enseñanzas medias.

Aún así, las principales asociaciones estudiantiles —y otros colectivos de profesores y padres de alumnos— se sumaron a una huelga general convocada para el pasado 29 de octubre.

Apaciguados los ánimos, la Universidad decidió recobrar energías y acabar el año 2002 en calma para afrontar con ánimos renovados los grandes retos que había sembrado la LOU para los primeros meses de 2003.

En febrero, por ejemplo, cobraba importancia un órgano hasta entonces poco conocido, la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA). Su creación marcaba el comienzo de uno de los procedimientos que, según la ley, deben asegurar la calidad de nuestros centros y titulaciones: la evaluación del profesorado universitario.

También en esto hubo alguna borrasca en la recta final del curso, ya que Comisiones Obreras denunció la falta de objetividad mantenida por la agencia encabezada por Ismael Crespo en la evaluación del profesorado.

Otra de las funciones de la ANECA, la de controlar la calidad de los centros y las titulaciones ha dado una importante vuelta de tuerca a nuestros mecanismos universitarios. Para recibir financiación ya no bastará con aglutinar al mayor número de alumnos y echarse a dormir. A partir de ahora, la clave estará en la llamada acreditación de la calidad, que ha obligado a las universidades a ponerse las pilas y firmar contratos programa con sus escuelas y facultades para intercambiar euros por excelencia.

Seísmos de mayor o menor intensidad a un lado, los dos acontecimientos de este curso que más trascendencia tendrán para el futuro de la enseñanza superior española son, sin lugar a dudas, la aprobación de los estatutos de cada universidad según el modelo recogido en la LOU y la armonización europea.

Sobre el primer tema, la noticia fue, sin lugar a dudas, que la mayoría de las universidades españolas no consiguieron respetar los 15 meses de margen previstos por la ley y, cuando se cumplieron los plazos a mediados del mes de abril, aún no habían hecho sus deberes. Pero aún hay más. Tras la avanzadilla que protagonizaron el curso pasado universidades como la Autónoma y la de Valencia, el sufragio universal preconizado por la LOU se asentó definitivamente como método para elegir rectores y convirtió al alumnado en objeto de deseo de los cazadores de votos.

El proceso abierto por la Declaración de Bolonia se trasladó a España con la presentación del documento marco elaborado por el Ministerio de Educación, aunque la comunidad universitaria quizá no lo digiera del todo hasta el próximo curso.

A partir de septiembre, este suplemento universitario acudirá de nuevo al corazón de la enseñanza superior para relatar esos acontecimientos. Hasta entonces, este número pone el punto y seguido de CAMPUS al seguimiento de la vida universitaria española tras nueve meses de narraciones semanales. Eso es todo amigos.

Todos a las urnas

La LOU también ha marcado un antes y un después en el desarrollo de los procesos electorales en la Universidad española. Por obra y gracia del sufragio universal, los candidatos a rector se han visto obligados a lanzarse a la caza del voto del profesorado, alumnado y Personal de Administración Docente, haciendo campaña al más puro estilo de los políticos. El nuevo sistema ha propiciado resultados no esperados en los comicios rectorales de universidades como la de Salamanca, donde Berdugo salió derrotado por el aspirante Battaner.

De interés

Artículos Relacionados