miércoles,8 diciembre 2021
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Ivan Caballero, emprendedor social, padre de The Social Coin

«Cuantificamos las buenas acciones de las empresas»

Gina Tosas @ginatosas / LA VANGUARDIA
Ivan Caballero, licenciado en Empresariales, Marketing y Negocios Internacionales, tiene 37 años, esposa y un hijo. Estaba en sus brazos cuando se preguntó qué herencia le dejaría: ¿dinero? No, un mundo más feliz. Tras la siguiente pregunta, ¿qué nos hace felices?, cayó en que las acciones desinteresadas son una fuente universal de felicidad. Así creó luego The Social Coin, asociación luego convertida empresa que promueve "la moneda del altruismo": cadenas de favores y acciones desinteresadas.

Según este relato de LA VANGUARDIA, Caballero ha creado una manera de fomentar las cadenas de favores entre personas mediante una ficha que va pasando de mano en mano hasta que, a los tres meses, el último destinatario debe plantar la semilla de rosal que llevan incorporada. Durante este tiempo ha promovido más de 128.167 actos desinteresados en 104 países, mediante 17.735 monedas activas en 762 ciudades, cifras sacadas de su web a las 16 horas de este lunes.

Al año de su creación, las empresas empezaron a interesarse para aplicar su método entre los trabajadores. La firma estadounidense Cisco, por ejemplo, entregó las monedas a sus empleados con el reto corporativo de dar clases sobre las nuevas tecnologías a gente mayor. Las monedas están libres de identificadores de marcas, ya que, según comenta Caballero: “en el momento que pones un logo empresarial en una moneda, intoxicas el altruismo; intentamos ser el sello de neutralidad alrededor de los actos de amabilidad de las empresas”.

A raíz del interés que despierta el proyecto en el sector empresarial, la compañía acaba de anunciar el lanzamiento de una aplicación web y móvil que permite rastrear las acciones que los empleados están llevando a cabo y los valores que se están retransmitiendo. Las fichas llevan incorporado un código QR para facilitar su seguimiento. La herramienta, asegura Caballero, “permite medir la responsabilidad social corporativa (RSC) de las empresas”.

El anuncio se llevó a cabo durante el acto de presentación de las start-ups que han participado en el programa de aceleración de empresas Startupbootcamp Internet of Thigs & Data. Allí dijo queThe Social Coin quiere aliarse también con las ciudades, y ofrecer las monedas de forma gratuita (ahora el iniciador de una cadena de favores debe pagar 10 euros). Así, el 24 de abril inician una campaña, junto con el Instituto Municipal de Informática del Ayuntamiento de Barcelona, para que “Barcelona sea la ciudad más generosa del mundo”, dice Caballero con ilusión. La idea es la misma: “implementar la moneda y fomentar y medir el altruismo entre los ciudadanos”, aclara. Y con este motivo concedió la siguiente entrevista a Gina Tosas @ginatosas para LA VANGUARDIA y autorizó a reproducirla a Ibercampus:

Ha creado usted una cadena de favores…

Sí, mediante una moneda biodegradable que contiene una semilla de rosal que entregas a la persona a la que has hecho el favor.

Que a su vez se la entrega a otra.

La moneda, símbolo de una acción desinteresada, va corriendo de mano en mano. Su rastro y las historias que ha originado pueden seguirse a través de internet.

¿Un proceso sin fin?

Pasados tres meses, todas las personas que han seguido la cadena reciben la convocatoria de dónde será plantada. Pese a que muchas monedas cambian de país, es muy reconfortante ver lo que un simple favor puede desencadenar.

Bonita idea, ¿con buenos resultados?

En seis meses se han generado 15.000 monedas que han hecho 124.000 favores en 42 países de la mano de 450 personas y 22 empresas.

Usted era un ávido empresario.

Desde los 17 años he trabajado para salir adelante. Estudié Empresariales y Marketing en varias escuelas de prestigio españolas e internacionales. Tuve que trabajar muchos años para poder pagarlo, pero creía que era el único camino para conseguir la calidad de vida que nunca había tenido.

Es obvio que ya no piensa lo mismo.

Con el tiempo me he dado cuenta de que lo único importante es vivir con plenitud, sintiéndote parte de la humanidad y escuchándote: hay que estar más en silencio.

¿Llegó a dirigir su propia empresa?

He fundado cinco empresas. Con dos me arruiné. Con la primera me estafaron, y me enteré mientras trasladaba toda mi casa en una furgoneta hacia la ciudad donde la había fundado. Con la segunda, la deuda que me dejó una gran aerolínea participada por empresas del Gobierno me obligó a cerrar.

Eso da mucha rabia.

Sobre todo tener que despedir a 17 personas, entre ellas mi hermana. Otra empresa la fusioné. Con otra gané algo de dinero.

Es usted perseverante.

El punto de inflexión fue ser padre, tomar conciencia del mundo que quería dejar a mi hijo. Entendí que la relación con el dinero es uno de los graves problemas de la humanidad, y comencé a pensar que el altruismo, el hacer algo por otra persona sin esperar nada a cambio, podría ser el antídoto.

Pero de la teoría a la práctica…

Son muchos los estudios que concluyen que hacer algo por los demás nos hace felices. Muchas personas sufren precisamente porque se sienten aisladas del resto de la humanidad y necesitan un empujón.

¿Cómo puso en marcha su idea?

Se la expliqué a un amigo, que se convirtió en mi socio, y con cuatro universitarios que creyeron en ella salimos a la calle a hacer favores a desconocidos durante un año; así comprobamos que funcionaba.

¿De dónde obtuvieron el dinero para iniciar el proyecto?

Lanzamos una campaña de micromecenazgo y 240 personas donaron 11.000 euros. En poco tiempo hemos conseguido propagar una epidemia de altruismo en todo el mundo.

Debe de estar orgulloso.

Hoy puedo decir con certeza que quiero dedicar mi vida a trabajar en proyectos que mejoren la vida de las personas. Lo demás no tiene sentido.

¿Qué tipo de favores hicieron ustedes durante aquel primer año?

Tan simples como ayudar a una abuela a llevar la compra a casa o invitar a café a los periodistas que pasaban frío en la puerta del juzgado durante el asuntos Bárcenas. Escuchar, perdonar, agradecer, acompañar en el sufrimiento… Cualquiera de estas acciones es válida para entregar una moneda.

Pero un favor es desinteresado, no puedes pedir a la gente que lo haga a su vez.

Cierto, por eso los que más funcionan, con los que las monedas corren, son favores a gente que conoces. En tu entorno siempre hay alguien que necesita ser ayudado. Cada vez estoy más convencido de que son las personas pequeñas en lugares pequeños haciendo cosas pequeñas las que están cambiando el mundo.

Pero la cadena se puede romper en cualquier momento.

Hemos comprobado que las actitudes altruistas espontáneas suponen mayor cantidad de cadenas rotas. Definir un propósito, escribirlo en la web y realizarlo es un proceso más reflexivo que puede hacer que el altruismo se convierta en hábito.

Cuénteme alguna cadena que le haya impactado.

Hemos hecho la prueba con varios colegios. Dábamos una moneda a toda una clase y el resultado fue increíble: el altruismo y la alegría brotaron sin ningún tipo de trabas; los adultos somos más desconfiados.

Su moneda en las empresas también despertará el humor…

Sí, pero entre broma y broma se animan y comienzan a surgir propósitos que acaban siendo compromiso, desde enseñar Excel a un compañero hasta invitar a desayunar a los que guardan cola en la oficina de empleo.

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