jueves,26 mayo 2022
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Los "sombreros de Panamá" son de un pueblo ecuatoriano

Ecuador teje los sombreros más caros del mundo

Redacción
En Pile, una población de la provincia ecuatoriana de Manabí, se tejen desde la primera mitad del siglo XX los famosos "sombreros de Panamá". Ahora esta artesanía está en peligro, pero hay escuelas que intentan enseñar a los niños el arte de tejer estos sombreros cuyo material se confunde con la seda. De estos alumnos depende el futuro de Pile.

.Pile es una población de unos 1.000 habitantes ubicada a 10 minutos del Océano Pacífico, en la provincia ecuatoriana de Manabí, la tierra donde crece la paja toquilla con la que se teje el sombrero, que durante la primera mitad del siglo XX se comercializó mayormente a través del canal de Panamá, de allí la confusión con su nombre.

Las calles de Pile son de tierra, y para obtener cobertura en el centro urbano hay que acercarse a la puerta de la iglesia, templo al que asiste dos veces por mes el sacerdote desde el vecino San Mateo a dar la misa.

Observando el pueblo desde la ruta que bordea la costa pacífica del país, uno difícilmente imaginaría que un producto salido de Pile puede ser adquirido por miles de dólares en el mercado internacional, pero de las manos de sus tejedores, o tejenderos como ellos se llaman, nace el sombrero que imita a la seda.

Simón es uno de los tejedores más famosos y de más prestigio, y comenzó a tejer a los 14 años, imitando el trabajo de sus padres con la paja que ellos no usaban.

Diez años después tomó una decisión que le cambiaría la vida, tejió durante cuatro meses un sombrero para un americano que le compraba sombreros a su padre. Le enseñó el sombrero, y Black lo aceptó y pagó por él unos 400 o 500 dólares. Al siguiente año volvió, pidió que le tejiesen otro, y le gustó más que el primero. Black pidió a Simón que trabajase para él, y le preguntó que cuántos sombreros podría hacer en un año. Simón comenzó tejiendo seis, luego cuatro, y finalmente decidió cambiar las reglas porque él quería "hacer el sombrero más fino que pudiese".

 

Ministerio de Cultura y Patrimonio de Ecuador. Presentación del libro El sombrero que todos quieren

Ahora tan solo entrega dos sombreros por año. Recibe un sueldo mensual, y cuando unas de sus creaciones se vende recibe un bono que no baja de las cuatro cifras. El proceso es muy laborioso, para empezar a trabajar el material se necesitan unos 15 días para poder secar y preparar la paja. Para comenzar el armadito se necesita otro medio día, y para tener lista la plantilla, más de dos meses, antes de bajar hacia la copa. Es un trabajo para hacer despacio y sin prisa.

En 1987, el americano, cuyo nombre es Brent Black, leyó el libro de viajes The Panama Hat Trail, en el que Tom Miller, su autor, estimaba que el arte de tejer sombreros finos moriría en menos de 20 años.Black decidió viajar a Montecristi para ver estos sombreros antes de su extinción. El americano fue en busca de Rosendo Delgado Garay, un vendedor mencionado en el libro, quien eventualmente le mostró uno de los famosos super finos.La textura del sombrero lo conquistó

Para el vendedor los números no mienten: para mantener vivo este arte, los tejedores deben recibir, al menos, el salario mínimo en Ecuador, entre 300 y 400 dólares al mes.

Tejiendo entre 14 y 16 sombreros al año (buenos sombreros, pero de menor calidad que las creaciones de Simón), es necesario cobrar unos US$310 por sombrero, cuando en la práctica ellos cobran aproximadamente un tercio de esa cantidad.

En el mercado internacional los precios de un sombrero, en base a la calidad y a su finura, pueden ir de 100 a 30.000 dólares. Los compradores van desde actores, como Charlie Sheen que compró un sombrero hecho por Simón en el 2008 a US$25.000, hasta reyes, emprendedores de Internet y gerentes de multinacionales. El negocio no es seguro, hay años enteros que no se vende ningún sombrero o, en ocasiones, el sombrero puede dañarse durante el transporte o almacenamiento. Entonces, el trabajo de meses desaparece en segundos.

Rosendo Delgado Garay no sólo le mostró su primer sombrero a Black, sino que en búsqueda de los sombreros más finos lo llevó a Pile, donde el arte de los tejenderos había pasado de generación en generación.

El padre de Simón era famoso por su talento y los hijos de Simón han demostrado grandes habilidades, tal vez haya un componente genético que explica por qué los mejores sombreros salen de allí. En Pile, Brent Black creó una fundación para mantener a los tejedores en el negocio, lo que implica cuidados médicos para los artesanos, el financiamiento de obras comunitarias y el pago de comisiones de venta a los tejedores para que no abandonen el oficio.

También creó una escuela para jóvenes tejedores, pero no es el único, otro centro educativo similar fue fundado por el Estado. Los profesores de la escuela financiada por Black son Patricia y Fausto López, cuñados y tejenderos, que tratan de enseñarle dos oficios a los alumnos: el tejer y la lentitud.

De esos alumnos depende el futuro de Pile, que sobrevivirá mientras la paja se siga confundiendo con la seda.

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