lunes,4 julio 2022
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Efectos colaterales

Goliardos s.XXI
Siempre hemos creído que la gran fiesta de la democracia eran los procesos electorales libres, en los que los ciudadanos ejercían su derecho a designar a sus representantes políticos mediante un proceso de selección mediante las urnas.

El novelista francés Honoré de Balzac en su obra titulada Gaudissart II escribía una reflexión sobre los procesos electorales, que quizás en su época fuera pertinente, pero lo que no es seguro es que pueda ser aplicada en el momento actual:  “¡Elegir! Es un relámpago de la inteligencia. ¿Dudas?... está dicho todo, te equivocas. El gusto no tiene dos inspiraciones.” Y creo que en estos momentos son muchísimos los electores españoles que dudan y no saben a quién votar. Lo que pasa es que las técnicas electorales y los métodos de persuasión se han desarrollado de tal manera que muchos son los que empiezan a no creer en el sistema democrático, aunque sabemos que de todos los sistemas políticos el que tiene elecciones libres es el menos malo.

La duda va estar presente en todo este largo proceso electoral en el que tendremos que elegir al partido que represente nuestros intereses, y algunas veces puede resultar complicado seleccionar una opción. Tomas Kempis, aunque no se refería a los procesos electorales tiene una reflexión que, en casos como éste, se puede aplicar perfectamente: “Siempre hay que elegir el menor entre dos males”. Y nos debemos preguntar ¿cuál es el programa que puede favorecer a la mayoría y no a unos pocos? Lo que nunca debemos hacer es abstenerse o renunciar al derecho de votar, pues eso siempre favorece a los que más dinero o poder tienen.

Nos quieren vender que la situación económica es buena. Que estamos saliendo del pozo de la crisis gracias a la gestión del actual gobierno, pero lo único que es verdad es que quienes salen más beneficiados y ricos de esa política son los poderosos. Los partidos de izquierda y los sindicatos de clase, no se han atrevido a denunciar ese tipo de economía que sólo está pensada para unos pocos. Decía, en su momento Alfonso Guerra, aunque después nunca lo aplicó, que “es necesario aplicar una ley de hierro a los beneficios empresariales” y sobre todo a la industria financiera, que hace pagar sus errores a los ciudadanos.

Lo malo del proceso electoral es que, si no produce resultados y la sociedad no consigue salir del pozo, puede que se produzca un efecto rebote y los ciudadanos dejen de creer en la democracia. Hecho que sólo beneficiaría a los poderosos. Y al esto nos llevaría al desengaño. Como se dice en un soneto de Juan de la Cueva al respecto: “Desengañado estoy de la esperanza que fabrique al sabor del pensamiento, pues viene a resolverse en sombra y viento aquello en que fundé mi confianza”

Este proceso me lleva a la conclusión de que la fiesta de la democracia puede convertirse en un proceso de frustración que haga que muchos ciudadanos dejen de creer en los procesos democráticos.  Siendo algo positivo como es el proceso electoral, cuando éste está corrompido por el engaño, la manipulación y acompañado por la falta de experiencia democrática, se pueden alcanzar efectos colaterales que acaben por destruirlo. José Augusto Ventin es profesor de Empresa Informativa en la Facultad de CC. de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.

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