viernes,20 mayo 2022
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Informe de Randstad

El 70% del paro universitario, dispuesto al autoempleo

Redacción
Casi el 70% de los universitarios españoles en paro estaría dispuesto crear su propio negocio, según un estudio elaborado por la agencia de trabajo temporal Randstad, valorado en las primeras opiniones de algunos medios como otro síntoma de fracaso de la universidad española.

El estudio confirma plenamente que el nivel de formación influye directamente en el planteamiento de emprender. En el caso de los titulados universitarios, el porcentaje de quienes valoran poner en marcha un negocio aumenta hasta casi el 70%, frente al 62% total y el 64% de aquellos procedentes de la formación profesional o que sólo disponen de un título de enseñanza obligatoria. En el caso de los entraron en el mercado laboral con el bachillerato superado, el 66% se plantea esta opción.

Lo que comparte un 48% de los profesionales, más allá del nivel de estudios, es la preferencia por un sector en el que tengan experiencia o formación, frente al 32% que trataría de iniciar su actividad en un ámbito nuevo. El 20% restante no tiene preferencia por ningún campo.

En su informe, Randstad asegura que la ‘start-up’ –empresa de nueva creación- es una de las formas de emprendimiento más atractivas, sobre todo para los especialistas en el campo de las nuevas tecnologías y la comunicación.

El perfil del profesional más proclive a la constitución de un nuevo negocio es el de un varón universitario de entre 25 y 34 años. Según Ranstad, el 65% de los hombres se muestran favorables a iniciar un proyecto empresarial, frente al 63% de las mujeres.

Temores

A pesar de que el porcentaje de personas dispuestas a crear una empresa por cuenta propia es relativamente alto, hay condicionantes que provocan temor entre los candidatos o que, en el peor de los casos, se antojan insuperables. La coyuntura económica negativa frena a muchos a la hora de emprender, sobre todo por la imposibilidad de disponer de un crédito, dada la exigencia de requisitos estrictos por las entidades bancarias, que permita poner en marcha la actividad. Los impuestos, como las altas tasas que soportan los autónomos, son otro hándicap.

Pero no todo son problemas económicos o de liquidez. Una compleja gestión del papeleo pertinente, la dificultad para completar los registros legales, burocracia excesiva o falta de información sobre los pasos a seguir para constituir la empresa son otras grandes fuentes de preocupación. A nivel personal, el miedo al fracaso se plantea como un temor común que limita a muchos profesionales a la hora de crear un negocio propio y desechan la idea antes de iniciarla.

Desajustes ¿por la autonomía?

Sobre este tema, el periódico LA GACETA y el digital Intereconomía señalan hoy cómo las universidades españolas no solo no compiten adecuadamente en excelencia académica sino que sufren un grave desajuste con la demanda existente, que ofrecen plazas que nadie quiere cubrir, y, al tiempo, son incapaces de satisfacer la demanda realmente existente. Dicen que, para nuestra vergüenza, la llamada autonomía universitaria no ha servido para que cada universidad se pueda adaptar con ligereza a su entorno inmediato, sino para lo contrario. En lugar de servir fielmente a la demanda se han dejado guiar por intereses corporativos y sindicales que estarían muy en su lugar si se autofinanciasen, pero que son escandalosos cuando prácticamente el cien por cien de sus recursos se obtienen mediante impuestos que pagamos todos.

Su conclusión es que algo funciona muy mal en la política universitaria española, y es hora de que se ponga fin a una proliferación de centros que no es fácil de justificar y a una incapacidad de ajustarse a la demanda que debería ser una de las la preocupaciones principales de la política educativa.

Para ambos medios, la raíz de todos los males universitarios se encuentra, precisamente, en la resistencia de las universidades públicas a competir en un mercado muy cambiante y cada vez más internacional, en su empeño en mantener tradiciones que ya no son justificables, en su vocación de cubrir todas las ramas y en su resistencia a la innovación y a la especialización.

«Es interesante recordar que mientras poseemos escuelas de negocios que están en los primeros lugares de los rankings internacionales y a las que asisten alumnos de todo el mundo, nuestras universidades ofrecen una imagen gris, sin calidad ni atractivo. También hay que destacar que abundan los científicos e investigadores españoles que deben buscarse la vida fuera de España mientras aquí siguen sesteando muchos funcionarios docentes sin apenas producción científica. Es hora, pues, de acabar con la autocomplacencia en una autonomía universitaria que, además de irreal, porque nadie puede ser verdaderamente autónomo si no tiene capacidad de autofinanciarse, está produciendo unos desajustes muy notables», concluyen ambos medios.

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