domingo,5 diciembre 2021
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Casi todos los centros cuentan ya con ordenadores y conexión a internet pero el nivel comparativo de España es bajo

El 72,8% de los profesores españoles no ha recibido ninguna formación en alfabetización mediática y funcional contra la desinformación

El 72,8% de los profesores españoles no ha recibido ninguna formación en alfabetización mediática y funcional, que la literatura académica y la UNESCO consideran fundamental para la formación de los estudiantes a fin de afrontar la creciente desinformación, la polarización política y social y otros problemas. Y ello pese a que casi todos los centros cuentan ya con ordenadores, conexión a internet y, poco menos de la mitad, también con tablets y cámaras digitales para uso en aula. Así lo indica una investigación sobre la alfabetización mediática y funcional (AMI) presentada el pasado verano en la Universitat Oberta de Catalunya cuando la UNESCO preparaba la campaña mundial realizada esta semana.

Durante la realización de esta investigación, algunos hitos de la pandemia de Covid 19 alentaron su vigencia e importancia.

Bulos como los tratamientos preventivos, propagados incluso por presidentes como Jair Bolsonaro, en Brasil, provocaron incontables muertes. El último informe del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos de la OCDE (PISA, por sus siglas en inglés), centrado en las culturas digitales, (OECD, 2021) concluyó que los estudiantes que tuvieron formación sobre cómo funcionan los sesgos están mejor preparados para discernir hechos de opiniones dentro de un contenido informativo. Diversos organismos internacionales, como la Unesco y la Comisión Europea, invirtieron en nuevos proyectos relacionados con la AMI y la lucha contra la desinformación. 

Entre las numerosas investigaciones previas recientes citadas se incluye la de Joan Ferrés Prats (2020), desde la Universidad Católica Andrés Bello, concluyendo que solo en 53 de los 252 grados  universitarios de educación evaluados, los universitarios tienen formación en educación  mediática, pese a que hay unanimidad entre los profesionales de la Educación Mediática en el hecho de que el sentido crítico debería estar en el centro de esta competencia.  Y dentro de esos 53, hay serios fallos a la hora de contemplar la presencia de las “seis “C” que, para Ferrés, podrían configurar una visión integral de la alfabetización mediática (comprensión, capacidad crítica, creatividad, consumo, ciudadanía y comunicación intercultural). También se hace eco del estudio etnográfico capitaneado por Julian McDougall (2019), según el cual una alfabetización mediática crítica dotaría los jóvenes de resiliencia para afrontar mejor el desorden informativo.

La investigación que ahora se hace eco de esos y otros muchos estudios se titula Alfabetización mediática e informacional una campaña de vacunación contra la desinformación: desafíos y propuestas. Su autora es Vivian Torres de Mello Rangel, dirigida por Ferran Ferrer, Núria y con la tutoría de Javier Paniagua Rojano, Francisco. Concluye que la AMI fue la principal solución preconizada por UNESCO, pero la presencia de la AMI en España (y especialmente dentro de Galicia) es muy baja:

La desaparición de los formatos y modelos mediáticos tradicionales y el rápido crecimiento de la cultura digital no fue acompaña por un proceso reflexivo en relación al uso de los medios, su potencial creativo y su función central en la construcción de orden democrático. La recensión de diversos textos teóricos y el resultado de la encuesta enfocada a profesores de secundaria gallegos comprueba que la mayoría no ha recibido formación en AMI, no conocen bibliografía sobre el campo y, claramente, no la utilizan durante sus clases (pese a que sea una competencia transversal presente en el currículo oficial desde hace años). 

Más preocupante según la autora es constatar que un 39,8% de los encuestados valore la fiabilidad de la información a partir de la “persona que me ha enviado o compartido la información por las redes sociales”. Esa opción revela que las redes sociales adquieren el mismo valor que otros medios informativos “más tradicionales” y que la confianza en la información adviene no de un análisis del proceso de producción de contenido profesional sino de una relación de amistad o familiaridad con quien comparte el contenido.

Previamente a esta investigación presentada el 14 de julio en la UOC como trabajo fin de grado, el estudio etnográfico capitaneado por Julian McDougall (2019) concluye que una  alfabetización mediática crítica dotaría los jóvenes de resiliencia para afrontar mejor el  desorden informativo. La AMI sería la solución ideal porque fortalecería el sistema  inmunológico de los usuarios mientras los sistemas de verificación y control informativo  tratan la infección ya diseminada. El estudio de la Unesco Media and information literacy in  critical times (2020) destaca la necesidad de reforzar la presencia y el papel central de la  AMI para preparar ciudadanos críticos que puedan identificar medios confiables. El informe  de la Comisión Europea A multi-dimensional approach to disinformation precisa que la AMI  tiene que ser una solución preventiva (vacuna, por lo tanto) y no una medicina reactiva 

Asimismo, frente a Fake news, fake, desinformación, bulo, paparrucha, trola, el estudio Does Media Literacy Help Identification of Fake News? (2021) concluye que las personas con más conocimiento en alfabetización informacional (definida como un  campo que enfatiza la habilidad de navegar y localizar la información dentro del entorno digital) fueron las que mejor identificaron los bulos presentados

Sin embargo, como no es el caso de la gran mayoría de ciudadanos en el mundo, y como mentir, engañar y desinformar no son estrategias innovadoras dentro de la esfera pública, a la era de la posverdad se ha sumado la pandemia de la Covid-19, dejando como resultado un panorama desinformativo extraordinario.

La investigación presentada en la UOC reflexiona sobre la relación entre AMI y desinformación y cuestiona su poder de inoculación como solución única. Igualmente, traza un pequeño panorama de la historia de la AMI en España y su (baja) presencia en la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) en Galicia, a través de una encuesta.

El trabajo se complementa con entrevistas a David Buckingham, José Manuel Perez-Tornero y Mari-Carmen Caldeiro Pedreira y aborda otros subtemas como la importancia de fomentar el pensamiento crítico, cómo se viraliza la desinformación, la necesidad de conocer a los propios sesgos y el modelo de negocio de las plataformas. Finalmente, presenta un prototipo de guía didáctica para trabajar la desinformación a partir de la AMI, de forma crítica y creativa.

 

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