domingo,22 mayo 2022
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Forma parte del proceso evolutivo

El amor eterno sí existe y es el efecto de una droga

Redacción
Los enamorados están de buena suerte, así como los locos por el efecto San Valentín. Y es que varios investigadores han concluído que el "amor eterno", pregonado por infinidad de canciones y poemas, se sustenta en razones que van más allá de lo romántico, y se basa en cuestiones neurobiológicas y evolutivas. Así, Rodrigo Pedroza, responsable interino del Laboratorio de Neurociencia de la Universidad Iberoamericana, proclama que el amor verdadero sí exisite. Pero ¿con qué características?

El especialista en ciencias biomédicas explicó que “cuando una persona está enamorada se desencadena una cascada bioquímica impresionante que cambia completamente la percepción y los sentimientos de la persona".

El experto de la universidad estableció que el enamoramiento involucra la producción de “un cóctel” de sustancias en la región del hipotálamo en el cerebro e incluso "se pueden distinguir dos fases en el enamoramiento".

Expuso que en la primera hay una gran liberación de dopamina, neurotransmisor responsable de la sensación de euforia y que se manifiesta a nivel biológico cuando se experimentan sensaciones placenteras.

También se libera cortisol, debido al estrés y ansiedad que experimenta el enamorado, además aumentan los niveles de testosterona en las mujeres, efecto que las desinhibe, y en los hombres disminuyen, lo cual les permite enfocarse en una sola pareja.

En ese sentido, aseguró, el enamoramiento a nivel cerebral se comporta como una droga, "por ejemplo, cuando una persona se mete cocaína se activan los mismos circuitos que cuando una persona está enamorada. Claro, de formas diferentes, entendiendo que la cocaína es un estímulo bioquímico aberrante, pero los mecanismos son los mismos".

En la segunda fase ocurre algo interesante, puntualizó, mientras las otras sustancias disminuyen, hacen su aparición la vasopresina y la oxitocina, que permiten la creación de lazos entre los individuos, y dan la sensación de seguridad, lo que transforma al enamoramiento en amor estable.

Lo curioso de estas hormonas es que van a mantener elevados sus niveles conforme pasa el tiempo y nosotros seguimos unidos a una pareja determinada", comentó Pedroza.

Asimismo explicó que la vasopresina y la oxitocina interactúan con sistemas dopaminérgicos de placer y recompensa, es decir, van a hacer que las personas mantengan relaciones monógamas con el pasar del tiempo y, si hay una verdadera compatibilidad en la pareja, los niveles de ambas sustancias se mantendrán constantes.

Sin embargo, es posible que una persona ame a su pareja, y pueda "enamorarse" de terceros, al buscar la sensación placentera que la dopamina en la primera fase, aseveró.

Discrepancias en la comunidad científica

A pesar de que no existe una respuesta definitiva en la comunidad científica sobre la naturaleza del ser humano como polígamo o monógamo, según Pedroza, existen pruebas neurobiológicas que justifican la monogamia del ser humano como una herramienta evolutiva.

El amor es un subproducto precisamente de mecanismos que nos permiten aparearnos para mantener la especie, y “parece ser que el amor es un refinamiento cognitivo-evolutivo de aquellos mecanismos que nos permiten buscar a quien creemos que es la mejor pareja para pasar nuestros genes", aseveró.

El amor reside en el cerebro, no en el corazón

En 2011, la psicóloga Elaine Hatfield y sus colegas identificaron nada menos que 33 gradaciones del amor. Pero en los últimos cinco años se multiplicaron los estudios que exploran sus misterios.

"Aunque es común vincularlo con el corazón, lo cierto es que el amor reside en el cerebro", afirmó en La Nación Ezequiel Gleichgerrcht, investigador del Instituto de Neurología Cognitiva y profesor de la Universidad Favaloro, que incluye el amor en sus clases de neurociencias.

Para este especialista, "el amor podría pensarse como una emoción ´secundaria´ más compleja que la alegría, el miedo o la tristeza y que "afianza los vínculos entre personas, asegura protección y continuidad".

Por su parte, Helen Fisher, antropóloga de la Universidad de Chicago asegura que, más que una emoción, el amor romántico es un impulso: "A lo largo de los años, descubrí que viene de la parte del cerebro que desea, que ansía", dijo durante un charla en TEDx.

A riesgo de resultar prosaicos, los científicos subrayan su naturaleza eminentemente química. Entre los mecanismos biológicos que influirían en la atracción, uno de los más mencionados -y discutidos- es el de las "feromonas".

"A diferencia de las hormonas -explica Gleichgerrcht-, el destino [de estas sustancias que funcionan como señalizadoras] está fuera del cuerpo que las produce. Algunas, como los esteroides axilares, no se activan sino hasta la pubertad y muestran que nuestra especie también se comunica a través de sustancias odoríficas. Serían detectadas por el ´órgano vomeronasal´, localizado entre la nariz y la boca. Aunque se observa en el bebe en gestación y luego parece atrofiarse, existen evidencias de que seguiría siendo funcional en la adultez".


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