jueves,18 agosto 2022
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El bulo del conflicto generacional

Javier Esteban /Publicada 25-4-2021, reproducida 10-5-2021
Por qué la palabra ´edadismo´ no consta en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, y además parece que tardará en estar en él?¿Por qué es un tema con tan poca presencia en nuestra agenda política y mediática, que no pasaría de ser un neologismo aceptado sólo por los que lo sufren directamente, si no fuera por las diferentes iniciativas que surgen de la sociedad civil para ponerlo sobre la mesa de debate?

Esta semana, las entidades bancarias han empezado a concretar las cifras de su aportación a la lista de afectados por despidos colectivos en grandes empresas. ¿Novedades? Que esta vez la transformación digital es la excusa principal y que van a recurrir menos a prejubilaciones que en otros procesos.

Esto último tiene lógica: las condiciones para prejubilar se han endurecido desde 2012 lo suficiente para hacerlas (algo) menos rentables. El Estado estaba cansado de pagar la factura de acuerdos de negociación colectiva cuya única eficacia parece ser crear un eufemismo para la palabra despido. Así que puso algunas pegas –no muchas, como se ve– para frenarlos.

Ahora la pregunta: ¿Esto significa que los pagadores de esta nueva racha de procesos serán los trabajadores más jóvenes?

Bueno, si analizamos la evolución de la edad de los profesionales de todo el sector financiero –banca y negocios satélite– desde 2008, parecería que el modelo de prejubilaciones aplicado en la crisis financiera perjudicó más a los jóvenes que a los seniors.

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Y aquí la verdad, tozuda como ella sola, nos levanta el primer velo. La palabra prejubilación no es sólo un eufemismo para la palabra despedir, sino un ejercicio de lo que ahora llaman neuromarketing –yo prefiero “trilerismo semántico”– para ocultar la incapacidad de un sector de crear empleo –la banca en solitario ha reducido su fuerza laboral en casi un 40%– invocando uno de los mitos más insistentes y desfasados del mercado laboral español: el Relevo Generacional. 

Un relevo que, además, no existe.

¿LAS GALLINAS QUE SALEN POR LAS QUE ENTRAN?

Este mes se ha vuelto a hablar, y mucho, de los incentivos para retrasar la edad de jubilación. Lo cual no implica retrasar la edad legal de jubilación, sino que la edad real se acerque a ella (ahora mismo hay un decalaje de 1 año).

Esto implica también endurecer las jubilaciones anticipadas, lo cual complicaría la negociación de prejubilaciones en los EREs que vienen, algo de lo que ya han advertido los sindicatos. No es un tema nuevo, yo mismo lo abordé la semana pasada.

Pero me llama la atención una réplica que que me hacen muchas personas:

“¿Cómo se puede retrasar más la jubilación con todo el paro juvenil que tenemos?”

Y la cuestión sería legítima si vemos este gráfico, que compara la tasa de ocupación de los menores de 25 con la de los mayores de 55 años: 

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Pareciera que el empleo senior frena al junior. De hecho, España es el país europeo en el que más ha caído el empleo juvenil en este periodo.

La pega para concluir que retrasar el retiro penalizaría más la entrada de los jóvenes es que no somos el país en el que más ha crecido el empleo de los mayores de 55 años. Ni de lejos.   

LA ALERTA EUROPEA

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¿Cómo es posible que países como Alemania o Polonia hayan creado empleo junior y senior y España no?

Antes de daros mi opinión, permitidme que os muestre otro gráfico que compara, no la tasa, sino el número de desempleados por edad. Si los anteriores eran datos de EUROSTAT, estos son del INE.

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En Europa, el edadismo es un debate abierto porque son conscientes de que cada vez hay más parados de mayor edad.

EUROSTAT analiza la situación de los parados de más de 55 tanto como la de los jóvenes.

¿A que se debe este interés? A que cada vez vivimos más, la edad media de las plantillas aumenta y coste de expulsar a trabajadores seniors del mercado laboral diez años antes de la edad media de jubilación es tan alto como el de cerrar la puerta a los jóvenes en sus primeros años legalmente autorizados para trabajar.

En España, que haya casi el mismo número de parados con carreras en el inicio y en la madurez de sus carreras profesionales no es un problema.

¿Por qué? Porque nuestra visión del empleo está desfasada y es restrictiva.

LA (IN)CULTURA LABORAL ESPAÑOL

En España hay varios dogmas sobre el trabajo que tenemos que desterrar: 

  1. Es finito. 
  2. Ni se crea ni se destruye: se traspasa.
  3. Los nuevos trabajadores reemplazan a los antiguos. 

El mercado laboral no se rige por el Primer Principio de la Termodinámica. España ha demostrado que puede crear nuevo empleo y además hacerlo con una población creciente y en todas las edades.

Pero cuando el encadenamiento de crisis en los últimos quince años nos ha hecho olvidarlo y volver a las viejas supersticiones.

Y son supersticiones si nos enfrentan y nos frenan, contra toda lógica, en la búsqueda de soluciones. El problema del empleo juvenil no se soluciona creando desempleo o "prejubilados" senior. Ambos, en realidad, vienen de la misma raíz: España no sabe crear empleo.

Y esto lo hemos demostrado en 2020 frente a nuestros socios europeos. No hay más que comparara cómo ha fluctuado la relación entre nuevos despidos y contrataciones durante el conjunto del año.

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España lleva 13 años esperando una nueva burbuja, ya sea inmobiliaria, tecnológica o financiera, que infle el crecimiento del empleo. Mientras tanto, no ha tomado medidas suficientes para corregir sus desequilibrios de base, y estos se han extendido.

Si las reformas laborales no han servido contra el paro juvenil ni el senior por una sencilla razón: llevan diez años de retraso. La que se plantea en 2021 busca rectificar la de 2012 volviendo a la negociación colectiva de 2010, que ya avaló ingentes prejubilaciones y jubilaciones forzosas.

No mira a un nuevo modelo de relaciones laborales que tenga en cuenta que vivimos más, que la tecnología nos permite ser más productivos. Deberíamos estar pensando en ecosistemas de talento intergeneracional basado en la convivencia y no en el reemplazo.

Pero al no ser capaces de hacerlo, lo que se ha creado es un sándwich de precariedad: los jóvenes no entran al mercado laboral mientras a los seniors se les expulsa a partir de los 45 o 50 años. 

Ambos, juniors y seniors, se encuentran en la cola del paro, no en las empresas.

UNA PROPUESTA SIMBÓLICA

Esta semana, Generación SAVIA, una iniciativa impulsada por la Fundación Endesa con el apoyo de la Fundación máshumano y con la que colaboro con artículos sobre empleabilidad, ha lanzado una propuesta para que el 30 de abril sea declarado el Día del Trabajador Senior como una forma de reivindicar esta idea de la colaboración intergeneracional valorando la experiencia profesional como debe hacerse.

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En un país en el que se considerara el talento como una inversión y no un coste, bastaría con el 1º de Mayo. En España, a tenor de los discursos políticos, sindicales y empresariales, por desgracia, hacen falta cosas campañas como esta, aunque sea simbólica. Pinchad en la foto si queréis sumaros.

Beyond The HypeUn análisis crítico sobre el presente y el futuro del empleo en la Cuarta Revolución Industrial

 

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