sábado,16 octubre 2021
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Investigación universitaria

El cerebro de los anoréxicos funciona de manera diferente

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Desde la Universidad de Pittsburg, una investigación arroja nueva luz sobre un problema tan actual y grave entre los jóvenes como la anorexia. Según el estudio, el cerebro de las personas que sufren este tipo de enfermedad no funciona igual que el del resto. Algo que permite averiguar la propensión de las personas a sufrirla, a tenor de su carácter.

Su mente no funciona como la de los demás. Sus respuestas ante el placer y la recompensa están alteradas y se preocupan más de lo normal por las consecuencias de sus acciones. Según un trabajo, las personas que poseen estas peculiaridades son más propensas a desarrollar comportamientos obsesivos que desemboquen, por ejemplo, en la anorexia.

"Este temperamento tiene algunos rasgos positivos. Ser detallista y perfeccionista son aspectos constructivos en carreras como la medicina o la ingeniería. Pero llevado al extremo, este pensamiento obsesivo puede ser dañino, que es lo que ocurre en la anorexia", explica el director del estudio, Walter Kaye, especialista en psiquiatría de la Universidad de Pittsburg (Estados Unidos).

El sistema de recompensa del cerebro está formado por varias estructuras que regulan y controlan el comportamiento. Su función es estimular la práctica de determinados hábitos necesarios para la supervivencia, como comer. Ante las acciones de un sujeto, este sistema produce una respuesta positiva o negativa, un refuerzo para que se repita o no ese acto.

En el trabajo dirigido por Kaye, que aparece en el último número de ´The American Journal of Psychiatry´, 13 mujeres que habían superado la anorexia nerviosa y 13 que nunca la habían padecido realizaron un sencillo experimento para detectar posibles diferencias en la actividad cerebral.

El ejercicio consistía en adivinar si un número oculto era mayor o menor de cinco. Por cada respuesta correcta recibían dos dólares, por cada fallo perdían uno y si superaban el tiempo de respuesta sin contestar se les quitaba medio dólar. Una vez ´hecha la apuesta´ aparecía en la pantalla la suerte que habían tenido. Mientras tanto, se analizaban sus cerebros por medio de un escáner.

Sistema de recompensa alterado

Las participantes sanas mostraron un patrón normal de activación del sistema de recompensa, con diferencias marcadas entre una respuesta buena y una mala. Sin embargo, el de las que habían tenido anorexia no distinguía entre ganar y perder. Esta anomalía podría explicar la incapacidad para experimentar el placer y el ascetismo que a menudo presentan estos pacientes.

"Esto influye en el disfrute de la comida –explica Kaye-. Para los anoréxicos es posible que sea difícil valorar el placer inmediato si no se distingue demasiado de una experiencia negativa". Además, indica que las personas que sufren esta enfermedad "no son capaces de identificar el significado emocional de un estímulo, algo importante para comprender por qué es tan difícil que se adhieran a un tratamiento", señala el estudio.

Por el contrario, la actividad en otra región cerebral, el núcleo caudado, era exagerada. Esta estructura se activa cuando el individuo precisa de una estrategia para lograr un objetivo, cosa innecesaria en este experimento dada la intervención del azar. Este fenómeno refleja una preocupación excesiva por cometer errores, por las consecuencias de sus actos.

Los resultados señalan que "los cerebros de las personas con anorexia son distintos" y estas diferencias "persisten durante toda la vida". "Es posible, con mucho trabajo, hacer que vuelvan a comer pero en el fondo de sus mentes parece haber diferencias biológicas que no desaparecen", concluye Kaye.

Dado el diseño del estudio, y que las participantes no padecían en ese momento la enfermedad sino que la habían superado, los autores no pueden asegurar a ciencia cierta que las anomalías observadas contribuyan a la aparición de la anorexia o sean simplemente sus ´cicatrices´. No obstante, existen datos procedentes de otras investigaciones que apuestan más por la primera opción.

Fuente: El Mundo

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