viernes,28 enero 2022
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Manuel Lucas Durán (Instituto Estudios Latinoamericanos UAH)

«El efecto inmediato de eliminar el dinero efectivo sería aflorar de golpe la economía sumergida»

Redacción
Manuel Lucas Durán habla con más claridad y seguridad que otros expertos sobre las ventajas inmediatas de sustituir el dinero efectivo por el electrónico: eliminar la economía sumergida, reducir el fraude fiscal... Licenciado en Derecho y en Ciencias Económicas por la Universidad Pontificia Comillas (ICADE) y Doctor en Derecho por la Complutense de Madrid, este Profesor Titular de Derecho Financiero y Tributario en la Universidad de Alcalá, subdirigió el Instituto de Estudios Latinoamericanos.

– Concluye su investigación que jurídicamente no presentaría mayores problemas la sustitución de efectivo por dinero electrónico que el cambio de normas de desarrollo, pero ¿hay voluntad política para hacerlo en el euro?

Creo que cada vez los entes públicos son más conscientesde las actividades ilícitas que se pagan con dinero en efectivo, pero también en algunas monedas virtuales como los bitcoins. Así, no sólo se han dejado de imprimir en la zona euro los billetes de 500 euros (asociados a prácticas de legalidad dudosa), sino que también la Comisión europea ha propuesto la modificación de la directiva para prevenir el lavado de dinero de 5 de julio de este año, incluyendo obligaciones de información para los gestores de monedas virtuales. Y distintos países han prohibido pagos en efectivo por encima de determinadas cuantías. En definitiva, queda paulatinamente en evidencia que la sustitución del dinero en efectivo por una moneda electrónica dificultaría el lavado de dinero y su uso para fines terroristas y delictivos (trata de personas, extorsión, distintos supuestos de corrupción, fraude fiscal, etc.).

Además, nos movemos en un escenario económico delicado. Con una gran crisis a nuestras espaldas, los intereses financieros de los Estados miembros y de la propia Unión Europea (vía recursos tributarios recaudados) deben protegerse al máximo si se pretende rebajar la deuda pública y el déficit, en línea con los postulados del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Y la eliminación del efectivo plantearía sin duda interesantes expectativas en este ámbito.

Cierto es que tal medida podría afectar determinados derechos fundamentales, como es el caso de la intimidad. Existe una tensión entre, por un lado, una mayor recaudación tributaria y aminoración de tráficos ilegales y, por otro lado, la defensa de la intimidad personal. Sin embargo, entiendo –como defiendo en mi trabajo– que tal tensión puede resolverse adecuadamente y de forma ponderada de manera que todos los objetivos puedan lograrse al unísono.

¿Que efectos tendría  en el sistema tributario español la inmediata y total sustitución del efectivo por dinero electrónico, al margen de proyectos como los anunciados por Santander y bancos internacionales?

 

En mi opinión, el efecto inmediato de tal medida –como sostengo en mi estudio– sería el afloramiento de golpe de la economía sumergida existente en nuestro país (estimada por los profesores Santos Ruesga y Domingo Carvajo en torno al 25% del PIB en un estudio sobre el tax-gap español) . Ello conllevaría un aumento significativo de la recaudación fiscal por los conceptos más relevantes (Impuesto sobre Sociedades, IRPF, IVA, etc.). Habida cuenta de la repentina trazabilidad que tal circunstancia produciría respecto de todas las transacciones económicas habidas en nuestra economía, sería mucho más difícil evadir impuestos por parte de los sectores que aún permanecen en la sombra. O al menos sería posible para la Administración tributaria controlar determinadas rentas y operaciones no declaradas, con lo que ante la amenaza de ser descubiertos aumentaría la declaración espontánea en dichos niveles.

Es, de hecho, el motivo que me incitó a trabajar sobre la eliminación del dinero como vía más efectiva para combatir el fraude y, también, la elusión fiscales. Y por supuesto, existirían otros efectos colaterales favorables, como la perseguibilidad de otros ilícitos como tráfico de productos y sustancias prohibidas, corrupción, trata de personas, etc.

– ¿Cómo hacer evidente que las ventajas del dinero electrónico son superiores a las del efectivo y sus costes menores a los de este, pues algunos estudios sobre tarjetas en Europa como el de Pascual Fernández y Gustavo Matías fueron desatendidos por los reguladores?

Lo que yo planteo es que sean los entes públicos quienes adopten el papel de emisores de dinero electrónico, no los privados. Toda emisión dineraria tiene un coste (papel, impresión, etc.), lo mismo que su gestión, que es asumido por los entes públicos. En realidad dicho coste es mucho menor que el valor facial de la moneda puesta en circulación, por lo que no supone un coste en sentido estricto. 

La sustitución del papel por meros registros contables ya se ha producido con éxito en otros ámbitos, como en algunos mercados de capitales (bolsas) en los que los títulos negociados no están representados en papel como antaño sino en anotaciones en cuenta. Lo mismo podría hacerse con la moneda. El ente público regulador (Banco Central Europeo, en nuestro caso, o sus delegaciones en los bancos centrales estatales) habrían de facilitar sin coste alguno medios de pago del dinero electrónico. Así, por citar sólo algunas posibilidades, se podrían ealizar transacciones monetarias por internet de cuenta a cuenta –tal y como se realizan hoy–, o bien pagoscon el chip incluido en el Documento Nacional de Identidad como monedero electrónico o a través de una aplicación en dispositivo móvil, como puede ser el teléfono.

En el caso de que determinados colectivos no se encuentren familiarizados con tales medios de pago –o por motivos de discapacidad no puedan realizarlo– deberían disponerse también de oficinas públicas para realizar tales pagos. Lo anterior conllevaría probablemente la desaparición de las tarjetas bancarias para realizar pagos, al ocupar ese espacio de forma gratuita los entes públicos.

– ¿Está de acuerdo en que España cuenta con bazas muy sólidas para la banca del futuro? Si es así, ¿por qué no las está aprovechando?

Creo que el cambio que se avecina es tan radical que la banca del futuro podría quedar relegada a su función más propia, cual es el mercado del crédito. En este sentido, las tarjetas bancarias que tendrían sentido serían no tanto las de débito (en la medida que tal medio de pago lo debería proporcionar el respectivo banco central), sino más bien las de crédito. En definitiva, se prestaría dinero al usuario y se cobraría por ello el respectivo interés,  la oportuna comisión o ambas.

Así pues, en mi opinión, el potencial que actualmente tiene el mercado bancario español en cuanto a la cercanía con el cliente (v. gr. gran número de cajeros automáticos, etc.) quedaría en gran medida obsoleto y las entidades financieras probablemente habrían de reconvertirse en el nuevo escenario electrónico.

Mayor mercado se abriría, en mi opinión, para las empresas tecnológicas, en la medida en que se podrían idear medios de pago cómodos y extendidos para una eventual y única moneda electrónica. Desarrolladores de aplicaciones informáticas que permitieran facilitar transferencias de una cuenta a otra del ordenador del banco central podrían pugnar por convertirse en líderes.

– Rogoff esgrimió también razones de política monetaria en 2014 ¿Siguen siendo estas válidas ahora que la política monetaria europea es expansiva y hay menor austeridad facial?

Por lo que sé, efectivamente tanto Summers en 2013 como Rogoff en 2014, siguiendo la estela trazada previamente por Buiter, han considerado que la sustitución del dinero efectivo en electrónico podría suponer una solución para un escenario en el caso de que los tipos de interés fueran negativos. Desconociendo lo que pueda acontecer en un futuro, hoy en día –con Yellen planteándose la subida de los tipos de interés ante una economía que parece recuperarse– quizá no sean razones de política monetaria las que podrían esgrimirse para adoptar una medida tan radical.

Sin embargo Summers y Rogoff también se plantearon motivos de lucha contra el fraude fiscal y la delincuencia organizada para sustituir la moneda en efectivo por otra meramente electrónica. Creo que estas últimas razones serían las que tendrían sentido hoy en día y ciertamente fueron las que me impulsaron a estudiar la cuestión desde un punto de visto jurídico.

– Con ese cambio ¿ganarían más las marcas de tarjetas y dinero de plástico o los bancos?

Algunas marcas de tarjetas (por ejemplo, VISA) han dedicado gran parte de sus esfuerzos en demostrar que el uso de efectivo conlleva mayores tasas de economía sumergida que el uso de medios electrónicos de pago, como las tarjetas de débito y crédito. Sin embargo, como he indicado previamente, la transformaciones económicas que se producirían si desapareciera el dinero en efectivo serían de tal calado que los bancos centrales acabarían reemplazando necesariamente el papel de las entidades financieras privadas como mediadoras de pagos electrónicos. Esto es, desde el momento en que los únicos pagos posibles serían los electrónicos, los bancos centrales deberían proveer a los operadores económicos de los mecanismos necesarios para realizar tales transacciones. Ello conllevaría la ocupación de ese espacio tradicionalmente privado de intermediarios de pago por los referidos entes públicos y relegar a las entidades financieras a su papel tradicional de gestores de crédito.

– Muchos suponen que el dinero electrónico siempre deja huella y podría combatir la economía sumergida, pero en la práctica ¿colaboran los emisores de tarjetas o dinero digital con Hacienda? ¿No es cierto que el bitcoin es incluso más opaco que el efectivo?

Creo que es importante diferenciar, siguiendo al Banco Central Europeo (Virtual currency schemes, October,2012, p. 16) entre divisa virtual y electrónica. La primera es una creación por entidades distintas de los bancos centrales (como sería el caso del bitcoin) y la segunda es un reflejo electrónico de la moneda oficial (expresada, además, en su número de cuenta) normalmente operada por entidades financieras.

Pues bien, respondiendo a la última de las preguntas, las monedas virtuales como el bitcoin pueden ser tan opacas como el dinero en efectivo desde el momento que sus transacciones no tienen por qué dejar huella. Sin embargo los distintos Estados son autónomos en cuanto a la normativa de prevención del lavado de dinero y otros controles. De hecho, el Banco Central Europeo ha señalado los riesgos que las citadas monedas virtuales tienen, como son la volatilidad de su tipo de cambio o de su marco regulatorio. Así pues, podría ocurrir que un determinado Estado prohibiera el pago con bitcoins u otras monedas virtuales como medida de combatir una economía sumergida perniciosa, como indico en mi trabajo, lo cual tendría sentido esencialmente si se elimina la moneda en efectivo. Ello debe ser considerado por quienes utilicen tales divisas.

Por otro lado, la colaboración de las entidades financieras emisoras de tarjetas o dinero electrónico está también sujeta a regulación jurídica. Nuestra Ley General Tributaria obliga a suministrar información a tales entidades cuando son requeridas por Hacienda. También se ha aprobado normativa en virtud de la cual debe comunicarse a las distintas administraciones tributarias datos sobre determinadas transacciones (ingresos en efectivo cuantiosos, etc.) que han sido avaladas por los tribunales españoles. En consecuencia, con el marco regulatorio adecuado, las entidades financieras deben suministrar a la Hacienda Pública determinadas informaciones (sobre pagos, cobros, transferencias, etc.) de las que tengan constancia en su papel de intermediarios, ya sea previo requerimiento administrativo o de forma espontánea bajo amenaza de sanción.

– ¿Cree que las sospechas sobre la opacidad fiscal del bitcoin no deberían frenar el apoyo de los bancos centrales a iniciativas como las de Santander, UBS, BNY y Deutsche?

Entiendo que las entidades financieras buscan medidas innovadoras para cohabitar en un mundo digital y adaptarse a los cambios sociales. Es un reflejo de la I+D+i Empresarial aplicada a su negocio. Sin embargo, como indiqué previamente, el avance a una moneda electrónica oficial emitida por los bancos centrales en sustitución del dinero en epapel y moneda haría en gran parte –si no totalmente–inefectivas las medidas tendencialmente creativas de las entidades financieras en relación con los medios de pago, pues la mayor innovación se habría producido ya de manos del sector público.

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