sábado,28 mayo 2022
Espacio euroiberoamericano de diálogo sobre la innovación social, profesional y académica
InicioOpiniónBlogsEl "Efecto Rebote"

El «Efecto Rebote»

Desde mi trastorno bipolar Me inicié como jurista en el análisis del impacto de las normas en áreas clave de la economía como las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Pero tras irrrumpir varios diagnósticos de trastorno mental grave decidí centrarme en una forma diferente de verme a mí misma como persona. ---- He transitado desde 1995 por los servicios públicos de atención socio-sanitaria en Salud Mental. Me he tropezado con violaciones de derechos, falta de una asistencia humanizada y centrada en la persona como ser integral.Creo que tener un diagnóstico médico de trastorno mental grave no debe hacernos olvidar que somos seres muy valiosos, principalmente por la forma en que tenemos de enfrentar barreras sociales tratando de construir nuevos paradigmas. -En estos no deberían existir obstáculos que nos impidan ser ciudadanos plenos de dignidad y derechos. Espero que este testimonio sirva a los que se inicien en el complejo y a veces iluminador camino de la "locura".También me gustaría compartirlo con responsables de entidades públicas y privadas para descubrir cuánto podemos aportar a nuestra sociedad: una reflexión colectiva sobre qué modelo queremos para tod@s -------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- I started as a lawyer in the analysis of the impact of regulations in key areas of the economy such as new information and communication technologies. But after several diagnoses of severe mental illness, I decided to focus on a different way of seeing myself as a person. I have traveled since 1995 through the public services of socio-health care in Mental Health. And I have stumbled upon violations of rights, lack of humanized and person-centered care. I believe that having a medical diagnosis of a serious mental disorder should not make us forget that we are very valuable beings, mainly because of the way we have to face social barriers trying to build new paradigms. In these there should be no obstacles that prevent us from being citizens full of dignity and rights. I hope that this testimony will be useful to those who are starting out on the complex and sometimes illuminating path of "madness". I would also like to share it with managers of public and private entities to discover how much we can contribute to our society: a collective reflection on what model we want for everyone
Hace algunos meses tome una decisión arriesgada, me fui retirando la medicación. No toda, sino el antisicótico cuyos efectos secundarios me son intolerables (la quetiapina) me hace tener sobrepeso de forma exponencial, me genera síndrome metabólico (exceso de glucosa, diabetes, colesterol), me mantiene como una zombi emocional y me impide desarrollar el esfuerzo intelectual y físico que realizaba antes de mi diagnostico.
Como consecuencia hace dos semanas me devino el llamado “efecto rebote”, que no es más que un “síndrome de abstinencia” (lo desconocía). Resulta que una vez que tu organismo está intoxicado por psicofármacos es incapaz de subsistir sin ellos (es o no es un “síndrome de abstinencia” amigos psiquiatras?) . Y digo intoxicado porque cuando se me recetó en ningún momento se me informó de las consecuencias de iniciar dicho tratamiento.

El sistema sanitario es de perogruyo; no hay tiempo para tratar a un paciente con enfermedad mental, está simplemente desbordado, y en vez de tratarlo con medios menos agresivos se le receta un fármaco con tal grado de toxicidad (en escala siguiente a la quimioterapia) del que ya no podrá prescindir el resto de su vida; ha sido ya como considero “intoxicado”. Y es que los tratamientos se mantienen sine die sin plantearse tratamientos alternativos dado que no los cubre la Seguridad Social (al menos sus costes en medios personales y materiales).

Por otro lado a los psiquiatras les presiona en gran medida la familia cuando un enfermo ha entrado en crisis; dado el escaso nivel de información sobre la enfermedad mental es más fácil y tranquilizador para la familia mantenerlo con psicotrópicos aislado, con todas sus capacidades anuladas, que en un tratamiento a largo plazo donde se implique ésta.Y Por si fuera poco cada paciente de los centros de salud mental tiene como mucho una media de consulta mensual que poco margen de valoración puede dejar al psiquiatra o psicólogo.

A quién beneficia todo este sistema? es evidente; a la industria farmacéutica, y a otros denominados por los neoliberales free riders de partidas presupuestarias. ¿Y ahora nos asombramos de que de repente seamos el primer país de Europa en la prescripción de psicofármacos? Los médicos no tienen tiempo para abordar la soledad, el individualismo, los efectos de una crisis económica en la salud de la población.

Y no nos damos cuenta de que hemos llegado a tal estado por la necesidad que tienen los poderes neoliberales de que perdamos todo sentido crítico, por la falta de transparencia de los centros de decisión políticos. Ya decía el psicólogo social Erich Fromm en 1970 (el filósofo que abordó las causas del nacimiento del nazismo en la sociedad alemana)  que la salud mental  como criterio válido para todas las culturas venía determinada por un sentimiento de identidad basado en el sentimiento de sí mismo como sujeto y agente de las propias capacidades, por la captación de la realidad interior y exterior a nosotros, es decir, por el desarrollo de la objetividad de la razón.

Este criterio coincide en lo esencial con las normas éticas postuladas por los grandes maestros espirituales de la humanidad (Akh-e-Aton, Moisés, Confucio, Lao-Tsé, Buda, Sócrates, Jesús…). A priori dichas enseñanzas se basan en un pofundo conocimiento racional del hombre, de forma que sus preceptos no serían más que las recomendaciones de una ética humanista de la realización.. Ahora bien, este concepto también implica una propuesta social, ya que supone afirmar que no es el individuo el que ha de adaptarse a la sociedad, sino ésta a las necesidades del hombre.

Así lo avala el concepto de salud que propone la Organizacón Mundial de la Salud; la salud no es sólo la ausencia de enfermedad, sino la plena realización del hombre en todas sus facetas y para todas las individualidades.

Del resultado del debilitamiento de los sistemas públicos de salud, de los recortes presupuestarios a medios alternativos a los farmacológicos resulta que no hay suficientes recursos para derivar a pacientes como nosotros, con trastornos crónicos a psicoterapia, y menos para fomentar políticas educativas en hábitos saludables de salud; educar e informar a la sociedad sobre los riesgos a los que todos estamos expuestos a sufrir estos trastornos.

Pero ello no nos debe llevar a pensar que es debido a una falta objetiva de recursos, sino a la influencia de estos lobbies en los decisores públicos, en las políticas presupuestarias.

No nos debemos conformar con que ante el más mínimo indicio de trastorno se nos prescriba un fármaco que a largo plazo va a traernos más consecuencias negativas que positivas a nuestra salud.

No nos podemos dejar llevar tan fácilmente; debemos demandar la coordinación de nuestra sanidad con todos los resortes sociales, educativos, laborales, para que sea la solidaridad, la atención justa y adecuada a nuestra salud , a nuestras diferencias personales, la que impere y no la de algunos lobbies.

Esto es difícil de entender cuando no se ha pasado por la traumática experiencia de que un médico te ponga en la tesitura de tomar estos fármacos o ser hospitalizado en la Unidad de Agudos de un hospital, y ello porque desconocías que acabarías padeciendo “el efecto rebote” . Entonces te preguntas si vivimos en una sociedad dormida por un gran Leviathan que nos permite ser inconscientes de la deriva de nuestros destinos. 

 

De interés

Artículos Relacionados