jueves,21 octubre 2021
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El fin del olvido y la Visibilidad Universal

Vanity Fea
  Un artículo de Jeffrey Rosen en el New York Times este verano: "The Web Is the End of Forgetting" ("La Red es el Fin del Olvido"): "En un libro reciente, Delete: La Virtud del Olvido en la Era Digital, el ciberacadémico Viktor Mayer-Schönberger cita el caso de Stacy Snyder como un recordatorio de la […]

 

Un artículo de Jeffrey Rosen en el New York Times este verano: "The Web Is the End of Forgetting" ("La Red es el Fin del Olvido"):

"En un libro reciente, Delete: La Virtud del Olvido en la Era Digital, el ciberacadémico Viktor Mayer-Schönberger cita el caso de Stacy Snyder como un recordatorio de la importancia del ´olvido social´. Al ´borrar los recuerdos externos´, dice en el libro, ´nuestra sociedad acepta que los seres humanos evolucionan con el tiempo, que tenemos la capacidad de aprender de las experiencias pasadas y adaptar nuestro comportamiento´. En las sociedades tradicionales, donde los pasos en falso se observan pero no quedan necesariamente registrados, los límites de la memoria humana permiten asegurar que los pecados de la gente acaben por ser olvidados. En contraste, observa Mayer Schönberger, una sociedad en la que todo queda registrado ´nos amarrará para siepre a todas nuestras acciones pasadas, haciendo imposible, en la práctica, escapar de ellas. Concluye que ´sin alguna forma de olvido, el perdón se convierte en una empresa difícil´.

A menudo se dice que vivimos en una era permisiva, con segundas oportunidades infinitas. Pero la verdad es que para muchas personas, el banco de memoria permanente de la Web viene a significar cada vez con más frecuencia que no hay segundas oportunidades—no hay oportunidad de escapar de una letra escarlata en el pasado digital de uno. Ahora, lo peor que has hecho es con frecuencia lo primero que todo el mundo sabe de ti".

La idea moderna de una identidad fluida y modelable estaría en peligro. (El self-made man, ideal americano, un término popularizado por Henry Clay en 1832). Internet prometia en principio mayores perspectivas de fluidez en el manejo del yo: avatares, identidades selectivas según círculos sociales, etc. Pero

"Ahora que tanta gente usa una única plataforma para publicar constantes actualizaciones de status y fotos sobre sus actividades públicas y privadas, la idea de una identidad para casa, una identidad familiar, una identidad para el trabajo y una identidad para amigos del instituto se ha vuelto cada vez más insostenible".

Y el aspecto más llamativo de la red es la persistencia de la memoria en ella.

"En febrero, la Unión Europea ayudó a financiar una campaña titulada ´Think B4 U post!´ que apremia a los jóvenes para que tengan en cuenta las ´consecuencias potenciales´ de publicar fotos de ellos mismos o de sus amigos sin ´pensarlo con cuidado´ y pedir permiso".

Y hubo el debate sobre los controles de privacidad de Facebook. Hay una tensión entre la persistencia de la memoria en la red y la voluntad de las personas de mantener una identidad controlable y fluida, "para escapar de nuestros pasados y mejorar las identidades que presentamos al mundo". Así, Michael Fertik formó la empresa Reputation Defender, que hace un seguimiento de la imagen de sus clientes en la web y contacta con los administradores de sitios pidiendo la retirada de materiales indeseados… o puede inflar artificialmente los aspectos positivos o neutrales de una identidad web.  Pero la tecnología de la red avanza y crea problemas: así, ya se empieza a poder buscar fotografías no etiquetadas de una persona, con lo cual la visibilidad universal está más que asegurada. Y hay múltiples agregadores que coleccionan información sobre una persona.

"Cada vez más, estos agregadores en red puntuarán las reputaciones públicas y privadas de la gente, como el nuevo sitio web Unvarnished, un mercado de la reputación donde la gente puede escribir reseñas anónimas sobre cualquier otra persona".

Aún peores, o mejores, serán los servicios y agencias de información y valoración de reputaciones para ligues, para trabajo… Todo esto son cuestiones que plantean problemas legales inauditos hasta ahora. En el nuevo régimen de comunicaciones deberíamos tener la opción, dice Zittrain, de declarar nuestra reputación en bancarrota cada diez años o así como en las bancarrotas financieras (es el autor de The Future of the Internet and How to Stop It). En especial es urgente la legislación sobre la interferencia entre las esferas laboral y privada, y los límites del uso de material privado para la definir la reputación laboral de una personal, o para eliminar información falsa o calumniosa sobre las personas en la red. Son problemas distintos, la información falsa que pueda venir de otros o la auténtica (y dañina) que pueda venir de uno mismo o la falsa que pueda venir de uno mismo, o la auténtica (y dañina) que pueda venir de otros. Si alguna perspectiva se ve en este asunto clara, es multiplicidad de pleitos y grandes ingresos para los abogados pues como es previsible chocan de maneras indecidibles los derechos propios a la imagen y los derechos ajenos a la libertad de expresión (o viceversa). Es difícil detener el proceso del rumor y del word of mouth:

"En general, los jueces norteamericanos sostienen que si le revelas algo a unas pocas personas, no puedes impedirles que compartan la información con el resto del mundo."

Se pueden desarrollar protocolos de caducidad: así, "Google hace no mucho decidió volver todas las búsquedas anónimas después de nueve meses (borrando parte de cada dirección de protocolo de Internet)", y se está desarrollando el sistema Vanish para hacer desaparecer los documentos digitales al cabo de un tiempo. Será relevante hacia dónde se muevan las grandes plataformas: Facebook se ha ido moviendo hacia mayor publicidad, no hacia mayor privacidad. Un estudio de Pew Internet revela sin embargo que los usuarios jóvenes son más conscientes de los peligros de la exposición de la privacidad y más cuidadosos cada vez. Se desarrollan también normas sociales sobre el uso aceptable de los medios: compromisos de no bloguear o no fotografiar tal cosa o evento, etc. y a veces la gente te lo pide explícitamente, conscientes de la nueva Visibilidad Universal: "¿No irás a poner esto en tu blog, eh?"

Los experimentos (además del sentido común) parecen demostrar que la información negativa sobre las personas tiende a ser más llamativa y a durar más tiempo en la memoria que la información positiva.

Estudios realizados por Samuel Gosling y un equipo de psicólogos sobre los perfiles de Facebook muestran cómo se corresponden de manera bastante estrecha y fiable con la manera en que son percibidas las personas en su vida real. Aunque también señalan que la fiabilidad es mayor en el caso de personas sociables y extrovertidas, y menos fiable en el caso de personalidades neuróticas e introvertidas que se aferran a una auto-imagen idealizada (se pregunta uno, claro, si será éste el caso propio…).

Enfatiza Rosen que las nuevas modalidades de comunicación y la visibilidad aumentada de la web requerirá encontrar nuevos protocolos para tratarnos y nuevas maneras de tratar con el rastro digital que dejamos entre otras cosas, nuevas maneras de perdonarnos las impropiedades de imagen cometidas en el pasado. Cierto es que el caso con el que comienza y termina el artículo es terrorífico: una profesora, Stacy Snyder, a la que no se le permitió continuar en su puesto porque aparecía en una foto de MySpace, en sus ratos de ocio, con un gorro pirata y bebiendo. Allí se juntaron el puritanismo, el culto a la imagen de empresa, y la hipocresía. La alternativa a la tolerancia, y al cambio de chip, sería que personajes como los que despidieron a Snyder, los que no toleran este tipo de "interferencias" de la vida privada, sean los que pongan su rasero para determinar qué es lo que hace la reputación de una persona. De estos escarabajos mentales hay muchos más de los que sospechamos, por lo visto, entre quienes promueven el culto a la eficiencia profesional.

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