viernes,28 enero 2022
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El futuro de nuestros puestos de trabajo

Futurolandia
Pienso que entre todos los retos que nos plantea el futuro, el de cómo va a ser nuestro trabajo es uno de los más importantes. Nos afecta a todos y a lo largo de toda la vida, a título personal, familiar y social. Implica tomar posiciones en educación, habilidades y competencias a desarrollar. Pero, además, cómo se desarrolle ese futuro va a condicionar nivel de vida, realización personal, tiempo libre, conciliación familiar o cambios de lugar de residencia.

 Mucho se ha escrito y ya he dedicado varios post a diversos aspectos de la cuestión:"Predicciones de creación de empleo hasta  2020 (12/2/15); "En busca del empleo perdido" (17 y 19/2/15); "Nuevos empleos en 10 años" (26/3/15); "16 habilidades para el siglo XXI" (9/4/15); "La universidad del futuro (2/6/15); "¿Yo invento, tú encuentras empleo y él va al paro?" (9/12/15); "Luditas y que inventen ellos" (22/12/15).

Hoy quiero compartir con mis seguidores algunas reflexiones al hilo de mis últimas lecturas sobre el futuro del trabajo. Empezaré por el informe del World Economic Forum, "The future of jobs. Employment, skills and work force strategy for the Fourth Industrial Revolution", presentado al inicio del reciente Foro de Davos. Según Klaus Schwab, presidente y fundador de esas reuniones, la nueva "revolución industrial" será tan fuerte y veloz como para transformar, en un breve periodo de tiempo, los sistemas actuales de producción, distribución y consumo. Vendrá de la mano de los desarrollos en genética, inteligencia artificial, robótica, nanotecnología, impresión 3D o biotecnología y cambiarán el mundo a escala social, económica y, particularmente, laboral.

En  la introducción del informe se reconoce que "la clave es cómo empresas, gobiernos e individuos reaccionarán a estos desarrollos. Será crítico prevenir el peor escenario (cambio tecnológico acompañado de carencias de ciertos talentos, desempleo masivo y desigualdad creciente) mediante una recomposición y  mejora de conocimientos de los trabajadores actuales".

Una encuesta realizada a responsables de Recursos Humanos de grandes empresas, que representan a más de trece millones de empleados, en nueve importantes agregaciones sectoriales de la industria y los servicios, de quince países desarrollados y de mercados emergentes, avisa de una posible pérdida de unos 7 millones de puestos de trabajo en cinco años compensada, parcialmente por la creación de unos 2 millones de nuevos empleos. Pierden los trabajos de oficina y administrativos (2 de cada 3 bajas) y de manufactura y producción (22% de las pérdidas). Ganan los vinculados a gestión comercial y financiera, dirección, computación e ingeniería.

Personalmente añadiría (opinión ya compartida en  muchos ambientes)  que, una vez reconocido el impacto neto negativo de una evolución tecnológica imparable y positiva en otros muchos aspectos, no puede dejarse sin protección (previa y posterior) a los potencialmente afectados.

De todas formas el futuro nunca está escrito y depende de lo que las sociedades son capaces de construir. La consultora PWC acaba de publicar un documento, "The future of work. A journey to 2022"  que parte del hecho de que las rupturas tecnológicas son la gran fuerza que transformará la forma de trabajo durante los próximos 10 años, pero abre tres posibles escenarios de futuro radicalmente diferentes a los que colorea  como azul, verde y naranja.

El escenario azul es el más continuista, con predominio de las grandes corporaciones. El verde supone un cambio de cultura empresarial más comprometido socialmente, en particular con las alteraciones demográficas, el clima y la sostenibilidad. El naranja apuesta por redes de empresas más pequeñas, con partición de las grandes corporaciones y en que las personas tienen oportunidades para desarrollar sus propias habilidades.

Pero sea cual fuera el mix de empresas y los cambios culturales predominantes, lo que parece evidente es que los procesos formativos a lo largo de la vida tienen que adaptarse a las exigencias de un mundo nuevo del conocimiento y la innovación. A finales de año el director de Educación y Habilidades de la OCDE, Andreas Schleicher, publicó una nueva nota en WEF sobre How can we equip the future workforce for tecnológical change? Os propongo reflexionar sobre algunos de sus argumentos, que personalmente comparto:

  • En el pasado la educación fué acerca de como impartir conocimiento. Pero la economía global no va a premiar a los trabajadores por lo que conozcan, sino por lo que sepan hacer con ese conocimiento.
  • La innovación se produce integrando información de campos muy distintos, lo  que exige aptitudes para trabajar en equipo.
  • Desde la etapa escolar se debe promover un aprendizaje orientado hacia las habilidades, que preparara trabajar en entornos multiculturales más allá de las fronteras nacionales.

Pero todo esto no es sólo un reto de futuro para nuevas generaciones; es una guía para la formación en el trabajo y a lo largo de la vida. El desarrollo de habilidades debe ser ya un componente prioritario de todo esfuerzo de adaptación a un mundo en profundo cambio. Sirvan como ejemplo los perfiles profesionales más demandados por las empresas según el informe internacional Randstad: formación en tecnologías de la información, ingeniería y marketing/ventas, pero con el añadido de capacidad analítica, orientación a resultados y visión estratégica.

Una advertencia final. Todo proceso formativo y toda carrera profesional es una decisión compleja, dependiente de múltiples factores y en que confluyen aspectos económicos con otros de gustos, vocaciones y capacidades personales. Lo que el mercado laboral demanda y retribuye es una información a tener en cuenta, pero otros muchos valores deben tenerse en cuenta.

Antonio Pulido twitter.com/PsrA

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