martes,25 enero 2022
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El gran salto: observar el pasado para imaginar el futuro

Futurolandia
Observar el presente es como mirarse al espejo: se ve lo que eres, pero no da pistas de lo que serás. Fijarse en el pasado es como mirar por el retrovisor del coche: ves lo que se te viene encima pero te puede distraer de adonde te diriges. Para adentrarte en el mañana es necesario pasar al otro lado del espejo; dejar de ensimismarte en tu presente o tu pasado y atreverte en lo desconocido, con todos los riesgos e incertidumbres que conlleva.

El eslogan utilizado por Wharton, la prestigiosa Facultad de Empresariales de la Universidad de Pennsylvania, para su escuela de ejecutivos es: "Ahora invento en lugar de predecir. Soy un visionario". No se trata de renunciar a predecir el futuro, sino de ir un poco más allá, hasta imaginar un futuro que no tiene por qué ser el que parece venírsenos encima nos guste o no.

En el fondo es otra forma de pedir a quien se interna en el intrincado campo de la economía, como hizo Keynes en su momento, que "debe ser matemático, historiador, estadista y filósofo hasta cierto punto(…)para estudiar el presente en función del pasado y pensando en el futuro". Pasado, presente y futuro son partes fundamentales del análisis y la toma de decisiones en la gestión económica y empresarial. lo difícil es encontrar el adecuado equilibrio en cada ocasión.

Un buceador en las oscuras y peligrosas aguas del futuro sin referencias adecuadas de dónde está y de cuáles son las corrientes predominantes, puede fácilmente perderse. Ser un visionario exige saber por dónde está uno moviéndose; sino puede caerse en ejercicios puramente imaginativos de reducido interés práctico.

En el extremo contrario están aquellos que tratan de vislumbrar el futuro como una proyección estable del pasado. Prácticamente nadie cae en la ingenuidad pensar que el mañana será igual que el hoy o el ayer, pero sí es habitual trasladar a futuro las tendencias más inmediatas.

En temas económicos, extrapolar la evolución pasada, sobre todo a medio y largo plazo, es una simplificación que conduce a altos costes en la gestión personal, empresarial o pública. Un tipo de interés al alza, un precio del petróleo a la baja, un mercado en expansión o un producto con demanda creciente, no son siempre manteníbles en el tiempo. Una predicción continuísta es un ejercicio numérico limitado de escaso valor añadido, por muy complejas que sean las técnicas estadístico-econométricas que se utilicen.

Pero incluso las leyes del pasado, las"estructuras" de comportamiento, cambian permanentemente. Hace años, en unas conferencias que daba en la Universidad de Rosario, Argentina, algunos de los profesores asistentes, que habían seguido un posgrado en EEUU, me confesaron su decepción con los modelos empíricos que se construyen con series temporales y reproducen, por ello, a futuro comportamientos del pasado. Me decían: "Los modelos econométricos son conservadores por naturaleza y no valen en economías cambiantes y desequilibradas como las latinoamericanas, en que lo que ya sabemos es que nuestra situación y trayectoria son inaceptables a futuro".

No es cierto que todas los modelos y técnicas de predicción tegan que reproducir a futuro estructuras de pasado, pero sí lo es que esta forma de proceder es habitual. Y además la crítica no vale sólo para economías emergentes en un mundo en cambio continuo y acelerado.

Hace unos dias escuchaba en la radio una tertulia sobre el futuro de las pensiones. Un tertuliano avisaba de que las pensiones garantizadas por el Estado y sostenidas por un sistema de reparto intergeneracional, estaban condenadas a disminuir progresivamente con el paso del tiempo en una economía envejecida y con altas tasas de paro: "sólo había que echar las cuentas". Otro tertuliano, furioso con esta afirmación, avisaba que esa situación de deterioro nunca se produciría "porque sería una injusticia tal que llevaría a cambiar las reglas ante la presión social".

Personalmente no tengo una respuesta concreta ante este  u otros retos de futuro. Pero que sí tengo claro es que los datos del pasado deben formar parte del análisis, que ayuden a vislumbrar las posibles consecuencias de cualquier decisión de cambio del sistema, sin que limiten las opciones múltiples de futuro de una sociedad abierta y  siempre en transformación.

El futuro es imaginación, innovación, cambio, que exige mentes progresistas. El pasado es certeza, realismo, estructuras establecidas, campo idóneo para razonamientos conservadores. Un ciudadano tanto como un técnico en cuestiones económicas,  del mundo de hoy (y de siempre) debe mezclar ambas perspectivas: el realismo conservador y el cambio progresista. La cuestión es dar con las dosis correctas en cada caso. Y eso es un tema más ideológico que técnico.

Antonio Pulido @PsrA

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