lunes,29 noviembre 2021
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El doctor José Manuel Ramírez Sebastián, en la RADE:

El ojo, un biomarcador precoz para diagnosticar enfermedades como Alzheimer,Párkinson y glaucoma

Redacción
El ojo puede servir como biomarcador precoz para diagnosticar enfermedades neurodegenerativas,como Alzheimer, Párkinson y glaucoma, que comparten idénticos mecanismos patogénicos: estrés oxidativo, daño mitocondrial, excitotoxicidad por glutamato, procesos de agregación proteica y activación glial, que causan alteraciones en la retina y en la vía visual.Lo dice José Manuel Ramírez Sebastián, Director del Instituto de Investigaciones Oftalmológicas Ramón Castroviejo, de la Universidad Complutense

Dado que el ojo es una extensión del cerebro, señaló Ramírez en su discurso en la Real Academia de adictores de España(RADE), “buscar manifestaciones oculares en patologías cerebrales parece razonable. De hecho, se han detectado varios cambios oculares, que se han caracterizado a través de evaluaciones oftalmológicas en pacientes con trastornos del sistema nervioso central, tales como Alzheimer, ictus, esclerosis múltiple y Párkinson”. En muchos de estos trastornos, agregó, “las manifestaciones oculares preceden a menudo a los síntomas cerebrales, lo que parece indicar que las exploraciones oculares podrían ofrecer un medio de diagnóstico precoz”.

 

El Párkinson, dijo, es un trastorno neurodegenerativo crónico que se asocia principalmente con disfunción motora, pero también implica síntomas no motores que pueden incluir déficits visuales. Tales deficiencias pueden manifestarse en disminución de la sensibilidad al contraste, alteración en la visión del color y respuestas anormales en las pruebas electrofisiológicas. Las retinas de los pacientes con Párkinson presentan, entre otras, alteraciones de los fotorreceptores y de las células ganglionares de la retina.

 

Las primeras anormalidades en el sistema visual de los pacientes de Alzheimer se observaron en la década de los 70, continuó Ramírez, e inicialmente se consideraron una disfunción a nivel cortical. Pero los estudios de los últimos 30 años han revelado que todas las partes del sistema visual podrían estar afectadas, incluyendo el nervio óptico y la retina. “En esta patología se han observado cambios anatómicos a lo largo de toda la vía visual y sus correspondientes cambios funcionales, que se han analizado mediante procedimientos psicofísicos. El Alzheimer puede afectar a diferentes aspectos del procesamiento visual, en consonancia con el impacto de la enfermedad en las regiones dorsales y ventrales. Los pacientes que tienen dañada la región dorsal tienen afectadas funciones como la discriminación angular y la percepción del movimiento, y si lo que está dañado es la región ventral, se produce un deterioro en la discriminación de caras, colores y formas”, añadió.

 

La retina, detectora del Alzheimer

 

Tras haberse observado en las retinas ancianas de ratones transgénicos dobles, afectados de un tipo de Alzheimer, depósitos de β-amiloide y acúmulo de tau hiperfosforilada, un estudio post-mortem en retinas humanas confirmó la presencia de placas de β-amiloide en pacientes de esta enfermedad y, posteriormente, Campbell y su equipo detectaron estos depósitos en la retina, observaron sus propiedades de polarización y postularon este proceso como un nuevo método diagnóstico. Por otra parte, investigaciones con resonancia magnética han demostrado una disminución en el volumen del nervio óptico estadísticamente significativa en enfermos de Alzheimer, que no tiene correlación con el volumen cerebral. A su vez, Cuzzo y su grupo han comprobado una disminución de la expresión de la proteína receptora de lipoproteína de baja densidad en los nervios ópticos de once pacientes con Alzheimer en comparación con diez controles, “lo que apoyaría la hipótesis de que esta proteína podría jugar un papel en la fisiopatología de la neuropatía óptica en esta enfermedad. Y el mismo grupo de investigación confirmó degeneración axonal en los nervios ópticos de los pacientes de Alzheimer, hallada previamente por Hinton.

 

Como indicó Ramírez, existe consenso actualmente en que, probablemente, en el Alzheimer la corteza visual primaria se afecte después de alcanzar otras regiones corticales, excepto en una variante que se manifiesta con síntomas visuales tempranos; sin embargo, se han documentado, entre otros efectos: acumulación de placas, ovillos neurofibrilares o disminución del número de neuronas y de densidad de capilares.

 

La mayoría de los estudios publicados han dado como resultado que la sensibilidad al contraste está reducida en enfermos de Alzheimer en todas las frecuencias espaciales analizadas. El papel de esta capacidad visual, subrayó el recipiendario, se subestima a menudo aunque es muy importante para la vida cotidiana de los ancianos y para predecir y evitar el riesgo de caídas.

 

Gracias a la tomografía de coherencia óptica, una técnica de imagen que funciona de forma similar a la ecografía, pero que utiliza ondas de luz de baja coherencia en lugar de ondas de sonido, la capa de fibras nerviosas, las células ganglionares y las capas internas de la retina se consideran biomarcadores indirectos del sistema nervioso central, prosiguió Ramírez, lo que permite predecir hallazgos cerebrales patológicos en los pacientes que sufren diferentes enfermedades neurológicas. Todos los estudios realizados con esta técnica muestran una reducción significativa del espesor de la capa de fibras nerviosas de la retina en afectados de Alzheimer comparados con los controles pareados por edad, concluyó.

 

Investigador del deterioro visual irreversible

 

Licenciado en Medicina en 1978, especialista en Oftalmologia en 1981 y doctor en Medicina y Cirugía en 1983, todo ello en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense, José Manuel Ramírez Sebastián fue escalando sucesivamente todos los niveles y puestos docentes, desde profesor ayudante hasta catedrático, en 2007.

 

Secretario primero y Director después del Departamento de Oftalmologia, Ramírez Sebastián tiene acreditados seis quinquenios de docencia. Su actividad Investigadora comenzó, en 1983, con su tesis doctoral El estudio de la vascularización de la papila del nervio óptico por el método de diafanización y relleno con polímeros de baja densidad, que obtuvo premio extraordinario. Sus campos de investigación se han centrado, principalmente, en la óptica y la optometría, la retinopatía diabética, el glaucoma y, en general, el deterioro visual irreversible relacionado con la isquemia y la inflamación, principalmente. Tiene reconocidos cuatro sexenios de investigación.

 

Ha dirigido dieciocho tesis doctorales y ha publicado cinco libros y ciento doce artículos en revistas indexadas. De los cuales, veinticinco en los diez últimos años, en inglés. Participa activamente en la docencia de postgrado en el Máster de Investigación en Ciencias de la Visión y, en la actualidad es Director del Instituto de Investigaciones Oftalmológicas Ramón Castroviejo.

 

 

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