martes,30 noviembre 2021
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El Envés
Nos educan para producir y para consumir, producimos durante unos años y nos aparcan cuando ya no somos rentables produciendo, pero seguimos siendo consumidores, objetos del sistema.

Los imperios que dominaron a otros pueblos comenzaban por despertar la admiración, se imitaban sus costumbres para sucumbir a un despotismo que desbordaba la injusticia porque deshumanizaba. A pesar de las advertencias de los sabios. No hay más que recordar a los clásicos.

Ahora, el escenario no se circunscribe a unos territorios delimitados por fronteras, su alcance es global y sin alma.

Recuerdo la Ronda del Milenio, en el marco de la Organización Mundial del Comercio, que se propuso fijar el futuro de la economía que regiría la vida de todos los pueblos de la tierra. Fue en 1999, y ya vemos los resultados al cabo de dos décadas.

Participara o no, el ignorante ya no pudo sentirse libre, porque muchos albergamos serias esperanzas de parecidos “encuentros” entre políticos, académicos, profesionales y siempre en la sombra, los intereses y la codicia de bánksters y de plutócratas insaciables. ¿Para cuándo los paraísos fiscales, las SICAV y engendros semejantes?

Los principios rectores no fueron el derecho ni la política, la razón ni tan siquiera la economía, sino las opacas y ubicuas potencias financieras para las cuales somos recursos a explotar y obligados consumidores.

Nos educan para producir y para consumir, producimos durante unos años y nos aparcan cuando ya no somos  rentables produciendo, pero seguimos siendo consumidores, objetos del sistema.

Todo se compra y se vende, se ha confundido valor con precio y vivimos en la locura de tener cuanto más mejor, en lugar de cuanto mejor más; como si el sentido de vivir no fuera alcanzar la personal maduración, la plenitud de querer lo que hacemos. Único camino para poder hacer lo que queramos, que eso es felicidad.

Muchos sabios autores y gobernantes han advertido que los productos culturales no pueden ser tratados como meras mercancías sometidas a la más que discutible ley del mercado. Porque ya sabemos que los mercados son manipulados por intereses transnacionales. Es evidente cómo se empeñan en crear “necesidades” con un incesante bombardeo a través de los medios. Si pudiéramos calibrar la importancia íntima de los incesantes e incontables inputs que recibimos desde que nos levantamos hasta que nos acostamos nos volveríamos locos; porque el bombardeo es continuo, aún y mientras caminamos por las calles o en un medio de transporte público.

Algunas veces lo he comentado en mis clases y les preguntaba qué recordaban de los “productos” que les impactaron, sin ellos ser conscientes, desde la Moncloa hasta nuestra Facultad. Varias veces les puse el ejemplo de las compulsiones que los movían a beber o a comer tales productos que se deslizaron en el curso de una película. Hay estudios bien comprobados sobre los sistemas de colocación de los productos que ni pensábamos comprar, pero que están en la cola de los cajeros de supermercados. Grandes almacenes sin ventanas y hasta, en el caso de Ikea y muchos otros, con una ruta dirigida para que no puedas dar marcha atrás. No hablemos de los “anuncios” en medio de un partido o de una película. Algún día contaré los estudios que se llevan a cabo desde hace décadas, en el consumo de electricidad mientras, en un descanso en los medios, vamos al baño o abrimos y cerramos la nevera. En aquel tiempo, lo necesitaban las compañías de electricidad para que no se fundiesen los “plomos” … y lo aprovecharon los publicitarios comecocos.

Luego están otros bombardeos que recibimos del cañón de la televisión o de otros instrumentos inseparables ya de millones de personas, y sin los cuales parece que no podemos sobrevivir. Nos han hecho vivir enganchados a móviles, y hasta ves a individuos alucinados que caminan conectados a auriculares… yendo con amigos o con sus parejas, que hacen lo mismo

No hay más que ver las salidas de las clases en la universidad, aunque vayan con amigos, tiran de conexión y caminan así, a veces, hasta en los urinarios o en la cola de la barra del bar. ¿Se imaginan las posturas de cabeza porque, en algún momento, no pueden utilizar las dos manos? Ahora muchos ya van “conectados” a lo que reste de cerebro.

El otro día escuché a un alto directivo europeo de Comercio que sostenía que la agricultura no es sólo un medio de ganarse la vida, sino que tiene una función social, cultural y medioambiental. ¿Acaso no lo son las demás profesiones, artes y expresiones del saber?

Salvemos a las personas de la depredación y del desarraigo que deshumanizan. A mi edad, avanzados los ochenta, pero en activo, de acuerdo con las limitaciones naturales, no dejo de asombrarme, de hacerme preguntas, de consultar en los medios y preguntando o permaneciendo atento a lo que “sueltan” en informativos de radio, televisión, letras de canciones y en entrevistas o en algunos programas, al pasar, lanzadas por profesionales de los medios y por sus diz que entrevistados. Pero ni callaré, ni asentiré, ni daré vueltas a la noria.

José Carlos Gª Fajardo

Profesor Emérito, U.C.M.

 

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