jueves,7 julio 2022
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Es deber fundamental del próximo Gobierno garantizar que España sea un oasis de tranquilidad

Economía sin dirigir
Los datos este verano no podían ser más favorables para el sector turístico: una sofocante ola de calor y una larga lista de reservas en hoteles, tanto de costa como de montaña, pero ¿a qué se debe esto?

Como muchos españoles,  paso unos días de vacaciones en un pequeño pueblo de la provincia de Alicante. Este durante la época estival no llega siquiera a los 20.000 habitantes. Sin embargo, en estos meses de verano la cifra llega incluso a quintuplicarse, debido al turismo nacional e internacional, principalmente rusos y alemanes, entre otros, que acaparan los conocidos chiringuitos y restaurantes de playa.

Si nos fijamos en cifras oficiales, España hasta mayo, según los últimos datos del INE, recibió 25,2 millones de turistas internacionales. Las previsiones que maneja Exceltur, la entidad que agrupa a las principales compañías del sector, apuntan a que este año se superarán  los 74 millones de visitantes foráneos, frente a los 68,1 millones con los que se cerró el pasado ejercicio.

Frente a estos datos a uno le cabe preguntarse: ¿Ha sido esta mejoría por cambios estructurales del sector?, ¿se han implantado grandes leyes de acuerdo a las necesidades de este sector?, ¿Es una ilusión exógena?

Con respecto a las reformas estructurales, sí se han producido, pero no de cara al mercado español, sino con  una visión de internacionalización del sector, como podemos ver en el caso del grupo Meliá, NH, etc. En cierta medida contribuyen estas reformas a vender la marca España en el extranjero, dando una visión de seriedad y de compromiso con el turista.

Con respecto a la reforma legal, con un Parlamento paralizado por los vaivenes de los pactos de papel mojado, y sin tener todavía una clara candidatura presidenciable desde el pasado 20D , esta  reforma se hará esperar, siendo más que necesaria, de cara a las nuevas formas de hacer negocio con el alojamiento.

Probablemente el punto que genera más quebraderos de cabeza es responder si estamos o no ante un efecto exógeno. Para nuestra desgracia la respuesta un sí rotundo, o para algunos un sí en gran medida. Para empezar,  de enero a mayo. Turquía, Egipto y Túnez perdieron un millón y medio de turistas; de ellos, 1,3 millones terminaron en España. Nuestros principales competidores en el Mediterráneo se encuentran en una situación precaria de cara al turista medio, por no poder ofrecer seguridad y tranquilidad durante su estancia. La actual situación de Turquía en un clima post-golpe de Estado o tras el atentado en el aeropuerto internacional de Atta-Turk nos da una clara señal de por que el turista ha redirigido sus vacaciones hacia España.

Pero no hace falta irnos tan lejos cuando esa misma sensación de inseguridad se ha vivido hace escasos días en Niza tras el atentado del día de su fiesta nacional, o en Alemania tras el acuchillamiento en el metro. Todos estos y muchos más factores exógenos, generan esa venida masiva de turistas a España, con una idea clara en la cabeza: seguridad. Si no somos conscientes de la relevancia de esta, y viendo que el sector turístico es un sector muy volátil, quizá debamos replantearnos si hacemos todo lo correcto, aunque fuese de manera egoísta, por todos los empleos que se derivan del sector turístico o por la gran aportación que representa del PIB.

Por ello es deber fundamental del próximo Gobierno garantizar que España sea un oasis de tranquilidad. El efecto de la inversión en seguridad por el momento es más importantante que la inversión del propio sector turístico, pues se trata de algo que añade valor a nuestra oferta,  y en el extranjero lo saben.

 

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