martes,7 diciembre 2021
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Día Mundial del Urbanismo

España dispara la población que vive en casas mal iluminadas y supera a todos los países europeos

La crisis de la pandemia y los confinamientos enfrentaron a muchas familias con unos problemas de vivienda y pobreza energética que los precios disparados de la electricidad y las incertidumbres sobre el suministro de gas no hacen más que agravar. Pero que también responden a un deficiente desarrollo de las ciudades, cuestión clave este 8 de noviembre, Día Mundial del Urbanismo

España siempre ha hecho gala de su luz natural. Desde el turismo hasta la apuesta por las energías renovables, pasando por el sector inmobiliario, el sol se ha presentado como uno de nuestros puntos fuertes frente a la mayoría de nuestros vecinos.

Por eso sorprende que –según los datos de EUROSTAT– un 10,6% de la población declarara en 2020 que vivía en hogares sin suficiente luz, el peor registro de la Unión Europea. Incluso por encima de los países nórdicos.

Por otro lado, el 10,9% de la población denunciaba problemas para calentar sus hogares en invierno, aunque este porcentaje es menor que el de otros países europeos y nos sitúa en el séptimo puesto del ranking.

Hablar de pobreza energética en España no es ninguna novedad. Menos en un contexto como el actual con los precios disparados e incertidumbre sobre los suministros energéticos por la relación con Rusia y la tensión política entre Argelia y Marruecos –esto último factor especialmente determinante para España–.

Con el precedente de los temporales del invierno pasado, cuando el paso Filomena colapsó el centro de la Península y disparó los precios de la energía –aunque aquel récord ya ha sido rebasado por los de los últimos meses–, los temores de empresas, industrias, pero, sobre todo, millones de familias parecen más que justificados.

El impacto de la pandemia

Los datos de EUROSTAT son de 2020, responden a una situación diferente, marcada por los confinamientos, que obligaron a millones de personas a pasar meses prácticamente encerradas en sus hogares.

En España, el confinamiento general duró de marzo a mayo, el más intenso de la UE durante la primera oleada, aunque las restricciones a la actividad y clases presenciales se prolongaron más tiempo. A esta situación, se añaden los confinamientos domiciliarios debidos a las propias prevenciones sanitarias.

En este contexto, es especialmente llamativo que la tasa de población con viviendas mal iluminadas se haya disparado del 5,6% al 10,6%, mientras la que admite problemas para calentarlas ha aumentado 3,4 puntos, al 10,9%, un incremento sólo superado por Alemania.

Un urbanismo responsable

En este repunte influye la situación financiera de las familias ante la crisis, pero también influye la situación de las propias viviendas, muchas de ellas mal adaptadas para la eficiencia energética.

En este sentido, el Gobierno aprobó un programa de ayuda en materia de rehabilitación residencial y vivienda social en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR) dotadas con 4.420 millones de euros, de los que 450 millones corresponden a incentivos fiscales a la rehabilitación.

Pero medidas como estas se centran en los problemas de calefacción más que de iluminación, que tienen sus propias y diferentes consecuencias para la salud física e incluso mental. 

Un tema crítico este lunes 8 de noviembre, Día Mundial del Urbanismo, que se celebra en más de 30 países para reclamar un desarrollo urbano sostenible no sólo para el medio ambiente, sino para las personas.

Pero el coste de la vivienda y la concentración de la población y la actividad en la órbita de los grandes núcleos urbanos también contribuye a unas viviendas de peor calidad y más oscuras, sobre todo entre aquellos ciudadanos con menos recursos.

 

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