sábado,16 octubre 2021
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Falta formación de imanes y sobra tratamiento policial en las respuestas al islamismo

Marta Morillas Gallego es Máster en Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional por la Universidad de Granada.
Falta formación de imanes y sobra tratamiento policial en las respuestas al islamismo. Estas son algunas de las conclusiones, que publica íntegras Ibercampus.es, de la investigación sobre EL ESTADO DE LAS CONTRANARRATIVAS EN ESPAÑA COMO MEDIDA DE EROSIÓN DEL DISCURSO EXTREMISTA VIOLENTO DE ETIOLOGÍA YIHADISTA, realizada por Marta Morillas Gallego es Máster en Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional por la Universidad de Granada.

Tras haber realizado un acercamiento al estudio de las contranarrativas en nuestro país y atendiendo a la pregunta de investigación del inicio podemos indicar como respuesta que la única iniciativa en este ámbito ha partido desde el Estado, en concreto desde el Ministerio del Interior, la sociedad civil en cambio no ha desarrollado proyecto alguno salvo la campaña Kif Kif con una orientación enfocada principalmente a la islamofobia y algunas respuestas espontáneas que partieron de la población a modo de contranarrativas tras los atentados de Cataluña el 17 de agosto de 2017.

http://seguridadinternacional.es/?q=es/content/el-estado-de-las-contranarrativas-en-espa%C3%B1a-como-medida-de-erosi%C3%B3n-del-discurso-extremista

A la hora de presentar el proyecto Stop Radicalismos desde el Ministerio del Interior se informó de que constaba también de una segunda fase en la que se elaborarían contranarrativas propias que calificaron de seductoras y eficaces adaptadas al público español. El PEN-LCRV se presentó en 2015, su revisión global y evaluación según se recoge en el propio plan se realizaría a los tres años de su implementación, esto es, 2018, aunque hasta el momento no consta que se hayan desarrollado nuevas iniciativas dirigidas a un público autóctono. En cualquier caso dado que la amenaza terrorista previsiblemente continuará siendo un desafío al menos en el próximo cuarto de siglo (Reinares, 2018), desde el Estado se debería abordar la segunda fase del proyecto no sin ser conscientes de que el terrorismo de etiología yihadista ha evolucionado y ahora los relatos e imágenes intentando desalentar a los jóvenes de viajar a las zonas de conflicto para unirse a grupos extremistas violentos han quedado desfasados. Dáesh hace tiempo que exhorta a atentar en los propios países de estos individuos por lo que las narrativas alternativas y contranarrativas que puedan surgir deben tomar en cuenta este hecho. Nos encontramos ante un yihadismo global que en España ha adquirido un componente autóctono desde 2013 hasta la actualidad cuya relevancia está muy próxima al foráneo proveniente en su mayoría de Marruecos. Nos referimos a una sección de población conformada por jóvenes de segunda generación sumidos en un conflicto de identidad, individuos que no se identifican con la cultura de origen ni tampoco sienten apego por su país de nacimiento y este hecho les hace especialmente vulnerables a la propaganda yihadista (Elcano: 2018). Si desde Interior se aborda esta segunda fase también será necesario tener en cuenta el factor offline de la narrativa yihadista donde la figura del reclutador o agente de radicalización resulta esencial en la tendencia actual del yihadismo autóctono, véase el papel que desempeñó el imam de Ripoll en los atentados de Cataluña de 2017.

En lo referente a la hipótesis de trabajo se han acotado algunos de los factores más significativos que han influido en la carencia de iniciativas de contranarrativas en España y tras su análisis se llega a varias conclusiones. En primer lugar nuestro país continúa con la asignatura pendiente de regular la formación de los imames como alienta el Consejo Europeo hace más de una década. Desde la Administración no existe aún la consciencia de que los líderes religiosos musulmanes son los únicos que poseen una autoridad moral capaz de deslegitimar los argumentos de la narrativa extremista violenta, potestad de la que carecen las instituciones. Si se quiere rebatir ideológicamente el yihadismo resulta esencial involucrar más activamente a los imames españoles con el fin de crear un Islam autóctono generador de un discurso conformado por valores identificables para la sociedad musulmana española que sea capaz de socavar la credibilidad de la propaganda yihadista.

En cuanto a las comunidades islámicas existentes en España, 2017 fue un año de inflexión para la Comisión Islámica Española, las rivalidades entre UCIDE y FEERI dieron paso a la elección de un único Presidente, Riay Tatary, y a la aprobación de sus estatutos. Está por ver si esta nueva situación dará lugar a una estabilidad entre la diversidad de corrientes de los fieles que fructifique en un discurso aglutinador del Islam español frente al reto que supone la ideología de etiología yihadista.

La tercera causa que se ha tratado en el trabajo ha sido el programa de desradicalización en los centros penitenciarios españoles. Resulta complicado analizar este factor debido a la escasa información que el Ministerio del Interior ha facilitado en relación al Proyecto Saladino, en cualquier caso la orientación del plan no es conformar voces de exradicales que puedan erosionar la narrativa yihadista sino trabajar en la prevención de la radicalización de reclusos en el interior de las cárceles españolas a través de un proyecto conformado por funcionarios de prisiones y especialistas. Desde algunos métodos alternativos europeos se incide en la posibilidad de desradicalizar a los presos yihadistas con la intención de conformar voces que puedan restar credibilidad al discurso de “justificadores” y “morales”, véase el modelo Aarhus en Dinamarca o el método que lidera el imam franco tunecino Mohamed Loueslati en la ciudad francesa de Rennes.

El siguiente factor al que se hace referencia es el papel de las víctimas del terrorismo, ellas y sus asociaciones son verdaderos ejemplos de resiliencia, la conclusión que podemos alcanzar como sociedad es que la experiencia de las víctimas es un potencial que podría canalizarse en su formación como agentes de prevención con el fin de desmentir la estrategia comunicativa del extremismo violento por medio de las contranarrativas. En este sentido España tiene la ventaja además de contar con un importante número de asociaciones en entornos locales, ámbito que genera más confianza y credibilidad a la hora de trabajar narrativas de choque. No obstante tal como se ha visto el papel de las víctimas hasta el momento se centra básicamente en la prevención, aunque se debería aprovechar la circunstancia de que las historias con protagonistas reales funcionan en el ámbito de la comunicación pública según apuntan redes de trabajo como RAN.

La conclusión que se alcanza tras abordar los programas institucionales de prevención de la radicalización como Stop Radicalismos y PRODERAI es que el enfoque mayoritariamente policial con el que se les ha dotado no ha favorecido el desarrollo de un planteamiento distinto como son las contranarrativas. Stop Radicalismos en concreto presenta la dificultad de establecer el criterio subjetivo de un ciudadano de a pie como único indicador a la hora de detectar un posible caso de radicalismo violento, de esa manera el proyecto puede resultar contraproducente ya que se corre el riesgo de estigmatizar a un determinado grupo social que puede sentirse señalado. En relación a PRODERAI su propia denominación ya resulta controvertida por calificar de “islamista” el proyecto, el nombre de la medida se aventura a poner el foco en un determinado colectivo que puede generar un estigma social aunque posteriormente se modificó el nombre del protocolo a Prevenció, Detecció i Intervenció de Processos de Radicalització als Centres Educatius. Este programa al contrario que Stop Radicalismos sí identifica indicadores en la adopción de conductas extremistas con el objetivo de denunciarlas aunque tal orientación presenta deficiencias si tenemos en cuenta que tales indicadores en si mismos no son significativos de radicalización, véase por ejemplo la dificultad para la gestión de las emociones de un alumno, su escasa motivación para el estudio o la baja participación e implicación de su familia en el procesos escolar de su hijo y en la vida del centro.

Con el tratamiento actual del plan las voces críticas cuestionan por qué asignar a los docentes el papel de detectores de conductas extremistas en lugar de hablar sin prejuicios en el ámbito educativo sobre los riesgos que entraña la ideología yihadista o por qué no facilitar herramientas a los jóvenes a través de narrativas alternativas que generen un debate ideológico, una batalla de ideas que les empodere y les forme en valores capaces de vaciar de contenido las narrativas extremistas violentas.

Desde asociaciones y oenegés como se indicaba en el último factor se ha evitado poner el foco en la comunidad musulmana por temor a estigmatizarla y a empañar la relación con sus miembros de ahí el escaso interés por desarrollar contranarrativas cuya metodología implica definir claramente la audiencia objetivo para resultar efectivas. Sin embargo cabe destacar que se percibe un cambio de rumbo que podría invertir este hecho y es que en 2017 se presentó el I Plan Transversal por la Convivencia y la Prevención de la Radicalización Violenta en la ciudad de Málaga [6], experiencia piloto enmarcada en el PEN-LCRV centrado en la prevención, primer pilar que la Unión Europea establece en la lucha contra la radicalización, aunque el valor añadido que ofrece este plan es su carácter transversal. Se trata de un proyecto compuesto por un equipo técnico de perfil interdisciplinar de intervención social responsable del desarrollo del programa con la ayuda de varias estructuras entre las que se encuentra una mesa de trabajo para abordar iniciativas de contranarrativas formada por profesionales de servicios sociales, expertos en la materia, personal del Foro por la Paz en el Mediterráneo y la Universidad de Málaga. Tendremos que esperar a ver los resultados del plan que están fijados para el año 2020, en todo caso para desarrollar campañas de contranarrativas exitosas se tendrá que atender a tres elementos clave que pueden extraerse de la realización de este trabajo. En primer lugar las iniciativas de contranarrativas están enfocadas en la mayoría de los casos al entorno online aunque la relevancia de la radicalización offline ha quedado manifiesta en los últimos estudios que sostienen que el contacto físico con una persona o red social es el factor decisivo a la hora de que un individuo pase del pensamiento radical a la acción violenta (Gill, 2017: 1), las contranarrativas por lo tanto deberán ir cada vez más encaminadas a iniciativas offline cuyo destinatario sea el individuo “justificador” sujeto a convertirse en “moral”.

En segundo lugar se debe prestar especial atención al diseño de su contenido puesto que el carácter defensivo del discurso de las contranarrativas presenta la desventaja, según sus detractores, de estar siempre a la expectativa del discurso yihadista para crear posteriormente su propio mensaje. Si eso ocurre la narrativa del adversario marca la tendencia de la información, condiciona el mensaje y se corre el riesgo de concederle el papel de interlocutor que no debe corresponderle al terrorista.

Por último las contranarrativas se enfrentan a la dificultad de probar su efectividad ya que apenas existen análisis empíricos ni investigación académica en este ámbito. Redes de trabajo como RAN alientan a abordar el seguimiento y la evaluación de los proyectos, recomiendan identificar los indicadores de éxito que se pueden medir y averiguar el mejor modo de supervisarlos para poder ajustar el objetivo de las distintas campañas, todo ello con el fin de crear iniciativas que aporten nuevos datos y un valor añadido al estudio académico y análisis experimental de las contranarrativas que obstaculicen el desarrollo de las ideas extremistas violentas en las sociedades actuales.

 

Marta Morillas Gallego es Máster en Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional por la Universidad de Granada

 

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