lunes,6 diciembre 2021
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La profesora Fanny Rubio, de la Universidad Complutense

Fanny Rubio, perfil de una profesora universitaria

Universidad y futuro
A menudo hacemos un retrato muy poco fiel y valioso de lo que es ser profesor en la Universidad. Este texto es un retrato de una profesora de la Facultad de Filología que reúne en su docencia virtudes y talentos que la convierten en una persona con un valor único, especialmente hábil para transmitir la experiencia y el conocimiento de su campo, y sobre todo, para hacer nacer, crecer y desarrollarse el verdadero conocimiento universitario.
Hace muy pocos días estuve presente en una lectura de poemas con motivo del Día de la Poesía en la Facultad de Filología de la Universidad Complutense. Esta Facultad tiene siempre un aura entrañable de verdadera vocación universitaria, pues sus alumnos, en muchos casos, aman profundamente lo que estudian y acuden allí por pulsiones bien profundas, lo que le da ese carácter tan especial al Centro.

La profesora Fanny Rubio, que es Catedrática allí, hizo la Introducción, y luego leyó algunos versos de los autores homenajeados en el acto, como eran Vicente Aleixandre y Miguel Hernández. Es habitual, que en los entornos filológicos, y por la tendencia de moda académica, los expertos hagan grandes exposiciones muy completas y ricas, pero infatuadas o relamidas, y a veces hasta competitivas o blindadas de erudición, en las que se pierde completamente la experiencia poética, digamos que por exceso de celo.

Pero la profesora Fanny Rubio mostró una simplicidad en su modo de transmitir y mostrar una sabiduría profunda, centrada, y  exacta, que me impresionó profundamente. Sobre todo, por su tono, su actitud y por esa capacidad erudita pero libre,  amiga y enseñante, que transmitía a los estudiantes, completamente desnuda de todo ripio, de solemnidad o cursilería, la experiencia poética.

 

En un buen profesor, sea de poesía o de los contenidos que sea, no hay impostación ni autoridad infatuada, no hay falsedad y sí un rasgo muy característico, que yo llamo simpatía universitaria, o compañerismo universitario. Es una capacidad solar de extender la complicidad con el conocimiento, la apertura hacia el universo y sus secretos, y al mismo tiempo, una sencillez, una humildad incluso, que son rasgos propios del auténtico profesor de universidad, que pone todo al servicio de la comunicación.

En una auténtica profesora, como Fanny Rubio, la sabiduría se expande como se expande el agua fluida. Introduce a los estudiantes en un medio, en una atmósfera, en un universo, de manera libre, como se va uno de paseo, como se aventura uno en un jardín. Como si invitara uno a los estudiantes a conocer el jardín del conocimiento y la creación humanas, visita apasionante que solamente alguien que la comparta con nosotros nos puede permitir. Ese saber hacer, esa gentileza, es el rasgo del profesor de universidad. Y no otras memeces acreditadas o indexadas.

Hay una necesidad de que los profesores sepan adentrar con naturalidad a los alumnos en el conocimiento, y eso se consigue con la sencillez o simplicidad. Hay incluso, en el fondo, una relación infantil o juvenil,  hasta maternal, que se basa en ayudar a hacer surgir experiencias brindadas a una comunidad de iguales, que permite transmitir espíritu e ideas a la nueva generación.  Para mí, eso es la Universidad: el mundo donde la libertad se convierte en la atmósfera que transmite el verdadero conocimiento. 

 

En la verdadera universidad se crea un auténtico milagro. La libertad de pensamiento, el libre acceso al conocimiento, el largo tiempo cedido a la formación, constituyen una atmósfera, un campo. La universidad es un campo en el que se aprende la esencia de lo que es la vida. Y por eso tiene todas las características del campus, en el sentido de mundo donde se ofrecen con amistad los frutos del conocimiento humano a sus verdaderos poseedores que son los jóvenes, y para ello, hay que crear amistad, hay que crear una relajación primaveral de las tensiones, peligros y amenazas de la vida, para poder sembrar una actitud que es clave, la valentía y el coraje de cambiar el mundo, de abrazar las tareas, de progresar.

Eso solo se consigue en un mundo que protege la libertad, camaradería de iguales, por medio de auténticos profesores como Fanny Rubio. Incluso en un mundo muy formalizado, muy ensalzado en sus bellezas, como el de la poesía, hay que tener la libertad, la simplicidad, la familiaridad, que nos pone a la misma altura de sus grandes creadores y de la naturaleza que plasmaron.

 

Así, un profesor universitario es un valor social único y maravilloso: en realidad es un raro especímen que abandona la impostación erudita o la pompa del sabio para comunicar a los chicos, en una verde extensión de libertad e igualdad de trato, las raíces profundas del conocimiento, la acción y el compromiso, que son la verdadera formación. Con esa anchura regalada para que, desde ese alma máter, se permita nacer, con la necesaria suavidad, seres libres y comprometidos.

 

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