viernes,3 diciembre 2021
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Ramón Tamames Gómez / Profit Editorial / 272 páginas

Frente al apocalipsis del clima: La lucha contra el calentamiento global. De Río-92 a París-2016

Redacción
El catedrático de Economía y expolítico Ramón Tamames dedica este libro a todos los que consideran las posibilidades del planetaTierra como infinitas… para que reflexionen sobre sus límites naturales, tras recordar lo escrito por San Juan, en Apocalipsis: "Bienaventurado el que lee, y los que escuchan las palabras de esta profecía, y los que observan las cosas en ella escritas, pues el tiempo está próximo. Ved lo que viene en las nubes del cielo… y se lamentarán todas las tribus de la tierra"

Entre las muchas especialidades a las que llega el inconmensurable interés y talento intelectual de Ramón Tamames destaca la ecología o medioambiente. Al cumplir los 70 años y jubiliarse en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), profesores, alumnos y amigos le dedicaron un libro de homenaje donde se repasaban la veintena de ámbitos en los que ha aplicado su reconocida sabiduría, y entre ellos destacaban múltiples intersecciones por la ecología, como la botánica, el excursionismo, la literatura y otras diversas manifestaciones de su activismo y vitalidad.

Ahora vuelve a practicarlos en otro libro destinado a crear conciencia del porvenir o no de la humanidad. Y nos recuerda desde la contraportada que, desde el último tercio del siglo XX, el mundo, además de enfrentarse al peligro de una tercera guerra mundial nuclear, percibió el claro deterioro de sus grandes equilibrios ecológicos. Lo que en las postrimerías de la centuria llevaría a poner énfasis en la lucha contra el calentamiento global y el cambio climático, a partir de la Cumbre de la Tierra (Río-92), cuando se firmó la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre cambio climático.

Actualmente, esa cuestión constituye el mayor problema a medio y largo plazo de la humanidad, pues de no ir hacia una sociedad descarbonizada, la subida de las temperaturas más allá de dos grados por encima de la era preindustrial, nos haría entrar en una situación irreversible: la biosfera dejaría de ser un hábitat hospitalario de todas las especias, para convertirse en un mundo cada vez más inhabitable.

El clima de la Tierra nunca ha sido el mismo, y dentro de él ha habido cambios espontáneos importantes a lo largo de los cientos de miles de años de que se tienen registros de temperaturas y de contenidos de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Sin embargo, los cambios que ahora se están produciendo, ya no se deben a fenómenos naturales —como las alteraciones en la radiación solar, o la mayor o menor inclinación del eje planetario—: son, definitivamente, de origen antrópico. En un mundo muy complejo, que ya no es el del Neolítico con poco más de diez millones de seres humanos; sino que se trata en un planeta hominizado que aceleradamente se situará en los 11.000 millones de terrícolas en 2100.

En este libro se estudian los fenómenos comentados, y los esfuerzos de la comunidad internacional. A partir de 1992, con la citada Convención de las Naciones Unidas, y desde 1997 con el Protocolo de Kyoto. Lo cual no significa que las soluciones estén ya en el horizonte; pues la acumulación de CO ₂ es cada vez mayor, y el calentamiento y otras alteraciones climáticas no dejan de crecer. Ante lo cual, esa es la esperanza, empieza a haber una conciencia ecológica, así como el diseño de los mecanismos para controlar la situación. En la expectativa de que aún podemos llegar a tiempo: con una serie de acuerdos y decisiones que se estudian en estas páginas, incluido el Acuerdo del Clima, de París, noviembre/diciembre de 2015.

Prólogo de Ramiro Aurin

En el prólogo, Ramiro Aurin, Ingeniero y luego profesor de Caminos por la Universidad Politécnica de Catalunya y pionero en la ingeniería ambiental en España, recuerda que este Acuerdo que los EEUU no quisieron que fuera Tratado para facilitar su paso por el Senado y consiguientes problemas por parte de algunos republicanos, viene a sustituir al Protocolo de Kyoto, establecido en 1997 y con caducidad en 2020. También que fue en la Convención Río-92 donde se aceptó que la subida de temperatura del planeta y el consiguiente cambio climático, tienen un carácter antropogénico cada vez más evidente. En línea con lo previsto por diversidad de estudios científicos, desde los trabajos de Svante Arrhenius a finales del siglo XIX, pasando por Charles David Keeling, hasta Wallace Broecker; el primero en emplear, en 1975, la expresión «calentamiento global». Un fenómeno que se produce a causa de las emisiones de los gases de efecto invernadero (GEI), principalmente CO2, N2O (óxido nitroso), y metano (CH4); que generan la elevación de la temperatura de la Tierra, como a pequeña escala sucede dentro de los invernaderos.

A partir de tales apreciaciones, y con cálculos cada vez más sofisticados, que suministra sobre todo el Panel Internacional de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), con científicos de todo el mundo, dependiente de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), y del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), puede afirmarse que el futuro es preocupante; si no se cambian los modelos energéticos de la sociedad humana, al final del siglo XXI, se superaría, en 6ºC, la temperatura media de la era preindustrial, desencadenándose de aquí a entonces situaciones climáticas irreversibles y catástrofes en cadena asociadas a las mismas.

 

¿Y cuáles son las situaciones que podrían hacerse irreversibles y que van evidenciándose cada vez más?: la fusión de hielos polares y glaciares de todo tipo, con la consiguiente subida del nivel del mar; la menor salinidad de los océanos, con posible desviación de las corrientes marítimas del tipo de la del Golfo; la acidificación de los mares, con fuertes pérdidas de biodiversidad; la desertificación creciente, la mayor proliferación de incendios de bosques; así como interacciones imposibles de prever, seguramente en sinergia negativa.

 

Naturalmente, frente a tales predicciones, sigue habiendo «negacionistas», que se permiten recomendar que sigamos quemando, indefinidamente, combustibles fósiles, en una más que temeraria actitud de business as usual. En tanto que en el otro extremo, algunos piensan que cualquier medida que pueda tomarse de cara al futuro, ya será inútil; porque lo que se ha hecho para frenar las tendencias en curso es demasiado poco (too litle) y demasiado tarde (too late), una idea que se simboliza en la expresión TL2. Radicales y negacionistas que se corresponden perfectamente con los Apocalípticos e Integrados de Umberto Eco, y que curiosamente concluyen lo mismo: no hay que hacer nada porque de nada va a servir. Posiciones intelectualmente inanes e improductivas que adolecen además de la indolencia propia del narcisismo.Frente a ellos solo cabe una actitud proactiva, el texto está abierto en su lectura de lo escrito y en su escritura de lo por escribir.

 

Así pues, frente a negacionistas y a radicales del TL2, cabe contraponer que las medidas de mitigación, recorte de emisiones de GEI, y de adaptación al cambio climático (defender ciudades y ecosistemas contra el cambio climático), son buenas per se, a pesar de su imperfección. Asumir esto significa asumir que no va a haber vuelta al punto de partida sino evolución. Nunca hay vuelta atrás ( como algunos querrían, haciendo de su incapacidad proyecto).Y la evolución, como ya preconizó Darwin, no se produce en condiciones normales sino en los umbrales catastróficos. Estamos empezando a adaptarnos, a pensar e implementar seriamente (unos más que otros) cambios en los sistemas productivos, el uso de energías limpias alternativas, cambios en el entendimiento y gestión de los recursos hídricos. Está situación límite a la que nos enfrentamos nos ha hecho tomar conciencia del papel que hemos jugado y que estamos jugando en el planeta como soporte de la vida tal como la conocemos.

 

En todo ese contexto, la Conferencia del Clima de París (2015) fue un gran esfuerzo de superación del fiasco que se produjo en un encuentro anterior, Copenhague-2009, en el que se había previsto llegar a un acuerdo; que entonces resultó imposible, entre otros motivos, por la falta de entendimiento entre China y EE.UU., y también por los efectos adversos de la crisis económica mundial iniciada dos años antes.

 

En cualquier caso, y tal como estaba previsto, el sábado 12 de diciembre de 2015 se aprobó, por aclamación, el texto del Acuerdo de París, con el que culminaron trabajos de muchos años, y como ocurre con el proceso desde el principio, con elogios de una parte por los grandes avances logrados: un acuerdo político de indudable envergadura. Y como siempre, del otro lado fueron muy numerosos los posicionamientos sobre las insuficiencias del Acuerdo, con la predicción de que todo irá de mal en peor. Una dicotomía dialéctica ante la cual lo más recomendable es el análisis del propio Acuerdo, con todo lo que representa, como conjunto de mecanismos para seguir negociando y operar en el futuro. Una analítica que se lleva a cabo en este libro de manera casi exhaustiva. Y por supuesto aplicar el Acuerdo tanto como sea posible, porque frente a la extinción a la que nos llevarían los negacionistas (integrados) o al suicidio al que en medio de la histeria nos conducirían los apocalípticos, Paris, con todas sus insuficiencias, significa el camino de la evolución, el camino de la adaptación. De su alcance real poco se puede decir por ahora.

 

Del análisis de los seis bloques de decisiones previos al Acuerdo y de sus 27 artículos podemos concluir que el Acuerdo constituye un Códice de propósitos y procedimientos para trabajar en relación con ellos desde 2020 hacia 2050; a fin de ir a una sociedad baja en carbono. Y en ese sentido, desde una perspectiva optimista cabe considerar que el Acuerdo de París es, no una hoja de ruta, sino una caja de herramientas para la acción, para ir trazando el rumbo a medida que se navega. De modo que todo va a depender de lo que vaya decidiendo la Secretaría común de la Convención Marco de Cambio Climático de las Naciones Unidas de 1992 y el Acuerdo de París de 2015, y de la percepción mundial de la evolución de la atmósfera, de los bosques, mares, etc. en todo el planeta; para saber lo cual serán decisivos los informes científicos que se sucedan, principalmente los del IPCC.

 

Nadie sabe a donde llegarán nuestros esfuerzos para frenar el cambio climático;  si ya es demasiado tarde para evitar un trágico colapso de la civilización humana, o si como pensamos otros, los caminos emprendidos proactivamente, como el Acuerdo de Paris, nos conducirán a un reajuste evolutivo que nos proveerá un futuro viable pero diferente. Un enigma que pesa con gran fuerza, especialmente si se subraya que entre 2015 y 2020, seguirán emitiéndose GEI sin tope alguno (excepto la treintena de países de la segunda fase del Protocolo de Kyoto, la UE, Australia, Noruega, e Islandia). Se acumularán miles de millones de toneladas de CO2, que van a agravar mucho más el calentamiento global. Pero la incertidumbre está tanto en la naturaleza de la materia (Heisenberg) como de la lógica (Gödel) y en nuestra limitada capacidad para comprender la realidad ex machina (Wittgenstein), y no debe atemorizarnos si no estimularnos a actuar para crear nuevos escenarios posibles, de ahí la necesidad de actuar desde ahora mismo, para que el Acuerdo de París sea efectivo cuanto antes.

 

El Profesor Tamames es además de un reputado economista que ya forma parte de la historia de España, un intelectual comprometido con la causa ambiental, desde la razón y el conocimiento. Así pues su trayectoria y su vocación transversal, tan importante en todo análisis de lo social y en las últimas tendencias metodológicas para el desarrollo de la innovación, lo hacen el agente ideal para la síntesis y el análisis del proceso que lleva hasta Paris 2015 y al acuerdo final al que hay que confiar nuestra acción inmediata contra el cambio climático.

El texto  del Prof. Tamames, cuya preparación se inició hace ya tres años con todos los antecedentes de la Conferencia de París de noviembre-diciembre de 2015, es informativo y comprometido al mismo tiempo, y a imagen y semejanza de su autor nos invita a perseverar  con optimismo por un futuro posible, no sin esfuerzo pero si desde la razón y la confianza en el espíritu humano. Y ojalá que los lectores de estas páginas se incorporen con sus esfuerzos a la gran tarea de lograr un mundo mejor; una Tierra que sea un hábitat hospitalario para todos, en el presente y en el futuro.

Instituto Coordenadas y el autor

El Instituto Coordenadas, que apoya la edición, nace con la vocación de contribuir a la reforma económica y al progreso social tanto de España como del entorno europeo en el que se desenvuelve, es un centro independiente, apartidista y no ligado a ninguna institución política o empresarial que estudia y analiza el diseño e implementación de las políticas públicas y económicas. Es un laboratorio de ideas que tiene como objetivo participar en el debate público desde el rigor de las ciencias sociales y la innovación que requiere el momento histórico en el que vivimos. El Instituto Coordenadas hace propuestas concretas y análisis rigurosos con el foco puesto en el estudio de las instituciones, el impacto de la actividad empresarial y el fomento de la sociedad civil, tal y como se plasma en este libro.

Ramón Tamames nació en Madrid en 1933, y es Doctor en Derecho y en Ciencias Económicas por la Universidad de Madrid, habiendo seguido cursos adicionales en el Instituto de Estudios Políticos y en la London School of Economics. Desde 1968 es Catedrático de Estructura Económica, primero en Málaga (de la Universidad de Granada, entonces), y en 1975 pasó a la Universidad Autónoma de Madrid.

Autor de un buen número de libros sobre economía española e internacional —destacando Estructura Económica de España con 25 ediciones, y Estructura Económica Internacional, con 22—, ha cultivado diversidad de áreas de análisis científico: economía, política, ecología, historia, y cuestiones internacionales. Ha sido consultor de las Naciones Unidas (PNUD) y del Banco Interamericano de Desarrollo (INTAL). Es Doctor Honoris Causa por las Universidades de Buenos Aires, Lima, Guatemala, Pekín y Rey Juan Carlos (Madrid). Miembro del Club de Roma desde 1992, Cátedra Jean Monnet de la Unión Europea desde 1993, Premio de Ensayo Espasa de 1993, Rey Jaime I de Economía de 1997, y Premio Nacional de Economía y Medio Ambiente en el 2003.

En 1977/81 fue miembro del Congreso de los Diputados, y es firmante de la Constitución Española de 1978. Ha recibido los títulos de Ingeniero (ad honorem) de Montes (1998) y de Agrónomos (2009) por la Universidad Politécnica de Madrid. Desde el 29 de enero de 2013, es miembro de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, tras leer su discurso de ingoso, presidiendo la sesión la Reina Sofía.

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