sábado,28 mayo 2022
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García San Miguel, un jurista independiente

La Nueva España
Catedrático de Filosofía del Derecho, asturiano en Madrid, centrista comprometido, amigo de sus amigos pero más aun de la verdad, siempre nadó a contracorriente

El pasado 17 de este mes falleció en Madrid, a los setenta y siete años de edad, Luis García San Miguel Rodríguez-Arango, catedrático emérito de Filosofía del Derecho de la Universidad de Alcalá de Henares, asturiano ejerciente -era descendiente del político y general liberal Evaristo San Miguel- aunque no desde el punto de vista profesional y esclavo de sus convicciones: nunca militó en grupos académicos o políticos, lo que le valió un cierto ostracismo. Con origen en la izquierda, durante la transición apostó por la reforma en vez de la ruptura, confiando en la capacidad de evolución del franquismo y desconfiando de la fuerza de los partidos democráticos, lo que suponía un anatema. Editó los apuntes de Leopoldo Alas, «Clarín».

Luis García San Miguel Rodríguez-Arango, catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de Alcalá de Henares, fallecido el pasado 17 de este mes en Madrid a los setenta y siete años de edad, fue uno de esos asturianos irreductibles, fiel a sus ideas -casi siempre a contracorriente- y por lo tanto difícil de asimilar por grupos y banderías, lo que equivale a encontrarse con muchas dificultades en la vida profesional, en la vida académica e incluso en la vida social. Sobre todo, muchas más dificultades de las que suelen encontrar los que, en el polo opuesto de esa conducta, se alinean con extrema facilidad.

En palabras de Leopoldo Tolivar Alas, catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de Oviedo, García San Miguel era «un intelectual de primer orden, un referente en el pensamiento español de la transición».

 

Matías Rodríguez Inciarte, vicepresidente del Banco Santander, ministro con Suárez y pariente de García San Miguel, escribía anteayer en estas páginas que el catedrático recientemente fallecido había sido «un arquetipo de los mejores valores de la transición política: la tolerancia y la concordia, a las que añadió un sentido del humor muy peculiar que empezaba, cosa infrecuente en nuestros compatriotas, por no tomarse demasiado en serio a sí mismo.

Fue, al mismo tiempo, una personalidad recia que sufrió en carne propia los avatares de la intolerancia política y pagó un alto precio en su carrera académica por mantenerse fiel a una línea de pensamiento socialdemócrata teñida, más tarde, de suave liberalismo y que encajaba mal con las ortodoxias radicalmente conservadoras que prevalecían durante el franquismo en su disciplina académica: Filosofía del Derecho».

Descendiente del general y político liberal Evaristo San Miguel y sobrino segundo del historiador Juan Uría Ríu, fue el editor, junto al también catedrático Elías Díaz, de los apuntes de Clarín y, como el propio Díaz -durante la transición, catedrático de Oviedo-, siempre estuvo atento a los requerimientos que se le hacían desde Asturias.

García San Miguel era doctor en Derecho, licenciado en Filosofía y diplomado en estudios europeos por la Universidad alemana del Sarre.

Autor de obras de gran alcance como «De la sociedad aristocrática a la sociedad industrial en la España del siglo XIX» y de estudios, en el otro extremo del panorama social, como los relativos a usos en la Asturias rural y tradicional, se interesaba «sobre todo por la sociedad sin ser sociológico», según Tolivar, «preocupado más por la influencia de la sociedad en el pensamiento que la influencia del pensamiento en la sociedad». En 1987 publicó el ensayo «El pensamiento de Leopoldo Alas, "Clarín"».

El catedrático Ignacio Sotelo, en un artículo aparecido tras la muerte del jurista, indicaba que «su pecado fue haber publicado dos artículos en 1974, recogidos después en su libro, "Teoría de la transición" (1981), donde sostenía que el franquismo podría transformarse de modo que una muy débil oposición democrática no tendría otro remedio que asumirlo. Nada de ruptura ni siquiera una pactada, sino reformismo desde el interior del régimen. Contra lo que entonces muchos pensábamos, García San Miguel estaba convencido de la enorme capacidad de reforma que yacía en el último franquismo».

Al no pertenecer a ninguna de las líneas mayoritarias de la Filosofía del Derecho en España, al no seguir la línea socializante de Elías Díaz ni la conservadora de Elías de Tejada, se convirtió «en un centrista desabrigado», según Tolivar, lo que no impidió que ejerciese el magisterio e incluso el liderazgo en la facultad de Derecho de la Universidad de Alcalá de Henares, de la que fue decano durante muchos años.

Liberal con resabios socialdemócratas, gran conversador, «maestro de sobremesa», afable, independiente, no fue profeta en su tierra, de la que profesionalmente se fue para no regresar aunque constantemente volvía, sobre todo a Llanes, a Vidiago -al que dedicó su libro «Gentes de Vidiago»-, al oriente de la región.

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