lunes,17 enero 2022
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Ante los terratenientes neofeudales del capitalismo digital, "socialización de los datos"

Gestión neotecnológica de la educación: Nuestra soberanía digital, bajo control de las BigTech

Enrique Javier Díez Gutiérrez. Profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de León
¿Cómo la brecha digital durante el confinamiento por la covid-19 ha sido utilizada por las multinacionales tecnológicas (las GAFAM) para expandir sus plataformas digitales en el mundo educativo?´. Responde a esta pregunta en el resumen periódico que sigue Enrique Javier Díez Gutiérrez, Profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de León. Tras explicar en un artículo académico previo que nuestra soberanía digital está siendo puesta bajo control de las Big Tech, los terratenientes neofeudales del capitalismo digital, el autor plantea como alternativas la “socialización de los datos”, así como desarrollar infraestructuras digitales públicas.

En el artículo «Gestión neotecnológica de la educación en tiempos de pandemia covid-19«, publicado en diciembre de 2021 por la revista de reconocido prestigio “Linhas Críticas”, de la Facultad de Educación de la Universidad de Brasilia, analizo cómo la brecha digital durante el confinamiento por la covid-19 ha sido utilizada por las multinacionales tecnológicas (las GAFAM) para expandir sus plataformas digitales en el mundo educativo.

El Washington Post publicó un informe en febrero de 2017, del fondo de inversión del banco IBIS con sede en la City de Londres, donde se decía que las reformas educativas, impulsadas por las fuerzas del mercado durante más de una década era una forma de hacer mucho dinero. Según los datos publicados, el “Mercado de la Educación” estaba moviendo en el mundo unos 4,3 billones de dólares y se esperaba un fuerte crecimiento en los próximos 5 años. El informe destacaba que el sector que más rápido crecía era el e-Learning, en el que se esperaba un crecimiento de un 23% en 2017. Una de las razones aducidas para este rápido crecimiento, según el informe, era la caída de la financiación pública de la educación en todo el mundo, dejando espacio a las empresas privadas para moverse.

Estas grandes empresas saben que un trozo de ese pastel de dinero público destinado a la educación va a recaer en sus manos. Un “negocio tecnológico” que les puede aportar unos dividendos extraordinarios a sus accionistas. Beneficios provenientes de que millones de alumnos y alumnas reciban un material tecnológico pagado por el estado o las familias (Chromebook, Ipad, Tablet, mini-PC…) con software privado preinstalado. Lo cual aumentará hasta límites exponenciales la dependencia tecnopedagógica de esas multinacionales privadas, como denuncia desde hace años el profesor de la Universidad Jaime I, Jordi Adell, condicionando (o dictando) no solo la agenda gubernamental de la tecnología educativa, sino la propia identidad de los docentes más «edtech» que, por ejemplo, incluyen en sus perfiles en las redes sociales sus «certificaciones» corporativas digitales.

Las Big Tech han venido vendiendo desde hace tiempo el relato de que la introducción de tecnología e interacción digital en las aulas supone, sin más, una forma de innovar e incluso “revolucionar” el sistema educativo, al que califican de obsoleto, anquilosado y anclado en un inmovilismo reticente a cualquier cambio. De ahí las diferentes iniciativas, como aquella de dar a cada alumno y alumna de primaria un ordenador portátil, en Uruguay o España. Iniciativa en la que, por supuesto, participaban Intel, Microsoft, la Banca y las operadoras de telecomunicaciones, y que aplaudían los medios de comunicación con grandes titulares: “Un portátil a cada niño de primaria revolucionaría la educación”, “Un PC por niño de primaria, el plan para cambiarlo todo”. Luego vendrían las pizarras digitales, las tablet, que tampoco parece que hayan provocado dicha revolución educativa. Lo que sí han supuesto estas iniciativas es la expansión del “edunegocio” por parte de esas multinacionales de la informática y las telecomunicaciones.

De esta forma las GAFAM se han apoderado de las infraestructuras tecnológicas y digitales de los centros educativos de todos los niveles, se han hecho con el control de los servidores y de la nube como espacio de almacenamiento de datos, así como de la mayor parte de las apps que solo funcionan en el entorno de sus plataformas. Su dominio se extiende desde el software al hardware y comprende ahora incluso el espacio virtual de almacenamiento en la nube. Se han transformado en los reguladores y legisladores del territorio de la comunicación digital de la especie humana. Convirtiéndose en compañías privadas tan poderosas que nuestra soberanía digital y nuestra capacidad de comunicación virtual está en sus manos.

Lo cual supone que los estudiantes desde muy pronto se acostumbran a sus entornos, a sus plataformas, a sus apps, a sus diseños y estética, a sus logos y marcas, y se educan en sus rutinas, sus herramientas, sus claves de interacción, normalizando su forma de interacción. Algo que cuando se ha asumido y a lo que uno se ha acostumbrado es difícil de cambiar. Mientras, simultáneamente, los jóvenes están siendo socializados por estas multinacionales en las habilidades requeridas para el futuro mercado digital y para el consumo de sus productos.

Lo han hecho difundiendo un relato de innovación tecnodigital que poco tiene que ver con la realidad, la mejora de la educación y las necesidades de los sistemas educativos. Más bien con el control de las últimas fronteras del capitalismo: nuestros datos, que se venden para predecir comportamientos. El negocio somos nosotros: extraer información con el fin de convertir a los colegios en una fábrica de datos e información comercializable sobre unos clientes presentes y futuros a los que se quiere fidelizar y donde el sector de las finanzas tendrá aún mejores condiciones para especular y apostar sobre las perspectivas futuras de cualquier niño o niña, escuela o distrito. Es decir, un negocio billonario extractivista que se esconde tras el edunegocio tecnológico.

Nuestra soberanía digital está siendo puesta bajo control de las Big Tech, terratenientes neofeudales del capitalismo digital.

Por eso, este artículo plantea como alternativa que para “asaltar los cielos” habría que empezar por socializar la nube y desarrollar infraestructuras digitales públicas, es decir, poner en manos del común los nuevos medios de producción digital, para avanzar hacia la “socialización de los datos” como bien público y común. Avanzar de forma decidida hacia la democracia digital. Si Internet es esencial para muchas cosas en nuestras vidas, como lo es claramente, ¿no debería tratarse como un bien común de utilidad pública sin fines de lucro? Es decir, la solución desde el bien común sería avanzar hacia el socialismo digital. Y la educación tiene un papel crucial en ello.

Puede leer más sobre ello en el artículo de la revista Linhas Críticas: https://periodicos.unb.br/index.php/linhascriticas/article/view/38813

Enrique Javier Díez Gutiérrez. Profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de León

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