domingo,22 mayo 2022
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El alza global de los precios de alimentos y la falta de acceso a la tierra y el agua amenazan a la población mundial, en especial a la más pobre

Guerras y crisis: Tengo malas noticias

Florentino Rogero, Economista, MBA, Master en Tributación. Ha sido profesor asociado de Universidad Carlos III (UCIII), Escuela de Organización Industriak (EOI), Universidad Antonio de Nebrija
La guerra, las guerras, todas horribles según Virgilio, la negra nube de la odiosa guerra de Aristófanes, fuente de todos los males y de toda corrupción moral para Kant, es de acuerdo con el historiador británico Richard Holmes una experiencia universal que comparten todos los países y todas las culturas y ha estado presente a lo largo de toda la historia de la humanidad.

«Tristes guerras 

si no es amor la empresa”.

Miguel Hernández

La muerte y la destrucción que acompañan a la guerra han sido fuente permanente de inspiración para pintores, músicos, escritores, filósofos, economistas o cineastas. Obras como el Guernica de Picasso, la Sinfonía nº3 «Sorrowful Songs» de Gorecki, Lisístrata de Aristófanes, la Paz perpetua de Kant, Como pagar la guerra de Keynes o Senderos de Gloria de Kubrick se deben a la constante presencia histórica de la guerra y sus horrores. 

A pesar de la denuncia generalizada del sufrimiento humano que acompaña a la guerra, tengo malas noticias. 

Aunque pueda parecernos un error del entendimiento moralmente aberrante a ojos de quienes hemos sido educados en el compromiso con el prójimo de la moral cristiana y/o en el respeto de los valores éticos de libertad, igualdad, justicia y solidaridad, de la democracia liberal, aún hoy, hay quienes consideran la guerra como una necesidad. Así para Hegel «la guerra es bella, buena, santa y fecunda; crea la moralidad de los pueblos y es indispensable para el mantenimiento de su salud moral”. 

Sin embargo, a pesar de la fecundidad de la guerra anunciada por Hegel, tras la II Guerra Mundial Beveridge definía cinco gigantes a los que era preciso destruir para la reconstrucción: la Indigencia, las Enfermedades, la Ignorancia, la Suciedad y la Ociosidad.

Los que creyeron que los derechos humanos eran ilimitados, dejándose atraer por una espiral inflacionista de derechos, aquellos que creyeron que las libertades fundamentales habían sido conquistadas para siempre, los que creyeron que la paz sería permanente y los horrores de la guerra nunca más serían posibles en la civilizada Europa, los que creyeron en el pacifismo naive del no a la guerra y no a la disuasión, los convencidos del pacifismo de bajar los brazos ante el agresor como arma de bondad infalible para conquistar la paz, deben saber que aún hoy, en pleno siglo XXI hay entre nosotros quienes glorifican la guerra, la violencia política y la pobreza como higiene del mundo.

El profesor Florentino Rogero

Estamos cerca de completar el primer cuarto del siglo XXI, un tiempo histórico nuevo que comenzó con los atentados del 11 de septiembre de 2001, un tiempo de desigualdades socioeconómicas crecientes y sucesivos desastres socio ecológicos. 

La crisis financiera global de 2008, la Gran Recesión, que según la OIT significó la pérdida de empleo para más de 40 millones de personas en el mundo, los desastres naturales devastadores cada vez más frecuentes, el huracán Katrina, las inundaciones repentinas en Europa, Filipinas o China, las plagas de langosta en África y Oriente Medio y la proliferación de incendios forestales que han arrasado millones de hectáreas de bosque por todo el planeta, desde Rusia a Australia o Estados Unidos. 

La turbulencia con la que ha comenzado este siglo XXI, se completa con una triada de amenazas globales que se ciernen sobre el futuro de la humanidad, sobre el medio natural en el que se desarrolla la vida y sobre el entorno económico y político. 

Estas amenazas son el shock climático, que puede derivar no solo en una catástrofe climática y económica sino también en una catástrofe política en la que emerjan supuestas soluciones ecoautoritarias de ultraderecha o ultraizquierda, el shock de salud pública global que ha supuesto la aparición de la pandemia provocada por el virus SARS-Cov 2 y la invasión de Ucrania, que, si bien por el momento, es una guerra local que se desarrolla en el este de Europa, por las características militares del país invasor, una potencia nuclear y por el escenario geográfico en el que se desarrolla el conflicto presenta el riesgo potencial de convertirse en el desencadenante de la III Guerra Mundial.

La crisis económica global desatada por la COVID-19 en 2020 fue de una magnitud con escasos precedentes. Provocó un parón de la actividad económica, un doble shock: de oferta (producción empresarial) y de demanda (confinamientos domiciliarios) que desencadenó en 2020 una contracción del PIB mundial del -3,3%, que resultó de mayor intensidad en la zona euro -6,4%. 

A pesar de ello la relajación de las condiciones de confinamiento y la vacunación masiva generaron una rápida recuperación en las economías desarrolladas y en 2021 se registró un crecimiento del PIB mundial del 5,9%, que resultó ligeramente inferior en la zona euro 5,2%.

Cuando tras la incipiente recuperación de 2021, no exenta de dificultades, el mundo anticipaba el final de la crisis económica provocada por la COVID-19 surgió un nuevo desafío para la economía mundial y europea como consecuencia de la invasión de Ucrania iniciada el 24 de febrero de 2022 por las tropas del ejército ruso. 

Este acontecimiento marcará un antes y un después en el orden mundial. Además de la pérdida de vidas en ambos contendientes, de las consecuencias humanitarias sobre la población civil ucraniana y de sus implicaciones políticas y ambientales, tendrá un impacto muy negativo sobre los esfuerzos de construcción de la paz tanto en Europa como a nivel global y representa un nuevo golpe para la recuperación de la economía europea y mundial. 

Antes de la invasión rusa de Ucrania existía un cierto consenso sobre un crecimiento de la economía mundial ligeramente desacelerado para 2022, aunque a ritmos superiores al 4,0%.

Sin embargo, la invasión rusa de Ucrania ha desestabilizado los mercados internacionales de petróleo y gas natural y en general de materias primas. Minerales como el níquel, el cobre o el hierro, oleaginosas como el girasol o cereales como el trigo y el maíz están registrando un intenso incremento de precios.

En el mejor de los casos, con un conflicto bélico contenido en el tiempo y con un acuerdo entre las partes, el impacto sería transitorio, de modo que la senda de recuperación económica global perdería ritmo, pero se mantendría. Sin embargo, de prolongarse en el tiempo o extenderse a otros países, el conflicto generaría un riesgo de estanflación (estancamiento económico acompañado de alza de los precios y aumento del desempleo) que vendría a exacerbar el descontento social. 

Asimismo, el alza global de los precios de los alimentos unida a la falta de acceso a la tierra y el agua, amenazan a la población mundial, en particular a la población de las regiones más pobres del planeta, con una posible quiebra alimentaria que representa un riesgo real e inminente de hambre severa para millones de personas.       

Florentino Rogero, Economista, MBA, Master en Tributación. Ha sido profesor asociado de Universidad Carlos III (UCIII), Escuela de Organización Industriak (EOI), Universidad Antonio de Nebrija

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