viernes,20 mayo 2022
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Hacia una nueva forma de predecir futuros

Futurolandia
Recién finalizada la 72 Junta Semestral de Predicción de CEPREDE, me parece interesante compartir con mis seguidores en las redes sociales algunas consideraciones sobre la experiencia acumulada tras 36 años de dedicación a la predicción macroeconómica y empresarial, manteniendo una visión prospectiva de futuro en un mundo cada vez más global y cambiante.

Hace 36 años, en 1981, la predicción a escala macroeconómica se limitaba al establecimiento de unos objetivos generales por parte de un gobierno en crisis política y económica. Estamos en plena crisis mundial del petróleo (subidas del crudo de un 70% en 1979) y colapso del sistema financiero internacional. Nuestro país trata de consolidar la transición democrática, pero la UCD se enfrenta a una crisis interna que agrava aún más el intento de golpe de Estado de Tejero (23F). La economía española lleva ya varios años en recesión, con una peseta progresivamente depreciada, tipos de interés por encima del 20%, paro creciente y déficit crónico de su balanza comercial, que los Pactos de la Moncloa de Octubre de 1977 han tratado de corregir.

Personalmente, como catedrático de Econometría, había ya realizado diversas experiencias en la aplicación de modelos a la predicción macro, pero existían diversas barreras que me impedían ir más allá de aplicaciones esporádicas. En particular: carencias de bases de datos amplias con información internacional actualizada,  de predicciones de los principales países que condicionaban nuestra economía y  de programas informáticos flexibles.

Durante dos años (1979-80) un acuerdo de colaboración entre dos equipos en las universidades de Pennsylvania y UAM permitió superar estas limitaciones. El profesor Lawrence Klein (Premio Nobel de Economía de 1980) nos proporcionó bases de datos y programas informáticos del centro que él dirigía (Wharton Econometrics, WEFA), acceso al proyecto LINK de modelización y predicción mundial, así como su experiencia y liderazgo en el uso de modelos para la predicción macroeconómica.

En 1981 era un sueño cumplido poder ofrecer, como primicia en el país, a gobierno y empresas  unas predicciones a cuatro años vista, para decenas de variables claves de nuestra economía, conectadas con el entorno internacional y revisadas al menos dos veces al año. Así nace, en 1981, el Centro de Predicción Económica, CEPREDE, como asociación promovida por varias instituciones sin fines de lucro y vinculada a la UAM, en particular a través del Instituto de Predicción Económica Lawrence R. Klein.

En pocos años descubrimos que lo conseguido no era el punto de llegada, sino el de salida, para hacer una labor socialmente útil. Algunos siguen pensando, incluso hoy día, que hacer predicciones económicas es disponer de un buen modelo econométrico, una amplia base de datos amplia y actualizable, con unos programas informáticos potentes y flexibles para cálculos, simulaciones y presentación de resultados ¡Ingenuos soñadores!

Pronto descubrimos que en seis meses cambia mucho la realidad económica y hay que alterar algunas de  las relaciones empíricas del modelo. Nuevos datos suponen no solo actualizar coeficientes, sino alterar variables explicativas, corregir errores y comprobar el funcionamiento del modelo y la coherencia de sus decenas o cientos de predicciones. Pero, ¿para qué esperar seis meses, cuando la información fluye cada día con más frecuencia? De predicciones semestrales hubo que pasar a trimestrales, mensuales y, en los últimos tiempos, a predicciones revisables con la nueva información que proporcionan indicadores múltiples, que salpican datos todos los días y pueden tratarse con  modelos de alta frecuencia.

Porque en un mundo cada día sometido a cambios más acelerados y profundos, cada predicción no es un hito de referencia a mantener, sino una luz fugaz que se altera permanentemente en su afán de servir de guía para el viajero que desea adentrarse en el futuro.

Para adaptarnos a esta inestabilidad e inseguridad creciente en las perspectivas de futuro, fuimos añadiendo, siguiendo las experiencias internacionales más innovadoras, nuevos instrumentos y enfoques  de predicción.

Si la predicción es a corto plazo, el peso de lo que está ocurriendo y su reciente dinámica de cambio juegan un papel clave en la predicción y la modelización con datos trimestrales debe complementarse con análisis de series temporales e indicadores adelantados.

Según vamos ampliando el horizonte temporal, van ganando peso las relaciones entre variables económicas y los supuestos sobre  alteraciones futuras del entorno socio-económico. La predicción se diversifica con alternativas que responden a escenarios alternativos.

Si tratamos de pronosticar a largo plazo, hay que añadir posibles alteraciones en las propias estructuras y leyes que rigen las decisiones económicas. Hay que valorar conjuntamente tendencias mantenibles, rupturas de comportamiento y escenarios de futuro, con impacto de riesgos geopolíticos, tecnológicos , sociales y estrictamente económicos, a escala internacional y de país. Incluso puede ser útil introducir una visión prospectiva que incluya cisnes negros, acontecimientos de alto impacto aunque de baja probabilidad de ocurrencia con las perspectivas actuales.

Pero la experiencia de estas tres décadas largas de actividad predictora, nos ha enseñado que no basta con mejorar los lentes con los que observamos el futuro, reaccionar rápidamente a las señales de cambio y enriquecer el diagnóstico con valoración de alternativas. Aunque las predicciones se centran, en medios de comunicación y algunos usuarios, en unas pocas variables relevantes como PIB, empleo y el cuadro macroeconómico básico, es en un mayor detalle donde se encuentran las claves de su conexión con el mundo empresarial y con el impacto social de su evolución.

No solo parecía necesario ampliar el detalle de las magnitudes socio-económicas a predecir o a valorar como condicionantes externos. Era conveniente pasar a una visión desagregada sectorial y regionalmente; incorporar indicadores de salud económica, empresarial y social; profundizar en el análisis y valoración a futuro de riesgos e incertidumbres, con especial atención a los mercados financieros, que han jugado un papel decisivo en la pasada crisis.

Hoy día en la nueva sociedad del siglo XXI, hay que cambiar radicalmente las prioridades de la predicción económica. Lo relevante no es la discusión de las discrepancias en décimas de punto de porcentaje del PIB, de la inversión o del empleo, sino la discusión de los supuestos que hay detrás de esta predicción y la valoración de su impacto social.

La predicción macroeconómica tiene que cruzar el profundo desfiladero que separa la información del conocimiento. Adentrarse en el futuro no es dar unas cifras en las que podemos tener más o menos confianza. Es iluminar un camino tortuoso y pleno de peligros, pero también de oportunidades.

Equivocarse en un porcentaje de cambio económico futuro puede ser perdonable, aunque conviene que no nos confunda en el diagnóstico. Lo que resulta imperdonable es carecer de una visión prospectiva actualizada de las fuerzas, tensiones, riesgos, incertidumbres y oportunidades que podemos encontrar en el camino. Este creo que es el objetivo verdadero a cubrir por una  predicción macroeconómica responsable y adaptada a las exigencias de la nueva sociedad del siglo XXI.

Antonio Pulido http://www.twitter.com/@PsrA

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