viernes,28 enero 2022
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Honestidad como ideología

Goliardos s.XXI
No es cuestión, para este artículo, iniciar el tema de la bondad humana, de los valores, de la ética social y su relación con las ideologías políticas. Cuestión importante y cuya interacción no se puede poner en duda.

Lo que importa actualmente es el preguntarnos si la economía, la macroeconomía ha conseguido eliminar de la conducta social la pervivencia de los principios éticos y sociales que deben guiar la conducta cotidiana de los seres humanos

Un jurista romano del s.  III proclamaba un principio ideológico que, hasta hoy, ha sido fuente de inspiración política y ética para la sociedad de siempre:  éstos son los mandamientos del Derecho: vivir honestamente, no ofender a los demás, dar a cada lo suyo". En el lenguaje popular de hoy deberíamos rescatar, por lo menos en gran parte, lo que siempre se conoció como Virtud. Concepto malinterpretado y orientado, sobre todo, hacia todo tipo de "pecados" de la carne, olvidándose la de los del espíritu.

Estamos cansados de escuchar que sólo existe una economía posible: la macroeconomía, que supongo que se caracteriza por su dimensión estructural y que sólo llega a los poderosos. De la microeconomía parece que sólo se habla en el periodo electoral.  Es decir, la economía que llega a los individuos, a los ciudadanos, e influye en su capacidad de consumo, desde las necesidades más básicas a las más altas, parece ser un factor secundario. El revolucionario francés Augusto Blanqui, en su libro Critica Social y en el capitulo titulado Capital y Trabajo afirmaba que "la economía política es el código de la usura". A lo que podemos añadir el pensamiento de un escritor francés que afirma que “desgraciadamente, hay virtudes que sólo los ricos pueden cultivar", lo que convierte a éstos en elementos de separación de clases, la de los ricos y la de los pobres.

Como se comenta en El Quijote: "Dos linajes sólo hay en el mundo, como decía una abuela mía, que son el tener y el no tener", en la que se ha consolidado el principio que encumbra a los ricos y desprecia a los pobres, como si éstos fueran los culpables de su pobreza y aquellos hubieran obtenido sus riquezas con honradez y cumpliendo los mandatos de lo que conocemos como las Virtudes Cardinales, y la Sociedad hubiera olvidado que la riqueza se crea gracias a la pobreza del los ciudadanos.

En una sociedad que se practica el culto a la riqueza normalmente existirán unos políticos que compartan esa ideología y que su único fin es alcanzar la gloria del poder gracias a la acumulación de dinero. Si analizamos la evolución de las ideologías a lo largo de la historia veremos como siempre dominan o ganan en la lucha político social las que están al servicio de la acumulación del dinero y por supuesto del poder.

Pero lo más significativo es que esta realidad ha terminado con los principios ideológicos de todo tipo, pero sobre todo con ideologías sociales y progresistas. Hemos pasado del feudalismo, el absolutismo, el liberalismo, el socialismo y el marxismo al apolitismo, o sea a una sociedad con una ideología única, la del "beneficio a cualquier precio".

Por el beneficio se cierran los ojos a la destrucción de la naturaleza, a la miseria, al hambre y a la falta de derechos sociales. El beneficio lo vale todo, incluso la muerte de todos los seres vivientes.

Hemos pasado de una sociedad con principios a una sociedad con un único principio: el beneficio. Ya  importa poco el control de los medios de producción pues en ellos la plusvalía que generan es escasa. Lo importante es el control de la distribución que es donde reside el máximo beneficio. Y lo importante en el pensamiento económico debería ser cómo se reparte el beneficio final de los procesos de industrialización, o sea la honradez económica.                  

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