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Redacción
Ahora que la lucha contra el déficit ha entrado de lleno en el debate político al hilo de las negociaciones para la formación de Gobierno y después de que la Comisión Europea aplazara por el momento cualquier posible multa contra nuestro país por incumplir los objetivos marcados, los resultados del Impuesto de Sociedades explican parte de toda esta […]

Ahora que la lucha contra el déficit ha entrado de lleno en el debate político al hilo de las negociaciones para la formación de Gobierno y después de que la Comisión Europea aplazara por el momento cualquier posible multa contra nuestro país por incumplir los objetivos marcados, los resultados del Impuesto de Sociedades explican parte de toda esta amalgama de problemas presupuestarios. El tributo es uno de los más importantes para las arcas públicas a nivel recaudatorio, y en los últimos años ha habido sorpresas.

Las empresas declararon unos beneficios en 2015 de 209.361 millones de euros, lo que supone recuperar los niveles previos a la crisis ya que en 2007, por ejemplo, declararon unas ganancias de 218.019 millones de euros mientras que en 2008 fueron de 186.003 millones. La cuestión es que esta recuperación del beneficio precrisis no ha venido acompañada de una equiparación, también, del nivel de impuestos que pagan ya que el año pasado abonaron 19.930 millones de euros de cuota líquida en el impuesto de Sociedades, frente a los 35.703 millones que abonaron en el año 2007, o lo que es lo mismo, están pagando alrededor de 15.773 millones de euros menos si comparamos 2015 con 2007, un 44% menos, según datos del informe anual de recaudación, que la Agencia Tributaria publicó hace unas semanas.

Al analizar el balance anual del impuesto, otro detalle que chirría es que mientras los beneficios de las empresas en 2015, los mencionados 209.361 millones de euros, supusieron un aumento de un 12,6% respecto al año 2014 la cuota líquida del impuesto creció solo un 4,5% respecto al ejercicio anterior.

A nadie se le escapa que la reforma de este impuesto llevada a cabo por el Gobierno de Mariano Rajoy, que entró en vigor en 2015, ha influido en esta caída en la recaudación. La propia Agencia Tributaria reconoce que «la bajada de tipos produjo una merma en la recaudación de 1.089 millones de euros, 974 en los pagos fraccionados y 115 en las retenciones de capital. 

Fraccionar el pago

Junto a ello, la reforma fiscal introdujo un cambio sobre el fraccionamiento del pago del impuesto entre las grandes empresas. Las compañías pueden dividir el pago del Impuesto de Sociedades en tres meses: abril, octubre y diciembre. Posteriormente, en julio del año siguiente, liquidan las diferencias con Hacienda. Desde 2012 a 2015, el Gobierno había introducido un tipo mínimo del 12% para las empresas que facturasen más de 20 millones de euros. 

Sin embargo, este año decidió eliminar la obligación de anticipar esta cantidad, lo que ha hundido los ingresos en la primera mitad de 2016 en 1.434 millones.Así, hasta junio la recaudación del impuesto fue negativa: los ingresos fueron de -204 millones, ya que las devoluciones fueron mayores que los pagos de las empresas. Este nivel es el más bajo en los seis primeros meses de un ejercicio en la serie histórica de la Agencia Tributaria que arranca en 1995. 

En cuanto al ingreso total del impuesto, el que incluye las retenciones sobre arrendamientos y sobre fondos de inversión, alcanzó en 2015 fue de 20.649 millones de euros, lo que supone un aumento de un 2,5% respecto al ejercicio anterior pero, al mismo tiempo, supone 2.928 millones menos que los previstos en los Presupuestos Generales del Estado del año pasado.

El Gobierno ingresó el año pasado 2.928 millones por Sociedades que lo previsto

Por su parte, la Autoridad Fiscal Independiente (AIREF) asegura en su últimos informe sobre el impuesto de sociedades que «la máxima recaudación del periodo 1999-2015 se produjo en el año 2007, cuando los ingresos alcanzaron un 4,1% del PIB, y la mínima en 2010, una vez comenzada la crisis, cuando se situó en el 1,5%. En 2015 alcanzó el 1,9%, lejos todavía del promedio de los años anteriores a la crisis económica».

Según los cálculos de este organismo «en 2015 el resultado contable de las empresas está en niveles de 2006-2007 mientras que la base imponible ha descendido al punto mínimo de la serie situándose en el 84% respecto a 1999, de modo que la correlación entre el resultado contable y la base imponible se ha ido reduciendo pasando de un 84% en el periodo 2000-2008 a un 74% en el periodo 2000-2015».

La realidad es que la reforma fiscal que entró en vigor en 2015 supuso la bajada del tipo impositivo de este impuesto del 30% al 28%, coexistendo con muchas de las medidas temporales de consolidación fiscal que entonces exigía la Comisión Europea.

Impuesto ineficiente

Desde el REAF, el órgano especializado en fiscalidad del Consejo General de Economistas, se ha afirmado que «efectivamente se ha producido una caída de recaudación del algo más del 53% entre 2007 y 2015, al haber pasado de más de 44.000 millones a tan solo 20.649 en 2015 fruto de que el tipo efectivo (la cuota líquida en relación con el resultado contable) es muy inferior al resto de entidades, un 7,3% frente al 13,8% en 2014, y en años anteriores fue incluso menor».

En todo caso, añaden en el Colegio de Economistas, «el dato del tipo impositivo habría que matizarlo ya que muchas de las empresas reciben beneficios del extranjero que ya han tributado allí y, por lo tanto, en nuestro país están exentos o aplican deducciones por ello, y porque debido a la crisis muchas tienen bases negativas que están compensando». Es decir, numerosas empresas se acogieron a créditos fiscales durante la crisis al obtener pérdidas, y ahora que han vuelto a beneficios, reducen su factura fiscal por estas compensaciones atrasadas. En definitiva, la recuperación económica del impuesto tardará en llegar a las arcas de la Agencia Tributaria.

Entre los inspectores de Hacienda la opinión sobre la validez del impuesto de sociedades es clara. «Es el impuesto más ineficiente que tenemos», asegura José Luis Groba, presidente de la Asociación de Inspectores de Hacienda del Estado, «y eso que España tiene uno de los tipos nominales más altos (el 28%) de la UE, tras la rebaja fiscal, frente al 23% de media en 2015». Los inspectores creen que limitar la deducción de los gastos financieros en el impuesto ha sido positivo pero, a cambio, se han potenciado otras como las que se realizan en I+D+i, «que siempre tienden a inflarse». 

En cuanto a la polémica sobre el tipo nominal y el efectivo en 2014, último dato disponible, fue del 7,3% cuando en ese año el tipo nominal era del 30%. Otra de las distorsiones es que el amplio catálogo de deducciones a que se pueden acoger las grandes empresas no llega hasta las pequeñas y medianas y, fruto de ello, hace que estas últimas hayan tenido que pagar un tipo efectivo en el impuesto de sociedades en el año 2014 de un 13,8%, lo cuál es considerado profundamente injusto desde los colectivos que agrupan a las pymes.

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