lunes,6 diciembre 2021
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In memoriam de mi gran amigo y compañero Jesús Timoteo Álvarez

El Envés
Era Catedrático de Historia del Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Dejaré para otro momento evocar esta amistad y compañía porque hoy, como al poeta, puedo decir que "por doler, me duele hasta el aliento". Tras dedicarle el poema "Gente Necesaria", trato de dejar aparte mis fraternales sentimientos durante tantas décadas de magisterio y pro-memoria. Y me permito rescatar la última parte de un precioso artículo suyo.

“Hay gente que con solo decir una palabra

enciende la ilusión y los rosales,

que con sólo sonreír entre los ojos

nos invita a viajar por otras zonas,

nos hace recorrer toda la magia.

 

Hay gente, que con solo dar la mano

rompe la soledad, pone la mesa,

sirve el puchero, coloca guirnaldas.

Que con solo empuñar una guitarra

hace una sinfonía de entrecasa.

 

Hay gente que con solo abrir la boca

llega hasta todos los límites del alma,

alimenta una flor, inventa sueños,

hace cantar el vino en las tinajas

y se queda después, como si nada.

 

Y uno se va de novio con la vida

desterrando una muerte solitaria,

pues sabe, que a la vuelta de la esquina,

hay gente que es así, tan necesaria”.

Hamlet Lima Quintana , poeta argentino

“Vamos a centrarnos en este artículo en la relativa a una hipotética refundación teórica de las ciencias de la comunicación social.

La innovación como la evolución suelen llegar de fuera, vienen del transfer, de las experiencias aportadas por ajenos y desarrolladas en campos alejados al de la propia especialidad. Y, sobre esa premisa, es casi seguro que las innovaciones en el ámbito de la Comunicación Teórica llegarán hoy de la Genética y de la Neurobiología. Porque son las ciencias que de modo más directo que ninguna otra están afectando el concepto de hombre y de sociedad.

Es probable que aquello que el descubrimiento de las Leyes Naturales significó en el Renacimiento lo estén significando hoy las Neurociencias. Igual que entonces se está redefiniendo la esencia del individuo y a partir del individuo todo lo relativo a la intelección de su entorno social y en consecuencia todo el conocimiento de las Ciencias Sociales. 

De estas ciencias nos interesan en los análisis relativos a la Comunicación dos cosas importantes. Una tiene que ver con los modos nuevos de acceso a la Información y el Conocimiento: ello nos permitirá diseñar estrategias y productos capaces de llegar realmente y de interactuar con las mentes. El otro tiene que ver con las nuevas concepciones del hombre, la sociedad y los mercados en cuanto lo son de la información, el ocio, el consumo y similares. 

Los caminos utilizados por los agentes y medios de comunicación para ofrecer sus mensajes y productos han sido tradicionalmente dos: el de la razón y el del “corazón”, la lógica y los sentimientos. En torno al primero se ha configurado desde antiguo un sistema para gentes y mercados de letrados, que ha utilizado como herramientas básicas la lógica y la escritura (y más tarde la imprenta y los medios globalmente considerados como de calidad o de élite): la escuela y la universidad han enseñado el valor de la razón, del logos, de las reglas gramaticales, de la métrica, del canon, de la medida, del análisis, han hecho ver a millones de estudiantes durante siglos que, desde el tiempo de los griegos, los dioses condenaban la “ubrys”, el exceso, la exageración y que el control desde la razón de las pasiones, la búsqueda de la excelencia por el esfuerzo, era el sentido de la vida. Sócrates y los profesores con él sostenían que el bien es resultado de la reflexión personal y de la intelección de las leyes que rigen el mundo y que, por el contrario, los sentimientos incontrolados llevan a la destrucción, a la degradación y al mal. En torno al segundo, a los sentimientos, se ha configurado también desde antiguo otro sistema de comunicación para iletrados, que ha utilizado como herramientas básicas las sensaciones (sensacionalismo), las imágenes y el espectáculo. Sentimientos como el amor, la esperanza o el terror están en la base de la vida y por ello en los principios que conforman los modos de entenderla y vivirla y de comprenderla. La expresión artística se basa en los sentimientos y a través de ella podemos llegar también a la perfección y al bien, siempre que tales sentimientos estén sometidos a reglas y cánones que los induzcan hacia ese bien. Dentro de esos modos básicos de acceso a la información y al conocer se insertaban también prácticas muy comunes de llegar al manejo de la inteligencia como la de aprender trabajando -en gremios organizados a tal efecto durante siglos y en escuelas profesionales más recientemente- o los modos que la ciencia experimental puso a punto con la simulación, las pruebas y los laboratorios. Tales modos han aplicado a su manera y según necesidad las capacidades lógicas del lenguaje científico, que permitía entender lógicamente los procesos productivos, con formas sentimentales y de juegos de las sensaciones que justificaban la estructura gremial, la autoridad, la pasión por el trabajo bien hecho, el entusiasmo y amor por la profesión, el sentido de grupo y de solidaridad, etc.

En su conjunto y por ello la Comunicación ha evolucionado sobre esas dos grandes vías de acceso a la información y a la intelección y, al mismo tiempo, para sus aplicaciones en persuasión, propaganda, marketing y consumo. El cuadro clásico y dominante de análisis de la comunicación ha operado en consecuencia sobre fórmulas y teorías de comunicación de masas y fórmulas y teorías de comunicación de calidad o élite y en la misma medida los medios de comunicación convencionales se han dividido siempre en medios de masas y medios de calidad o élite. 

Las neurociencias, sin embargo, están sacando a la luz un hombre muy diverso. En cuanto a las formas de aprendizaje, modos de acceso a la información, procesos para la construcción del conocimiento y de la inteligencia, la neurobiología y la genética nos han descubierto en la última década al menos que:

1) El conocimiento no es estático, el conocer y estar informado no es poseer una “caja” llenas de datos y contenidos, sino que es algo dinámico y siempre incompleto. El concepto de Inteligencia ha pasado de ser una función personal e interna con aplicaciones externas de inteligencia colectiva a ser una inteligencia exteriorizada, un proceso operativo en torno a una invisible red de relaciones. Stuart Kauffman del Santa Fe Institute (Nuevo México) ha elaborado el concepto de “Inteligencia Distribuida”, que es resultado de la cooperación espontánea, no guiada, de componentes de todo tipo que dan lugar, a través de su interconexión, a un sistema que resulta inteligente. El mismo Instituto propone el concepto de “Swarm Intelligence” (Inteligencia a Escamas) que es aquella que caracteriza a muchas sociedades animales (hormigas, abejas, termitas), lobos empeñados en la caza o bandadas de pájaros en migración: se trata de un sistema capaz de transmitir informaciones con increíble rapidez y de propagar esquemas perceptivos y motores que alcanzan notables niveles de complejidad y eficacia. Todo ello sin necesidad de procesos de decisión centralizada. Derrick De Kerckhove, alumno de McLuhan, llama a esa función “Inteligencia Conectiva” (“Connected intelligence”). Entiende por ello la conexión y colaboración entre sujetos individuales y colectivos en un intercambio dialógico en el cual cada individuo o grupo mantienen su propia identidad dentro sin embargo de una estructura muy articulada y compleja de conexiones.

2) La información y el conocimiento sólo se desarrollan y se implantan, sólo se hacen posibles cuando se acompañan de una “capacidad de uso”, cuando afrontan problemas, inquietudes o dificultades reales. El conocimiento sólo existe a partir de una dimensión operativa, finalista, en línea con los modos de proceder de las colonias de animales a que arriba nos referíamos. Es probable que los canales transmisores de esa rápida información para operar y actuar respondan de modo diverso en cada situación y que, como Damásio ha demostrado, “las emociones físicas llegan a constituir pensamientos del tipo que llamamos sentimientos”. Si estas hipótesis son correctas, se desmiente y niega toda la teoría clásica de comunicación basada en la relación “emisor-canal-receptor” y se ponen en duda los procesos clásicos de conocimiento y de lógica “problema-análisis-solución-problema” o “premisa + premisa = conclusión”. Los procesos podían ser exactamente al revés: necesidad final u objetivo → ajuste de información/sensaciones →búsqueda inmediata de la información necesaria.

3) El cerebro no funciona dependiendo de una “cabina de dirección” central que supervisa todas sus operaciones ni a las órdenes de un director de orquesta capaz de dirigirlo sino que opera sobre la base de interacciones y relaciones, cooperando o compitiendo, en oportunas conexiones con aquellos elementos necesarios para hacer emerger, según demanda, un conjunto de regularidad y significados: es una concepción reticular que responde a exigencias venidas del exterior.

4) La mente humana, aunque es individual e inmanente, está configurada sobre todo por factores externos al cuerpo individual. En contra de lo que Freud pensó, una mente que recogía todo el sistema de comunicación interno (costumbres, el componente neurovegetativo, el subconsciente), los descubrimientos de las Neuronas Espejo y su operatividad demuestran que la mente individual incluye los canales y mensajes externos al cuerpo. El funcionamiento de las Neuronas Espejo demuestra que nuestro cerebro, para operar y ser ejecutivo, no necesita de la mediación de un esquema, de un “diccionario” de representaciones mentales como el cognitivismo clásico describía, sino que el cerebro cuenta con una capacidad basada en precisos mecanismos neuronales, para traducir de modo inmediato una determinada acción a partir de una observación (de la información) externa de interés. 

5) La consciencia no es un “lugar central” en el cerebro en el que convergen todas las informaciones provenientes del exterior. No existe un único flujo de consciencia. La consciencia es fundamentalmente una reconstrucción, una narración a posteriori de versiones adaptadas, una interpretación que se afianza y afirma en un complejo e intricado mundo de ideas, hipótesis, sugestiones y alternativas que se agitan, fermentan e interaccionan en nuestra mente probablemente a nivel subconsciente. Lo que llamamos “consciencia” no tiene que ver con un discurso monolineal, riguroso o secuencial sino con un sistema complejo, polivalente y articulado en el que predominan la hetereogeneidad y la ambivalencia. Sólo aquellas narraciones capaces de poner de acuerdo una mayoría de áreas del cerebro/mente llegan a la consciencia y sólo después de esta rigurosa selección emerge una línea y propuesta de material consciente definido y claro.

 

6) EL “YO”, el sujeto individual “es un sistema complejo, caracterizado por una propia matriz relacional, constituida de la suma de relaciones internas y externas que lo caracterizan. El yo se multiplica y asume diversas configuraciones: su matriz y las estrategias que ocasionalmente se elaboran y aplican para la gestión de dichas relaciones representan una parte constitutiva esencial de lo que continuamos llamando ‘individuo’ o ‘persona’ pero que… con mayor precisión debiéramos llamar ’multividuo’ en cuanto sigue un proceso de fragmentación y multiplicación del cual procede una estrategia de recomposición de los fragmentos y de su integración dentro de un marco lo más unitario y coherente posible.

Desde esta suma de hipótesis, conjuntos, redes y sistemas, el concepto de comunicación adquiere perspectivas muy interesantes. No sólo se convierte -en cuanto contenidos o circulante que llena las relaciones o redes y contactos- en el factor básico de la vida en tanto en cuanto las neuronas sólo parecen existir en la medida en que son relaciones, son comunicación, sino que, además, estas conexiones incluyen en ese concepto de comunicación todos sus desarrollos. Así pues, cuando hablamos de comunicación estamos refiriéndonos a información, por supuesto, pero también a conocimiento y a inteligencia. Y en la medida en que estas hipótesis sean correctas, habrá que revisar todos los principios y la teoría clásica de la comunicación basada en las relaciones “emisor-canal-receptor” y tal vez incluso habrá que someter a duda los procesos clásicos de conocimiento y de lógica “problema-análisis-solución-problema” o “premisa-premisa-conclusión”.

Estamos ante una nueva propuesta de Leyes de la Naturaleza y su operativa hasta ahora desconocidas e ignoradas. Física, Matemáticas, Tecnología, Pensamiento aceleran un proceso de relectura de la realidad apasionante pero que da al traste con todos los fundamentos teóricos que han soportado nuestro mundo. De la seguridad tranquila de los descubrimientos de Galileo o Newton y de la estabilidad incluso de la ciencia posteinsteniana, saltamos a una situación en que las ciencias nos presentan un mundo al revés en el cual las cosas no siguen un proceso lógico y ajustable a espacios o tiempos imaginables, sino que la naturaleza, la sociedad, la economía y la comunicación funcionan siguiendo los mismos esquemas que son externos, conexiones, redes, procesos, acción, movimiento… Son la antítesis de los conceptos clásicos de persona, ser, entidad y por lo mismo la antítesis de las teorías y procesos de Comunicación.

No es necesario afirmar que todas las anteriores interpretaciones haya sido un error, ni que Habermas estaba equivocado ni que a partir de ahora podamos predecir el futuro pero da la impresión de que, para entender las complejidades inherentes a nuestra actual sociedad no bastan las formulaciones convencionales y más clásicas y que parece necesario repensarlo todo bajo esta perspectiva de la neurocomunicación.

Todas estas investigaciones referidas favorecen una visión del hombre y de la sociedad basada en las relaciones, en las conexiones, en los sistemas complejos, en el intercambio, en la comunicación. 

Este fenómeno introduce perspectivas nuevas hasta en el mismo y último concepto del término “comunicación”. A lo largo de la Historia, la comunicación ha operado, sin duda, como una herramienta, un medio como Maquiavelo lo pensó, pero ha sido sobre todo y desde el principio un formato del poder. Pero no es sólo eso, no es sólo una historia de herramientas o instrumentos como McLuhan la propuso, no es sólo una historia de periódicos o de medios o de empresas o de leyes sino que es una “historia del poder”, la historia de uno de los componentes básicos de la sociedad que reflejan, según las propuestas de las neurocienicas arriba recogidas, los componentes básicos del individuo que es primero social y sólo más tarde individual.

Se trata de una propuesta muy atractiva. ¿Qué sucederá si estamos obligados a revisar la historia política como resultado no de la acción de grandes hombres, ni de la evolución de sistemas, ni de la influencia de ideologías, intereses económicos o modelos sino como resultado de una inteligencia social que es sobre todo comunicación? ¿Y qué sucederá si tenemos que hacer lo mismo para la economía y su historia y evolución? ¿Y si resulta que ha llegado el momento de revisar todas las Ciencias Sociales desde la hipótesis dela neurocomunicación, es decir, desde el supuesto que en el origen está la comunicación social y que, para entender el presente, explicar el pasado y prever el futuro tenemos que reposicionar todas nuestras teorías en torno a la “inteligencia conectiva” o “a escamas” y a lo que nos dictan el proceder de las neuronas espejo?

Es posible que no sea del todo así y de que no sea prudente sustituir sin más las lecturas políticas, económicas o freudianas por otra de “multividuo” y de inteligencia social. Pero la hipótesis es al menos muy atractiva”. Como amanuense y compañero entrañable.

José Carlos Gª Fajardo

Profesor Eméritus. U.C.M.

 

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