domingo,28 noviembre 2021
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Retardadores de innovación

Innovación frustrada por «gatopardistas», disfrazados o mal informados

Futurolandia
Toda innovación supone cambio. Si la innovación es disruptiva, rompedora, implica transformaciones tecnológicas, económicas y sociales rompedoras. Supone nuevas oportunidades, pero también costes y riesgos de adaptación a un entorno cambiante. Algunos observadores pasivos esperarán acontecimientos y sólo se incorporaran arropados por éxitos y fracasos de los más osados. En mi opinión, las fuerzas retardadoras de la innovación, de las oportunidades perdidas, incluyen a "gatopardistas" entre otros

En el campo político es ya tradicional el calificativo de gatopardista  para aquel que se esconde tras la estrategia de cambiar algo para que nada cambie. Es la linea acomodaticia del aristócrata protagonista de la novela  de Lampedusa, El Gatopardo , ante el cambio profundo de la nueva Italia de principios del siglo XX, con la emergencia de otras clases sociales y la unificación política dirigida por Garibaldi. Como en el ajedrez, un jugador avanzado puede sacrificar algunas piezas, aparentando debilidad, para terminar ganando la partida.

En el campo de innovación, un profundo cambio potencial de carácter tecnológico, económico y social puede frustrarse o retardarse con estrategias gatopardistas. Cambiar  el sistema judicial, educativo, financiero o laboral, constituyen retos de gran dimensión y complejidad, que exigen capacidad política de liderazgo y respaldo social. Maniobras retardadoras que supongan reformas superficiales, pueden aplazar  los radicales cambios que permiten las nuevas tecnologías y modelos más avanzados de gestión.

Un caso muy significativo (y que me duele especialmente) es el de la Universidad. La sociedad del siglo XXI necesita unas instituciones de enseñanza superior y de creación/difusión del conocimiento adaptadas radicalmente  a los tiempos y a las potencialidades de las nuevas tecnologías. Ni el proceso de toma de decisiones, ni la renovación de plantillas, ni la estructura docente e investigadora han dado el "gran salto" que necesitamos.

Hay avances y el esfuerzo común de muchos profesores y personal colaborador en circunstancias difíciles; pero los Campus de Excelencia, los Programas de Evaluación del Profesorado o los Planes de I+D+i, han resultado más distracciones en el camino que auténticas reformas con fuerza y visión de futuro. Sin querer (o queriendo) muchos podemos haber servido como gatopardistas: hemos ayudado a cambiar algo y con ello hemos justificado el retrasar la auténtica innovación disruptiva que necesitamos de forma cada día más urgente.

Pero si el gatopardismo es peligroso para la auténtica innovación, no va a la zaga la innovación disfrazada de  aquellos que aparentan defender nuevas ideas y tecnologías más avanzadas cambiando el vocabulario sin alterar casi el contenido. Si se pone de moda innovadora la Inteligencia Artificial, los Big Data o el Internet de las Cosas, habrá vendedores de ideas que nos ofrecerán sus productos de siempre, añadiendo alguna referencia de modernidad tecnológica. Algoritmos habituales se vestirán de IA, tradicionales bases de datos pasaran a BD y conexiones potenciales a Internet se disfrazarán de IOT.

Vestirse con los ropajes de la modernidad es una tentación para outsiders y puede confundir a usuarios potenciales de las autenticas innovaciones. Pero aún quedan otros retardadores del cambio sólo culpables por sus lagunas de formación/información en un terreno tan complejo y amplio como el que nos ocupa. Son los responsables por sus desenfoques en la aplicación de las nuevas tecnologías. Los que realizan diagnósticos equivocados o aplican soluciones parciales o incluso contraproducentes.

En resumen: las exigencias de una innovación responsable incluye vigilar a elementos retardadores  como los gatopardistas e innovadores disfrazados o mal informados.

Antonio Pulido http://www.twitter.com/@PsrA

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