viernes,20 mayo 2022
Espacio euroiberoamericano de diálogo sobre la innovación social, profesional y académica
InicioOpiniónDebatesLa complejidad del paro juvenil

La complejidad del paro juvenil

José Ramón Pin Arboledas
La primera complejidad del desempleo juvenil es su definición. Los titulares de la prensa son escandalosos: ¡España tiene más del 50% de desempleados en la franja de 16 a 25 años; en Andalucía supera el 65%! ¿Qué significa este porcentaje? En teoría es el cociente entre jóvenes desempleados y los que quieren trabajar (no de los que pueden trabajar).

Si en el denominador de ese cociente se pusieran todos los que pueden trabajar, aunque estén estudiando, en lugar de sólo aquellos que quieren trabajar, el porcentaje podría ser mucho menor. Según el Real Instituto el Cano sería un 22% (ABC 30/3/2014). O sea, que la primera complejidad es definir cuál es la Población Activa en esa franja de edad. No ocurre lo mismo en edad madura donde consideran activos todos los que quieren trabajar (en la metodología EPA) o están afiliados a la seguridad social (método del paro registrado en los Servicios Públicos de Empleo).

Pero además el colectivo no es uniforme. En octubre de 2013 el centro de investigación IRCO-IESE publicó un informe patrocinado por Citi Fundation. Título: «Objetivo: Reducir el Desempleo en España». Subtítulo: «¿Qué tiene que hacer Administración, educación y jóvenes?». En él se distinguen tres tipos de jóvenes desempleados: a) los muy capacitados y con ambición profesional (the acheivers); b) los medianamente capacitados que esperan que se les contrate (the average); c) los no capacitados (the unskilled).

Los achievers hablan una lengua extranjera al menos y están auto-motivados. Las soluciones para este grupo son sencillas; ellos las encuentran tanto aquí como en el extranjero. En este colectivo están los cosmopolitan-business-people, que se adaptan a cualquier ubicación geográfica, aunque prefieren las ciudades; son urbanistas por vocación y globales por ubicación. Los poderes públicos sólo tienen que eliminar los obstáculos para su desarrollo y ellos se buscarán la vida. Son personas que siguen formándose incluso aunque estén trabajando. Crear sistemas de crédito al honor para financiar estos estudios ejecutivos de postgrado en sus primeras etapas laborales es una buena medida.

Los average necesitan completar su formación para acceder al trabajo o mantenerse en él. Para ellos los planes de formación de las empresas son importantes. La colaboración público-privada en este campo es esencial. El problema es que la experiencia de los cursos del antiguo FORCEM ha sido desalentadora. Su utilización como medio indirecto de financiación de sindicatos y patronales los ha marcado. Pero, a pesar de ello, no hay un sistema mejor si los planes los realizan las propias empresas. Son ellas las que mejor conocen las habilidades que necesitan. Entre los ejemplos internacionales de éxito para reducir este paro juvenil se encuentran: los minijobs o midijob alemanes o la colaboración empresa e instituciones educativas de Canadá.

Los unskilled son los más problemáticos. Lo primero es evitar que se creen bolsas de unskilled. Para ello es necesaria la orientación profesional desde la escuela. Los jóvenes deben ser acompañados por tutores que los orienten desde el inicio de su formación según sus competencias naturales y su vocación. Sólo teniendo en cuenta ambas podrán triunfar. El sistema de Formación Profesional Dual es visto como ideal para reducir el número de unskilled por un 70% de directivos y empresarios encuestados para el informe Citi-IESE.

¿Qué hacer con los actuales unskilled, los que proceden de la crisis del ladrillo o la falta de inclusión social? La respuesta es: reciclaje, formación, orientación y oportunidades. Respecto a estas últimas las opiniones de los expertos que colaboraron en el informe (muchos directores de RR. HH.) era que las subvenciones y las ayudas económicas a la contratación son poco eficaces. Las verdaderas oportunidades se crean facilitando la inversión de empresas nacionales y extranjeras. A largo y medio plazo es lo único que asegura la creación de puestos de trabajo y disminuye el desempleo juvenil. Irlanda entre 1994 y 1999 con sus facilidades a la inversión extranjera (incluyendo el tipo bajo del impuesto sobre sociedades) es un ejemplo.

Crear las oportunidades es necesario para abordar los planes de reciclaje y formación. Lo más frustrante es preparar a jóvenes para el trabajo y que luego no puedan ejercer sus habilidades por falta de oportunidades.

Pero, además, las actuales subvenciones y ayudas a los contratos de jóvenes son poco eficientes. En el informe Citi-IESE se investigó el sistema con una encuesta a expertos y directivos. Las respuestas indicaron que los problemas para no contratar jóvenes a través de programas de formación/prácticas eran: un 47% por el exceso de burocracia; 40% por desconocimiento de los procesos; 37% no lo encuentran adaptado a su sector; 21% porque hay mejores sistemas de preparación; 15% no lo habían pensado; y un 6% lo consideran demasiado costoso. Como se ve la burocracia tira para atrás la utilización de estos sistemas, en particular en las pymes.

Pero no se puede olvidar que los protagonistas del drama del desempleo juvenil son los propios jóvenes. Sin su empeño es imposible resolverlo. El National Career Service de Inglaterra orienta profesionalmente a jóvenes desde los 13 años a tomar decisiones sobre su educación y formación para preparar su futuro profesional. No parece que las instituciones educativas españolas realicen este rol, pero sin una orientación rigurosa nuestros jóvenes no serán capaces de forjar su propia carrera. No hay que darles pescado (trabajo) hay que enseñarles a pescar (que lo busquen o se lo construyan).

Sólo una acción coordinada de la Administración, empresas, instituciones educativas y los propios jóvenes, resolverá el complejo problema del paro juvenil. La solución no es sencilla, pero tampoco imposible.

Fuente: ABC 

De interés

Artículos Relacionados