sábado,29 enero 2022
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La estrategia de la disfuncionalidad

Goliardos s.XXI
Cuando se comprueban las funcionalidades que existen en el sistema, te preguntas si son una casualidad o son voluntarias. Al final llegas a la conclusión de que éstas están planificadas. Y en política es muy improbable que existan las causalidades. Nada es gratuito.

Son tan numerosas que empiezas a pensar que la disfuncionalidad es una estrategia para controlar el sistema, y crear una sensación de impunidad e impotencia entre los ciudadanos de “a pie”.

Es raro el día que en la prensa no nos cuenten algún acontecimiento significativo que manifieste dicha disfuncionalidad, como el hecho de que a un pobre delincuente se le condene a varios años de cárcel por robar una barra de pan y embutidos, y al Presidente del Consejo del Poder Judicial se le “amoneste y poco más” por haber cargado como gastos de representación viajes privados, residencia en hoteles de lujo y un escandaloso etc.

Estas contradicciones de la Justicia demuestran su disfuncionalidad. Diderot afirmaba que “es necesario convenir que de todas las reglas de la moral, aquellas que conciernen a la Justicia, han sido las más alteradas por la influencia de las opiniones recibidas; y la razón es sencilla: éstos son los primeros principios morales de los cuales nuestras instituciones sociales debieron ampararse, y no hay legislador que no haya hecho poco más ó menos que someterla al sistema particular de sus miras, de sus proyectos, y de su ambición personal. Lo que el vulgo de los hombres entiende hoy por justicia, no es otra cosa que la obligación positiva de no separarse de las leyes convencionales, o formalmente establecidas”.

No podemos olvidarnos de la disfuncionalidad del pensamiento económico, según sea su aplicación. No son lo mismo las razones y justificaciones que se aplican a la  industria financiera y a la de consumo. No es lo mismo la función perversa existente entre la economía de mercado y la economía especulativa. Podríamos afirmar que el sistema económico y judicial cumple el principio denunciado en la Revolución Francesa: “La economía política es el código de la usura”, y se olvidan de que la usura es un delito tipificado en el Código Penal Español.

Si la cosa sigue así, pronto veremos cómo se reactivan conceptos políticos olvidados en Occidente, como son los conceptos de proletariado.

Se había conseguido el término proletario, que actualmente vuelve a resurgir de forma traumática, por la disfuncionalidad judicial y económica. Vemos cómo los sicarios del vampirismo social se hacen con el control absoluto de los sistemas direccionales, y con el miedo y la represión controlan la dinamicidad del sistema, y llevan a los grandes avances sociales a la disfuncionalidad y los introducen en la economía de mercado. Y como no podamos pararlos democráticamente,  veremos una enseñanza exclusiva para los hijos de los pudientes, una justicia para ricos, una sanidad exclusiva para quien pueda costearla. Al tiempo, se crearán mentes disciplinadas y obedientes que desarrollarán técnicas que solamente favorecen a los poderosos.

Están intentado destruir la funcionalidad del sistema social, pensado para la felicidad de sus ciudadanos, reestructurándolo en función del beneficio de unos pocos, hecho que comienza con la manipulación del precio del dinero. Una estrategia.

 

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