sábado,23 octubre 2021
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Filosofía

´La felicidad no depende de las cosas que me pasan, sino de lo que soy´

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Se parece a la pregunta del millón de dólares, aunque no tenga nada que ver con el dinero. ¿Cómo se alcanza la felicidad? ¿Para qué estamos en este mundo? ¿Cuál es el sentido de la vida? El profesor y filósofo del Instituto de Humanidades CEU Ángel Ayala, Antonio Páramo, ha arrojado luz sobre estos interrogantes durante el curso ´El Sentido de la Vida. Filosofía en tiempos de crisis´, organizado por el propio Instituto.
Todo consiste, como ha explicado Páramo, en “encontrar el verdadero fundamento de la vida, algo que está en la vida misma y que hay que descubrir”. Porque, en realidad, como ha subrayado Antonio Páramo, “no se puede vivir sin sentido, vivir sin sentido no es vivir, y todos le hemos dado, aunque no lo sepamos, algún fundamento a la vida, la cuestión es que éste sea el verdadero”. En torno a la verdad se construye la felicidad. Hay que encontrar la verdad que encierra la vida, su sentido, y “éste debe abarcarlo todo. Tiene que ser algo que no puedes perder porque es la razón por lo que haces todo”. Por ello, la verdadera felicidad, basada en el sentido que la vida encierra, está por encima de las contingencias, “la felicidad no depende de las cosas que me pasan, sino de lo que soy, de aquello en lo que me convierto”, ha afirmado Páramo. Es decir, que “el hecho de que todo vaya bien no significa que la vida tenga sentido ni que ésta deje de tenerlo por las adversidades”.
 
La felicidad comporta, por tanto, pensamiento, para alcanzar el sentido de la vida, y acción para obrar en consecuencia. Se cultiva así la vida virtuosa, el hábito de la felicidad: “el placer es descansar en la consecución del bien, al virtuoso le gusta lo que hace porque es agradable en sí mismo y también lo es para él, por ello no necesita el placer como un aditivo”. Sin embargo, ninguno de los bienes limitados que se pueden obtener entre lo mundano puede colmar del todo al hombre, y la imperfección de éste también le impide alcanzar la plenitud sólo con lo terrenal. “Donde no llega el hombre, llega Dios”, con esta cita de Santo Tomás, Páramo ha cifrado en lo sobrenatural el verdadero sentido de la vida que resuelve la limitación del hombre. “Es lo que te saca de la miseria del mundo, porque es la medida en la que estás haciendo trascendencia y eternidad en este mundo”, ha asegurado.
 
En Dios, ha insistido Páramo, “el hombre encuentra el bien sumo que no puede encontrar en la tierra y con el que encuentra la plenitud y perfección absolutas para las que está hecho”. Lo cual no significa alejar la felicidad de nuestra realidad vital, situarla en un plano externo e inaprensible,  “porque si seguimos una vida contemplativa y la ley natural nos acercamos a Dios, aproximamos nuestra voluntad a la suya” En realidad, se trata de vivir la virtud que encierra la ley natural “sabiendo que ésta se corresponde con la ley divina”, lo que supone dotar de un alcance trascendente a nuestros actos, “dar el salto desde la felicidad posible a la felicidad perfecta”, ha concluido Páramo.
 
La crisis
 
Si la felicidad se basa en una vida vivida conforme a su sentido, Páramo ha descrito la crisis como la consecuencia de “no darle un sentido a la vida o asignarle uno incorrecto, centrar el fundamento en algo que no puede abarcarlo todo” y que, por tanto, se puede hundir ante cualquier eventualidad “aunque sea grande y poderoso”, ha advertido. Páramo ha detectado una gran falta de sentido en la sociedad actual, donde muchas personas actúan movidas para resolver las cosas que le urgen, “que, en realidad, son las menos importantes”. En la actualidad, “parece evidente que vivimos un período de crisis colectiva que se manifiesta en fenómenos como la baja natalidad, el alto número de divorcios y suicidios o en el incremento de la violencia de género”, ha manifestado.
 
No obstante, ha continuado Páramo, “la crisis es también un momento de oportunidad, es cuando uno tiene que construir un juicio porque ha llegado el momento en que hay que cambiar para seguir”. Páramo ha insistido en esta concepción catártica de la crisis al aseverar que “superar una crisis capacita para hacer cosas que antes no podrían haberse alcanzado”.

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