jueves,7 julio 2022
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El mundo que viene

«La ideología más poderosa sobre la faz de la Tierra no es la democracia, es el nacionalismo»

el mundo
JOHN MEARSHEIMER ES EL COAUTOR DE ´EL LOBBY DE ISRAEL´, EL ARTICULO QUE HA PROVOCADO LA MAYOR POLÉMICA EN EEUU DESDE QUE EN 1993 HUNTINGTON PUBLICARA ´EL CHOQUE DE CIVILIZACIONES´. ACUSADO DE ANTISEMITA Y RACISTA, ÉL DEFIENDE DEBATIR SOBRE LA INFLUENCIA ISRAELI EN LA POLITICA AMERICANA

CARGO: Profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Chicago / EDAD: 58 años / FORMACION: Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Cornell / AFICIONES: Ninguna, salvo su familia / CREDO: La actividad académica, pero siempre vinculada a las grandes cuestiones públicas del momento / SUEÑO: Que la gente se forme sus propias ideas acerca de cómo funciona el mundo

El 37% de los estadounidenses que han ganado el Premio Nobel son judíos o de origen judío. Y, sin embargo, hasta mediados del siglo XX, los judíos estuvieron de facto vetados en las mejores Universidades de EEUU. Un sistema de cuotas limitaba el número de estudiantes hebreos, y entre el profesorado existía un sutil sistema de discriminación que, en la práctica, hacía imposible que hubiera docentes judíos.

Con una excepción: la Universidad de Chicago. Mientras en Europa se exterminaba a los Hijos de Israel, y el resto de facultades estadounidenses se negaban a admitir a los intelectuales que huían del Holocausto, la Universidad de Chicago les abría sus puertas. Así fue como Hannah Arendt y Leo Strauss -el padre ideológico del actual movimiento neoconservador en EEUU- acabaron en sus aulas. Y así fue como esta universidad se convirtió en el centro académico más influyente del mundo en Ciencias Sociales, hasta el punto de dar nombre a una corriente en Economía: los Chicago Boys (los chicos de Chicago).

Uno de aquellos refugiados judíos se llamaba Hans Morgenthau, y no huía de la Alemania nazi, sino de la Guerra Civil española.En Chicago, Morgenthau se convirtió en el creador de la moderna teoría de las Relaciones Internacionales. John Mearsheimer es uno de sus principales herederos intelectuales.

Mearsheimer ha desarrollado una carrera académica provocadora, basada en cuestionar los puntos de vista aceptados por todos.En los 90, cuando la hegemonía de Estados Unidos parecía incuestionable, él insistía en que era sólo una «potencia hegemónica regional», con una capacidad de influencia limitada fuera del continente americano. Tras la desintegración de la Unión Soviética, defendió que Alemania y Ucrania se dotaran de bombas atómicas. Y, contra la opinión generalizada, sigue insistiendo en que las democracias no son más pacifistas que las dictaduras.

Ninguna de esas polémicas alcanzó el nivel que la que ha desatado su artículo El lobby de Israel, publicado en marzo en la London Review of Books y escrito a medias con el profesor de Harvard, Stephen Walt. El periodista Michael Massing ha escrito en la New York Review of Books que «desde que Samuel Huntington publicó El choque de civilizaciones, nunca un artículo había detonado con tanta fuerza». Ni con tanta ferocidad. El ex embajador israelí en España, Shlomo Ben Ami, ha calificado la tesis de los dos académicos de «ridícula». El profesor de la Universidad Johns Hopkins, Eliot Cohen, ha escrito una réplica en The Washington Post titulada Sí, es racista. Pero su colega, y ex consejero de Seguridad Nacional, Zbigniew Brzezinski, ha declarado en Foreign Policy que Walt y Mearsheimer «han realizado un gran servicio público al iniciar un debate muy necesario».

El debate ha estallado cuando Steve Rosen y Keith Weissman, los máximos responsables de la principal organización del lobby israelí (AIPAC, o Comité Americano Israelí de Asuntos Públicos) están siendo juzgados por espionaje a favor de Israel. Otro prominente judío estadounidense, Larry Franklin, neoconservador y experto en Irán del Departamento de Defensa, ha sido ya condenado a 13 años de cárcel por la misma razón.

Entretanto, Mearsheimer, que acaba de visitar Barcelona para impartir un curso de una semana en el Institut Barcelona d´Estudis Internacionals, vive con resignación su controvertida popularidad, y vaticina: «Tendré 100 correos electrónicos el día después de que EL MUNDO publique esta entrevista».

PREGUNTA.- ¿Por qué The Atlantic Monthly rechazó publicar el artículo sobre Israel que les había pedido a usted y a Walt?

RESPUESTA.- Nos encargaron el artículo en el otoño de 2002. Y acabamos el primer borrador en mayo de 2004. The Atlantic no estaba de acuerdo en varias cosas, así que lo reescribimos y les enviamos otro borrador en enero de 2005. Entonces nos dijeron, tal cual, que el artículo era tan malo que no tenía arreglo.No creo que ésa fuera la razón. Creo que les dio corte cuando pensaron en lo que podría pasar si lo publicaban.

P.- Si se lo encargaron en 2002, el artículo no tiene nada que ver con la situación actual en Irak. No estaban buscando un chivo expiatorio para la Guerra de este país.

R.- Sí. No estábamos motivados por la Guerra, al menos en un primer momento. Lo que despertó mi interés fue lo que pasó en abril de 2002, cuando Ariel Sharon humilló a George W. Bush.Israel acababa de retomar el control de virtualmente todas las áreas palestinas de Cisjordania, y Bush le exigió una retirada «sin dilación». Sharon pidió ayuda al lobby, y éste ejerció una gran presión sobre Bush. Al final, Israel no sólo no se retiró, sino que Bush calificó a Sharon de «hombre de paz». Me quedé fascinado de que un primer ministro israelí, con la ayuda del lobby, pudiera humillar públicamente al presidente de Estados Unidos.

P.- ¿No es un poco deprimente que el artículo, más que un debate intelectual, haya publicado un interminable cruce de insultos?

R.- Sí, yo encuentro deprimente que en un gran país como Estados Unidos, con su rica tradición de libertad de expresión, no puedas criticar a Israel, o a la política americana hacia este país, sin que te llamen de todo.

P.- Y ahora, el llamado juicio de AIPAC, es decir, a Rosen y a Weissman, ¿puede cambiar eso?

R.- No tengo ni idea de qué pasará en el juicio, así que no sé cuáles serán las consecuencias. No hay duda de que AIPAC es la organización más importante del lobby israelí, así que el juicio es una mala noticia para éste. En cualquier caso, nuestro principal objetivo era hacer que la gente piense sobre el lobby, en que existe, y en que afecta a la política exterior estadounidense.Lo que los defensores de Israel tratan de hacer es empujar a Estados Unidos a actuar de una forma que ellos creen que es buena para Israel y para América. Y nuestro argumento es que los puntos de vista de los proisraelíes están teñidos por su vinculación a Israel. Hay quien está en desacuerdo con eso, y eso está muy bien, pero nosotros creemos que debe haber un debate sobre ello.Por ejemplo, deberíamos poder discutir si el apoyo de Washington a las políticas de Israel en los territorios ocupados es buena para los intereses de Estados Unidos. Pero es imposible tener ese debate en Estados Unidos hoy. En Europa y en Israel, la gente discute sin problemas eso. Pero en Estados Unidos, cuando dos académicos como Stephen Walt y John Mearsheimer se levantan y dicen la política americana hacia Israel es equivocada y debe ser reexaminada, se les llama antisemitas y mentirosos.

P.- ¿Esperaban esta controversia? Hasta EL MUNDO ha publicado un artículo, escrito por Félix Bornstein, rechazando sus argumentos.

R.- No. Aunque sabíamos que las fuerzas proisraelíes iban a ir a por nosotros, no esperábamos las acusaciones que se nos han hecho, no esperábamos que se nos vinculara a David Duke [un ex líder del Ku Klux Klan famoso por su racismo y antisemitismo].Y éramos conscientes de cómo el lobby usa el término antisemita para difamar a todo el que critica la política israelí o la política americana hacia Israel.

P.- En el artículo ustedes dicen que el lobby monitoriza a los profesores de universidad y a los programas académicos para determinar su apoyo a Israel. Pero eso lo hacen todos los grupos de presión en Estados Unidos, de derechas o de izquierdas, vinculados a comunidades concretas o no. ¿Por qué señalan específicamente al israelí?

R.- Éste hace esencialmente lo mismo que otros lobbies. Lo que lo convierte en especial es su destacada efectividad.

P.- Pero, ¿por qué creen que es tan efectivo? Porque, vamos a hablar claro: uno examina Estados Unidos y ve que la comunidad judía está muy bien representada en tres sectores: la Universidad, el sector financiero, y los medios de comunicación y el entretenimiento.Eso da mucho poder para influir a la opinión pública. Pero hay muchísimos judíos que son periodistas, académicos o magnates de Hollywood y no son proisraelíes.

R.- Eso es esencialmente cierto. Los judíos han tenido mucho éxito en EEUU y eso es bueno para ellos y bueno para este país.Y parece que un tercio de los judíos americanos no sienten un vínculo serio con Israel. Los otros dos tercios están más vinculados -unos más que otros- y trabajan duro en su apoyo a Israel. Y tienen mucho éxito. Si usted mira a las contribuciones a las campañas electorales, por ejemplo, ve que más de la mitad de las donaciones que van a los candidatos presidenciales demócratas proceden de judíos. Y esa generosidad de traduce en influencia política. Es improbable que ningún candidato presidencial, demócrata o republicano, critique a Israel, porque sabe que haciéndolo tendrá problemas para obtener donaciones y pondrá en peligro su candidatura. Esto es perfectamente aceptable en el sistema político estadounidense, que depende en gran medida de las contribuciones electorales de personas ricas. No es evidencia de una conspiración, o de una camarilla. Pero, insisto, es difícil hablar de ello sin ser acusado de antisemita.

P.- La directora de la London Review of Books, donde ustedes publicaron el artículo, es judía.

R.- Sí. Aunque el trabajo ha generado muchas críticas, también ha recibido mucho apoyo. Y muchos artículos favorables han sido escritos por judíos. Hemos recibido también muchos correos electrónicos y cartas de judíos, tanto americanos como israelíes. Así que está claro que no todos los judíos discrepan de nosotros.

P.- Muchos opinan que a raíz de la Guerra de los Seis Días EEUU empezó a ver a Israel como un aliado inquebrantable.

R.- Eso es excesivo. Está claro que las relaciones entre EEUU e Israel no fueron particularmente cálidas con Eisenhower. Pero esa situación empezó a cambiar con Kennedy y Johnson. No hay duda de que la Guerra de 1967 aceleró el proceso. Y también la del Yom Kippur, en 1973. Pero ya estaba en marcha desde Kennedy.

P.- Y ahora, con el boom de la derecha religiosa, lo que ustedes llaman los Sionistas Cristianos [cristianos protestantes conservadores que creen que hay que apoyar a Israel porque así se acelera la llegada del Juicio Final], es imparable.

R.- Eso parece. Las fuerzas proisraelíes en Estados Unidos son muy poderosas, y hay pocas razones para pensar que su poder se reducirá en un futuro próximo. Por tanto, es improbable que la relación de EEUU con Israel cambie pronto. Al final de nuestro artículo, decimos que esperamos abrir un debate al respecto.Me encantaría que fuera así, pero dudo que vayamos a conseguirlo.

P.- Ustedes también son muy críticos con el papel que atribuyen al lobby israelí en la Guerra de Irak. Pero, cuando estalló la guerra, usted dijo que pensaba que la Administración Bush, aunque equivocada, creía sinceramente que al invadir Irak estaba protegiendo a EEUU. ¿Ha cambiado de opinión?

R.- No. Los neoconservadores, por sí solos, no podrían haber empujado a Estados Unidos a la guerra. Bush y Cheney creían que el conflicto era bueno para la seguridad de EEUU, y también para la seguridad de Israel. Al igual que los neoconservadores, como [el ex jefe de gabinete de Dick Cheney] Scooter Libby y [el ex subsecretario de Defensa y actual presidente del Banco Mundial] Paul Wolfowitz. Esas personas creen que los intereses americanos e israelíes son esencialmente los mismos. Desde luego, estaban equivocados, al menos en lo referente a los intereses estadounidenses.

P.- Es la famosa frase «el camino hacia Jerusalén pasa por Bagdad», en referencia a la importancia de derrocar a Sadam como paso previo para la paz entre los israelíes y los palestinos.

R.- Sí. Creían que una vez que Sadam fuera derrocado, la democracia florecería en Irak, y EEUU e Israel estarían en una excelente posición para mangonear a los palestinos, a Siria, a Irán, y reestructurar Oriente Medio.

P.-Ésa era la tesis de los neoconservadores. Todos ellos, por cierto, judíos o de origen judío.

R.- Sí, aunque Francis Fukuyama es una notable excepción a eso.Pero él ha dejado el grupo.

P.- Usted debe su prestigio a sus análisis sobre la política de las grandes potencias. Para usted, la Guerra de Irak ¿es un ejemplo de sobreextensión imperial?

R.- Sí. EEUU fue extremadamente idiota al pensar que podía invadir y ocupar un país grande en Oriente Medio. EEUU ha alcanzado un punto en el que la mayor parte de su población cree que la democracia es la ideología política más poderosa, y que la democracia es fácil de diseminar por el mundo. Pero la ideología más poderosa sobre la faz de la Tierra no es la democracia; es el nacionalismo.Los iraquíes quieren controlar su política sin la interferencia de Washington.

SU PROPIO MUNDO «Mi mayor pena es que el día no tenga 48 horas para poder investigar y escribir más»

 

Usted estuvo en la Fuerza Aérea durante 10 años. ¿Cómo fue la experiencia?

– Estoy muy satisfecho de haber servido en las Fuerzas Armadas, porque allí aprendí mucho acerca de cómo funciona el mundo. Pero no lo disfruté realmente. No me gustan las armas. No me gustan los uniformes. No me gusta afeitarme. No me gusta dormir en medio del monte. Y no me gusta la autoridad. Así que, definitivamente, no estaba en mi elemento.

Por casualidad, ¿en ese periodo de tiempo no se encontraría con un joven piloto de las Guardias Nacionales de Texas y Alabama llamado George W. Bush?

– ¡La verdad es que no!

¡Tampoco usted! Tendré que seguir buscando… En cualquier caso, no me extraña que no estuviera a gusto: usted parece más un académico que un militar.

– Adoro ser un investigador. Mi mayor pena en la vida es que el día no tenga 48 horas para poder investigar y escribir más.¡Hay tantas cosas que desearía investigar! Pero sólo tengo una cantidad de tiempo limitada.

¿Le gusta impartir clases o lo ve como un incordio?

– No creo que haya una dicotomía entre enseñar e investigar.Pero sí es cierto que hay una tensión. La raíz del problema es que tu tiempo es limitado, y el tiempo que estás enseñando es tiempo que no estás utilizando en investigar, y viceversa. Sin embargo, enseñar me ayuda a ser mejor investigador, en parte gracias a que aprendo mucho de los estudiantes, porque invariablemente hacen buenas preguntas y observaciones interesantes…

¿Mejores que las de los periodistas?

– No, yo no diría eso. La mayor parte de los periodistas tienen un buen olfato para hacer buenas preguntas, y a menudo también realizan observaciones interesantes sobre asuntos muy importantes.Pero, volviendo a la enseñanza, dar clase también te ayuda a organizar tus ideas acerca de cuestiones importantes. Porque ningún profesor quiere que sus alumnos piensen que es tonto Así que hay una tensión entre dar clase e investigar, pero ambas actividades se complementan. Dar clase te ayuda a ser un mejor estudioso de una materia. Y ser un estudioso de una materia te ayuda a ser un mejor maestro.

LA CUESTION – Hace un año, en junio de 2005, The Atlantic titulaba: «Cómo deberíamos combatir a China». Pero, cinco meses antes, había rechazado su artículo. ¿Por qué es tan controvertido en EEUU analizar a Israel desde un punto de vista crítico?

 

– Mi punto de vista es que el argumento a favor de la actual relación entre Israel y Estados Unidos es tan débil que, si tienes un debate abierto acerca de ella, habrá una presión significativa para cambiarla. Los estadounidenses se darían cuenta de que su política en Oriente Medio es equivocada. Por tanto, el ´lobby´ se ve obligado a realizar grandes esfuerzos para controlar el dicurso público acerca de Israel y presionar al Ejecutivo y al Congreso para que apoyen a Israel en cualquier circunstancia.

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