domingo,5 diciembre 2021
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La importancia de la Economía de la Cultura

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La cultura cobra una relevancia creciente para una economía más social, inclusiva y atenta a los condicionantes de entorno. La economía de la cultura no sólo es importante por el peso productivo de los servicios culturales. Hay que valorar también su aportación como inversión intangible y su impacto en la propia sociedad, con su correspondiente influjo en la economía de países, regiones y ciudades.

Las actividades artísticas, recreativas y de entretenimiento están recogidas en las clasificaciones internacionales de actividades económicas (en España CNAE, R-90 a R-93), como unos sectores productivos más a tener en consideración. Incluye las cuentas correspondientes a creaciones artísticas y espectáculos (R-90), bibliotecas, museos y otras actividades culturales (R-91), juegos de azar y apuestas  (R-92) y actividades deportivas, recreativas y de entretenimiento (R-93)

Con una visión más amplia, pero también más detallada, el INE ha elaborado  una Cuenta Satélite de la Cultura (http://www.mcu.es/culturabase/pdf/Cuenta_Satelite_de_la_Cultura_en_España_2010-2015).

Siguiendo las normas de delimitación del ámbito cultural establecidas por Unesco y Eurostat, se incluyen las actividades de promoción, regulación, educativas y de creación, producción, difusión, distribución u otras auxiliares en los siguientes campos (entre paréntesis porcentaje medio 2010-15 de aportación al total del valor añadido cultural):

  • Patrimonio, archivos y bibliotecas (8,5%)
  • Libros y prensa (35,1%)
  • Artes plásticas (13,5%)
  • Artes escénicas (8,5%)
  • Audiovisual y multimedia (28,1%)
  • Interdisciplinar (6,3%)

En el último año con datos elaborados (2015) se estima un valor añadido de las actividades culturales del orden de 25.000 millones de euros (2,5% del PIB), que se amplia hasta los 32.000 millones (3,3% del PIB) si se añaden las actividades vinculadas a la propiedad intelectual y ,en particular, los servicios de informática y publicidad. Estas cifras incluyen gastos tanto públicos, como de ISFL y empresas.

Como puede comprenderse, el trabajo realizado (uno entre los pioneros a escala internacional), ha sido laborioso y ha exigido adaptar los criterios teóricos a la disponibilidad de los datos correspondientes. Pero, además, su valiosa información debe ser reinterpretada a la luz de algunos nuevos enfoques que se están planteando y que considero especialmente relevantes.

Uno es la valoración de la cultura como una inversión intangible. El otro responde a un enfoque que va más allá del impacto inmediato y estrictamente económico de la cultura, para ampliar la visión a interacciones cultura- entorno social-economía.

Entre los activos intangibles considerados en los trabajos iniciales sobre esta cuestión (en particular de Corrado, Hulten y Sichel, CHS, en 2005-2006) no se hace referencia a la cultura, al centrarse en el entorno empresarial y no incorporar actividades públicas u otras de no -mercado, como las correspondientes a  instituciones sin fines de lucro, ISFL.

Durante los años siguientes se ponen en marcha diversos proyectos multinacionales que profundizan en la valoración de los activos intangibles empresariales o de mercado (en especial INTAN-Invest con resultados desagregados a 8 sectores para 23 países de la UE).

Los primeros resultados que incorporan al Sector Público (proyecto SPINTAN) se difunden en 2014 y añaden un tratamiento especial para I+D, cultura y capital humano. Un amplio manual metodológico (Corrado, Jäker y Jona-Lasinio, Measuring Intangible Capital in the Public Sector, SPINTAN 2016,181 pág.), detalla el complejo proceso de valoración y sus limitaciones actuales.

Para España (2013) se estima una inversión en activos intangibles equivalente al 6% del PIB entre sectores de mercado (5,5%) y no-mercado(0,5%), frente al 12,3% de inversión en activos físicos. En ese medio punto de porcentaje de inversión intangible de no-mercado está incluida  la cultura y otros ocho componentes, desde el software libre y las bases de datos de acceso público, a las mejoras organizativas y de capital humano.

Determinar qué gastos en cultura realizados por las AAPP o las ISFL (siguen sin valorarse la producción de los hogares) deben considerarse como inversión y no como gasto corriente es un desafío que no tiene una respuesta única. Como reconoce SPINTAN se trata de "medir conceptos muchos de los cuales no son, en términos estrictos, activos intangibles, cuyo valor para los ciudadanos es incalculable". 

El complejo proceso de cálculo exige establecer, para cada categoría de gasto cultural, un factor de capitalización (proporción de gasto con efectos que superan el año), una tasa de depreciación anual o vida útil (p.ej. 5 años de duración de los impactos económicos) y un deflactor para acumular inversiones y poder establecer un capital cultural intangible.

Se han adelantado algunos resultados provisionales (y parciales) que, en el caso de España-2013, apuntan hacia cifras de inversión pública en  cultura (tangibles e intangibles) inferiores al 0,1% del PIB (aproximadamente el 50% del gasto realizado por la administración central y autonómica).

Pero aparte de unas cuentas económicas de la cultura, incluso con consideración de activos intangibles públicos y privados, viene cobrando una atención creciente un enfoque más amplio en que se valore el impacto social del gasto o inversión en actividades culturales y su incidencia en un entorno más favorable al crecimiento económico.

Hace ya ocho años leí un artículo  sobre creatividad y crecimiento regional que me llamó poderosamente la atención (Boschma y Fritsch, Creative class and regional growth: Empirical evidence from seven European countries, Economic Geography, 2009). Con datos de 500 regiones europeas se detectó la existencia de una relación positiva entre la existencia de trabajadores creativos (profesionales y "bohemios" implicados en ocupaciones culturales y artísticas) y el crecimiento económico regional.

En la última década se han multiplicado los trabajos dentro de las fronteras de una Economía de la Cultura, especialmente en el amplio campo de las artes, la cultura y las actividades creativas. Sirvan como  ejemplos, especialmente significativos, los desarrollos realizados en Erasmus University:

  • Programa master internacional en "Cultural Economics and Entrepreneurship"
  •  International School in Cultural Economics
  •  Proyectos de CREARE  Foundation (Centro for Research and Education in Arts and Economics) en el campo de las industrias culturales y creativas
  •  Investigaciones punteras del profesor Arjo Klamer, con su propuesta metodológica VBA (Value-Based Approach) para evaluar efectos derrame de acontecimientos culturales, a escala regional o local

Creo, en resumen, que se abre un campo progresivamente relevante en la confluencia entre Cultura, Creatividad y Economía.

Antonio Pulido http://www.twitter.com/@PsrA

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