domingo,29 mayo 2022
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Aunque la enfermedad no sea incompatible con la vida

La Ley del Aborto aceptará la malformación del feto como supuesto

Redacción
El Gobierno tiene planeado permitir a las mujeres interrumpir su embarazo en los casos más graves de malformación del feto, aunque esas patologías no sean necesariamente incompatibles con la vida, única posibilidad recogida en el anteproyecto de ley remitido a las Cortes.

 Así lo asegura en su portada El Mundo, que dice que con esta enmienda el Gobierno quiere "restañar la herida profunda" que divide al Grupo Parlamentario Popular, a los barones autonómicos y a miembros del Gobierno por la reforma de la ley del aborto "fabricada por Gallardón y apadrinada por Rajoy".

Con el anteproyecto actual, las mujeres sólo podrán abortar en dos supuestos: en caso de violación y cuando el embarazo suponga un "daño psicológico continuado" para la madre, lo que puede incluir la malformación fetal siempre que ésta sea "incompatible con la vida". Fuentes del PP y del Gobierno han asegurado al periódico que el Ejecutivo tiene previsto suavizar el anteproyecto de Ley Orgánica de Protección de la Vida del Concebido y los Derechos de la Mujer Embarazada, dando entrada a esa ampliación del actual aborto eugenésico.

Se trata de un norma que ha suscitado mucha polémica, incluso dentro el mismo Partido Popular. Así, explican que exisiten cuatro grandes grupos dentro del PP: Los que quieren la ley de plazos, los que apuestan por volver a la ley de 1985 despenalizando los tres supuestos, los que apoyan a Galladón, los que quieren prohibir todo tipo de abortos.  

De esta manera, el Ejecutivo pretende responder a las críticas que el anteproyecto de ley ha provocado en las filas populares. Según señalan fuentes del PP, las críticas y con la falta de explicaciones para justificar el proyecto. "Primerotienen que ver con la "inoportunidad "de la reforma, con el "secretismo" con que ha sido elaborada no nos preguntan por la ley. Y ahora que la sacan, no nos dan un argumentario", señala una diputada partidaria de una ley de plazos.

"Lo que quieren las voces críticas es que se incorpore como supuesto la malformación del feto, aunque esa patología no implique por sí misma la muerte futura del concebido. Y la petición es que sean enfermedades graves. Es decir, malformaciones cardíacas incurables, algunas encefalopatías, hidrocefalias progresivas, alteraciones graves del sistema nervioso central, determinadas esclerosis y diversas tumoraciones", asegura El Mundo.

Editoriales de la prensa

El Mundo: Pésima gestión política de la Ley del Aborto

EL penúltimo Consejo de Ministros del pasado año, el Gobierno aprobó el anteproyecto de Ley del Aborto con el que cumplía por fin un compromiso electoral, después de tantos incumplimientos. El texto suponía la derogación de la ley de plazos de Zapatero y la vuelta a la despenalización en determinados supuestos, aunque de forma más restrictiva que la aprobada en el 85, ya que se eliminaba el aborto por malformaciones del feto. La iniciativa tenía como objetivo reconciliarse con una parte sensible del electorado del PP molesto por los incumplimientos en materia económica y de política antiterrorista. El ministro Gallardón presentó el texto con orgullo e incluso aseguró que no lo cambiaría en su paso por el Congreso debido a que era un "proyecto muy pensado y muy elaborado". Pues bien, cinco semanas después de su aprobación, el anteproyecto se ha convertido en una patata caliente para el Ejecutivo y en la iniciativa más cuestionada internamente de todas cuantas ha impulsado Rajoy.

En un aluvión de críticas con pocos precedentes, la mayoría de los barones autonómicos y numerosos alcaldes y personalidades destacadas del partido han rechazado -y no en privado sino en público- el texto tal y como fue aprobado. El primer Comité Ejecutivo del año estuvo centrado en el aborto y no en la economía, como pretendía Rajoy, y el presidente no tuvo más remedio que instar a su ministro a buscar el consenso con los barones antes de aprobar definitivamente el proyecto, ahora en fase de información. Su tramitación será retrasada para enfriar la polémica.

Aunque no todos los críticos están pidiendo lo mismo. Mientras que Monago sería más partidario de una ley de plazos, la mayoría -articulada en torno al gallego Núñez Feijóo- lo que prefiere es una vuelta a la regulación de supuestos aprobada por Felipe González y mantenida por Aznar. Lo cual significaría la inclusión de los casos de malformaciones que, tal y como publicamos hoy, es por donde va la intención del Gobierno para apagar el incendio interno.

A la espera de cómo se resuelva definitivamente, lo que sí se puede asegurar es que la gestión política de la Ley del Aborto ha sido un auténtico desastre y ha puesto en evidencia tanto la falta de coordinación en el Gobierno, como la ausencia de mecanismos de consulta sobre un tema de gran sensibilidad política y repercusión social. El PP acusó a Zapatero de cambiar la legislación sin existir una demanda ciudadana. No parece que la hubiera tampoco ahora. Pero si el Gobierno del PPquería dar cumplimiento a su programa electoral -y ello nos parece correcto- lo primero que tenía que haber hecho es ponerse de acuerdo consigo mismo. ¿Por qué no se debatió el proyecto en los máximos órganos de dirección? ¿Sirve para algo el grupo parlamentario además de para apretar el botón? Es incomprensible -y seguramente fruto de la falta de pulso político del PP- que nadie se percatara de las consecuencias de abrir este debate en la sociedad sin abrirlo antes en el partido. A juzgar por la falta de respaldo público al anteproyecto, tanto de Rajoy como de Sáenz de Santamaría, cabe dudar incluso de si se discutió en Consejo o es una decisión que Gallardón tomó por su cuenta y riesgo sin que nadie llegara a leerlo a fondo.

El País: El rechazo que suscita la reforma del aborto aconseja retirar la propuesta

Ni Rajoy ni Sáenz de Santamaría han defendido la ley del aborto en el Parlamento, y el Ejecutivo ha pedido una treintena de informes a diversos organismos públicos y privados antes de dar el siguiente paso. El rechazo que la reforma ha originado entre muchos votantes y dirigentes del PP es solo una de las razones de esta estrategia. La otra, es el desgaste que está sufriendo el partido y que, según las encuestas, puede saldarse con una pérdida sustancial de votos ante las próximas citas electorales.

La oposición ha enarbolado la bandera de la lucha contra un cambio legislativo que rechaza más del 80% de la población española, y el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, le regaló al resto del arco parlamentario un nuevo argumento para equiparar esta semana el aborto con la falta de respeto hacia la vida del ya nacido. La estrategia adecuada ya no debería ser buscar el consenso, sino retirar la propuesta. La tramitación de este proyecto que nunca debió ver la luz sin consenso supone un desgaste en términos políticos y en recursos de la administración del Estado, tan necesitado de otras reformas que dinamicen la economía y mejoren el bienestar social.



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