sábado,4 diciembre 2021
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La metarrealidad y el deseo

El Metaverso de Facebook se ha convertido en la próxima Big Thing con el aparatoso rebranding de la compañía protagonizado en persona por un Zuckerbeg que parece haber encontrado una vía para los que no tienen el carisma de Jobs, la reputación de Gates o ni siquiera el desparpajo de Musk: usar avatares virtuales.

No es simplemente que no sea una idea nueva, es que es una de esas que va y viene en el ciclo de hype de Gartner desde hace décadas, se explotó en redes sociales como la extinta Second Life e incluso el conceptualmente ya está muy quemada: no hay más que recordar Ready Player One, esa oda al merchandising de Spielberg en formato de anuncio de Fortnite con la excusa de adaptar un bestseller que no era más que un plagio infantilizado del Snow Crash de Stephenson, que a su vez parodiaba con muy mala baba los derivados cyberpunkarras que infantilizaban el Neuromante de Gibson.

A los que sólo habéis oído hablar de esa obra por acuñar el término metaverso y pensáis leerla con la idea de desentrañar la mente del amigo Mark, un aviso: lo verdaderamente premonitorio es que el protagonista es un rider que reparte pizzas armado con dos katanas. A partir de ahí no hace más que mejorar.

Dicho esto, el uso de avatares y la combinación entre realidad virtual y aumentada es una evolución lógica en el ámbito profesional y educativo.

La apuesta e inversión de Facebook Meta va a ser un impulso muy importante al desarrollo de algo que, seguramente, no se va a parecer a nada de lo que podamos imaginar hoy. La disrupción tecnológica suele venir antes que el marketing, no a la inversa.

Pero saber eso no nos va a ahorrar ríos de tinta, y uno de mis grandes problemas como periodista, es que cada vez me cuesta comprar el hype. No porque no crea en las revoluciones tecnológicas, sino porque sé cómo se producen –y la gente no sonríe tanto como en las fotos de stock que se usan para ilustrarlas esas noticias.

Pero ignorando esta fanfarria, ¿hasta qué punto lo que aspira a crear Zuckerberg es humo?

Más que de los innegables límites técnicos para crear y mantenerlo, el Metaverso hoy por hoy es un concepto que aspira a definir la evolución de Internet.

Y para entender por qué, deberíamos empezar hablando del absoluto fracaso de Facebook para entrar en el segmento de la internet de los negocios, RRHH y formación, es decir, para algo que podríamos definir como crear su propio LinkedIN. Aunque la idea original de Zuckerberg era muchísimo más ambiciosa.

 

El Metaverso burócrata

En Facebook eran más conscientes que nadie de que el negocio del marketing de datos está mutando. En gran parte por su propia culpa, tras una frave lista de escándalos de privacidad de datos que no hace falta que me ponga a recordar. En este sentido, el “rebranding” va más allá de un intento de limpiar la imagen, es la reconversión de un modelo de negocio.

La presentación de Meta afirma que las “redes de introducir texto” son cosa del pasado, ante un paradigma centrado en lo visual. Es lo que le ha ocurrido a Facebook, una red ante todo ‘textual’ que ha ido incorporando funcionalidades multimedia pero cuyos usuarios han migran a herramientas más simples, directas pero también limitadas, como Instagram.

Pero LinkedIN y Twitter son también redes de texto que funcionan. Y lo hacen porque sus usuarios buscan otras cosas que las redes más visuales no ofrecen: marca personal, compartir información, documentos, etc. Ambas han coqueteado y desechado formatos como las Stories de otras redes sociales.

En el caso de LinkedIN, es llamativo porque es una red optimizada para el multimedia como Facebook, pero en este caso grabarse videos o selfies tiene su cosa si te van a leer tus jefes, tus empleados, tus clientes o un técnico de selección al que le acabas de mandar un CV.

Y aun así, Zuckerberg intentó entrar en ese segmento profesional. Creó marketplaces y exploró fórmulas para captarlo con otro valor, muy diferente, a su ya muy lucrativo –y polémico– negocio de los anuncios algoritmizados. No quería que Facebook se viera sólo como una red publicitaria.

Pero lo de ir paso a paso no va con Facebook, así que optó por una solución a lo grande: no copiando a las redes profesionales occidentales, sino las super apps chinas. Monstruos como WeChat que permiten hacer gestiones personales, profesionales y comerciales de todo tipo.

Ese fue su primer intento serio de crear un Metaverso.

Esa idea empezó a hacer aguas con el fallido intento de moneda digital, pensada para superar el obvio escollo de las divisas y las fronteras –algo como We Chat tiene mil millones de usuarios usando el yuan y el mismo pasaporte–.

Pero terminó de naufragar ante la falta de respaldo de ningún Gobierno, empezando por el suyo. Una diferencia crucial con sus referentes chinos.

 

Tenemos un Plan

En comparación, lo que propone hoy Meta parece un videojuego.

De hecho, los avatares serían en su concepto una evolución de los filtros de Instragram, TikTok o Snapchat –el Myspace de esta fase de la revolución de las redes– quizá pensaras lo mismo. Estamos algo insensibilizados para que nos parezca una revolución.

Pero la idea no es mala.

De hecho, es bastante oportuna porque hay una crisis de la presencialidad. No tanto en las oficinas –luego llegaremos a eso– como en la organización de eventos y reuniones profesionales, una industria que mueve miles de millones y que tras la pandemia se encuentra con que el paradigma es híbrido.

En serio, ¿tiene sentido pagar miles de euros en dietas, transporte y alojamiento para saludarse chocando los codos? Pero tampoco queda bien hacer una conferencia y que la invitada estrella hable por Zoom

Por eso hay miles de empresas desarrollando soluciones tecnológicas para embellecer estos eventos, pero tan atomizadas que Facebook dominaría sin problema porque sus verdaderas competidoras a este nivel tienen el tamaño de Google y no se ha tomado esto negocio lo bastante en serio.

Aunque esos clientes finales, esas empresas, no se fíen de Zuckerberg y Facebook, siempre comprarán una tecnología mejor y más barata.

Y eso que no hemos hablado del otro negocio: el elearning.

Como te he contado en la newsletter, la entrada de un gran jugador en este segmento era un escenario previsible en un mercado muy atomizado de proveedores de soluciones tecnológicas. Pero mi análisis cometía el error de obviar a Facebook.

Pero resulta que Meta apunta a convertirse en un monopolio tecnológico del elearning simplemente comprando empresas y contratando desarrollando de tecnologías capaces de construir un estándar que deje los videos enlatados en pañales.

Y esto sí debería preocupar a otros jugadores en el mercado como Google o LinkedIN.

 

TeleMetaWorking

A la tecnología del anuncio de Meta le faltan como mínimo lustros para ser comercial y usable. Zuckerberg parece prometer un concepto de la inmersión en realidad virtual propio de las películas de ciencia ficción pre-Matrix. Y eso no es cómodo ni para todo el mundo.

La clave para algo así es el desarrollo de los wearables, la conectividad y el coste.

Lo cual lo convierte en un negocio tan inviable como los robots de Boston Dynamics –que a este paso serán los Myspace de la revolución robótica–.

La inmersión parcial ya existe hoy: jugamos videojuegos con periféricos de RV. El problema es que no te los llevas al parque… ni al trabajo.

Pero vamos a pegarnos un poco al terreno.

Como decía antes, la crisis de la presencialidad no ha afectado al mundo laboral como pensábamos hace un año y medio. De hecho, la mitad de los teletrabajadores han vuelto a casa.

¿Tiene sentido entonces plantear una revolución laboral? Bueno, hemos avanzado desde 2019, pero el escenario que se pinta con este Metaverso está tan lejos como el de Stephenson cuando lo dibujó –y además era una sátira–.

Pero olvidamos que si Facebook Meta desarrolla esta tecnología inmersiva –es decir, con wearables– puede ir más allá de las videconferencias en realidad virtual. Es decir, acaban de diseñar sus primeras gafas inteligentes.

Imagínate que diseñan wereables no para meternos en el Metaverso, sino para controlar nuestra actividad.

«¡Eso no es legal!». No, según el trabajo que hagas. Imagínate que eres un rider: tu sueldo depende de lo rápido que llegues. O un transportista. O un conducto, O trabajas en un almacén de logística. O cualquier servicio de atención al cliente.

Esa realidad existe y no la ha inventado Zuckerberg. Pero tampoco inventó las redes sociales y ahí le ves.

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