viernes,3 diciembre 2021
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La política posible

Goliardos s.XXI
En esta crisis se han verificado una serie de hipótesis y teorías existentes sobre economía. Una de las primeras es la facilidad con la que los políticos mienten y desvirtúan las cosas.

Lo primero que me llamó la atención, es el uso electoral y machacante que se hacen de las estadísticas. Tanto es así, que Jorge Luís Borges comentaba que “la democracia es el abuso de la estadística. Estadísticas hechas por encargo, la mayoría de las veces, y casi siempre cocinadas”.

Lo peor de todo esto es que esas estadísticas conllevan un secuestro de la libertad de elección. En la obra The Silence of the Sea, el pensador, historiador y político inglés las definía como “el triunfo del método cuantitativo, y el método cuantitativo es la victoria de la esterilidad y la muerte”. Aunque tengo que afirmar que es un buen método para preparar programas electorales y ofrecer a los ciudadanos aquello que desean, aunque después de las elecciones se olviden. No hay nada como una buena estadística para llevar al ánimo de los electores un ánimo electoral y crear un sentimiento de realidad, que no siempre es verdad.

Lo segundo que resalta en el proceso electoral es la manipulación de los hechos y la marcha del bienestar social, usando elementos genéricos como “spaña va Bien”, “estamos remontando la crisis económica” o “la culpa de la crisis  la tienen las políticas esquizofrénicas de nuestros antecesores”, sin que nadie, o mejor dicho, casi nadie, se atreva a explicar que la causa de la crisis fue esencialmente una sobreexplotación de la plusvalía salarial, positiva o negativa, entendida como el acaparamiento por parte de la industria financiera y algún tipo de empresas del valor añadido a la mano de obra, o sea, la explotación laboral.

Si estamos saliendo de la crisis macro económica, es porque al final se han reducido los salarios, se paga menos y con menos garantías a los trabajadores, eliminando los avances sociales que se habían alcanzado en la sociedad del bienestar.

Otra de las verdades que afloran en los procesos electorales es la triste realidad de la sociedad del miedo y la renuncia de muchos a los  logros alcanzados en la sociedad del consumo.

En este momento, sí existe un principio que llama la atención, como es la aceptación por parte de la derecha política que trabaja para los que tienen el poder del dinero, pero se olvidan de lo que decían cuando estaban en la oposición. Con lo que se aplica lo que decía José Luís Aranguren, que “la moral se esgrime cuando se está en la oposición, la política, cuando se ha obtenido el poder”, y para ello necesitaron hacer creer a muchos ciudadanos que existe una sola forma de economía: la que sirve a los que tienen dinero, pero se olvida de que una sociedad en progreso sólo puede existir cuando no hayan niños infelices.

Como afirmaba Jean-Jacques Rousseau: “La igualdad (aquí el progreso) debe consistir en que ningún ciudadano sea tan opulento que pueda comprar a otro, ni ninguno tan pobre que se vea necesitado de venderse”. Mientras esto suceda estamos destruyendo la sociedad de bienestar, nos quieren convencer de que una mala sanidad, una mala educación, una mala justicia, una mala política de vivienda y de jubilación, es lo que la economía posible determina.

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