miércoles,27 octubre 2021
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Miguel Ángel González, decano del COITAE

«La reforma es la única forma de que el ingeniero español deje de estar discriminado en la UE»

ibercampus.info
Si hay un tema candente en la actualidad universitaria es el de las ingenierías a raíz de hacerse públicos los planes del Ministerio de Educación respecto a estas titulaciones, que podrían sufrir una profunda reforma. Miguel Ángel González Pérez, decano del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Aeronáuticos (COITAE), se manifiesta favorable a las propuestas planteadas por el Gobierno, entendidas no como supresión de las ingenierías –tal y como interpretan algunas voces- "sino como un nuevo modelo necesario de ingeniería".

P.- ¿Qué opinión le merece la propuesta del Ministerio de Educación respecto a las ingenierías superiores?

R.- La reforma del sistema educativo consiste en la creación de un nuevo ingeniero, con títulos fácilmente reconocibles en toda la Comunidad y con formación similar, para que pueda facilitarse la libre circulación de estudiantes, profesores y profesionales en todos los países comunitarios.

El número de créditos de materias troncales que se imparten en las Escuelas Técnicas Superiores de Ingenieros no supera 150 créditos ECTS, mientras que los estudios de Grado que se proponen tienen que tener un mínimo de 240 créditos ECTS.

Por ello, en el contexto de las manifestaciones y documentos publicados por el Ministerio, suscribimos en su totalidad las propuestas presentadas por el Gobierno y que, por supuesto, no entendemos como supresión de ingenieros ni de ingenieros técnicos, sino como la creación de un nuevo modelo de ingeniería, acorde con los acuerdos firmados por los Ministros de Educación en Bolonia.

P.- ¿Cree que es necesaria la reforma planteada o es mejor dejar las cosas como están?

R.- Es necesario analizar cuál es la situación actual, que tiene sus orígenes en los años finales del siglo XIX, cuando la actividad industrial en España estuvo impulsada por el Estado y desarrollada en las empresas públicas dependientes de cada ministerio. El Ministerio de Industria creó el Cuerpo de Ingenieros Industriales, el de Fomento, el de Caminos Canales y Puertos, etc.

Con esta estructura administrativa que aún persiste en las administraciones públicas, se constituyeron los departamentos ministeriales, las direcciones de las empresas y las oficinas de proyectos, todas centralizadas, donde se incorporaron los entonces llamados ayudantes de ingeniero que ejercieron las actividades de ingeniería bajo la dirección del ingeniero jefe del departamento.

La liberación de las profesiones como consecuencia de las necesidades de la industria privada da lugar a la aparición de las profesiones liberales de ingeniero que mantienen las mismas denominaciones y organización, cambiando la denominación del ayudante por la de perito que, con la reordenación de las enseñanzas técnicas, pasa a denominarse ingeniero técnico. Posteriormente, la proclamación en el año 1986 de la Ley 12 de Atribuciones de la Ingeniería y Arquitectura Técnicas, da un impulso a nuestra profesión y reconoce nuestra capacidad y competencias plenas, independientes de cualquier otra titulación.

Por el contrario, en la mayoría de los países de la comunidad internacional, el impulso de la ingeniería parte principalmente de la empresa privada y la demanda de ingenieros para cada tipo de empresa propicia que las denominaciones de los títulos de ingeniería se identifique con las especialidades tecnológicas y mercado de trabajo que los diferencian. Así nos encontramos con que los títulos de ingeniería de la mayoría de los países se corresponden en gran parte con las de los Ingenieros Técnicos españoles, y no con la del ingeniero. Con el mismo planteamiento y atendiendo a la demanda especializada de ingenieros se desarrollan también los Planes de Estudios de las universidades, dando resultado a una mayor especialización de los estudios de ingeniería, más acorde con la de las Escuelas Universitarias que con la de las Escuelas Técnicas Superiores.

Y llegados a este punto, ante el dilema de mantenernos anclados en el siglo XIX o aprovechar la ocasión que nos brindan los acuerdos firmados por los ministros de Educación de la Comunidad Europea en Bolonia, creemos que la reforma no sólo es necesaria, sino que es una reforma pendiente que tenemos que afrontar si no queremos sumirnos en ostracismos trasnochadores. Y, además, entendemos que es la única forma de que el ingeniero español deje de estar discriminado en la Comunidad Europea y de evitar que nuestros nacionales salgan a realizar sus estudios a las universidades europeas, abandonando la universidad española.

P.- ¿Qué consecuencias tendría mantener los dos títulos actuales?

R.- Está claro que volveríamos a la situación del siglo XIX, con una estructura jerárquica anticuada funcionarial, que frenaría la iniciativa personal y profesional haciendo incompetitivas tanto la ingeniería como la industria española.

P.- ¿Está de acuerdo en que algunos master tengan atribuciones?

R.- En este punto coincidimos plenamente con la posición del Ministerio de Educación. Nos oponemos totalmente a los “Master paraguas” y a los “Master multidisciplinares”, como títulos acaparadores de las competencias de los ingenieros de grado, puesto que de ser así la reforma educativa no sería tal, sino que, después de tantos años de esfuerzos y negociaciones, las cosas seguirían como están, sin más que cambiar las denominaciones de ingeniero técnico por Grado y la de ingeniero por Master; es decir, al contrario de lo que ocurre en todo el mundo ya que el ingeniero especialista que en España lo es el ingeniero técnico, sería el Grado y el generalista que aquí lo es el ingeniero sería el master. Curiosa forma de entender “a la española” los principios en que se fundamenta el Convenio de Bolonia, que entiende que la especialización es la formación propia del Master.

Y también coincidimos con la posición del Ministerio en lo que se refiere a que pueden existir Master con atribuciones; eso sí, distintas de las del Grado, y siempre que se circunscriban a la especialización y materias cursadas en el Master.

P.- ¿Cuál es la fórmula para llegar a un acuerdo entre los ingenieros?

R.- Puesto que la reforma consiste en la creación de un nuevo ingeniero, que no suprime como se ha dicho a ningún tipo actual de ingeniero, el acuerdo no puede ser otro que olvidarnos de las estructuras decimonónicas de la ingeniería española y apostar por un nuevo ingeniero europeo, competitivo y moderno. Lo contrario sería volver a establecer las restricciones artificiosas e injustificadas que fueron ya condenadas por los Tribunales Superiores de Justicia y por la propia Ley 17/1986. 

P.- ¿Cree que la reforma europea reducirá el tiempo que los ingenieros tardan en acabar la carrera?

R.- Si miramos a lo que ocurre en toda la Europa comunitaria no hay duda de que así será. Y así lo demuestra el hecho de que nuestros compatriotas están saliendo al Reino Unido, Holanda, Alemania, Estados Unidos y otros países de nuestro entorno, para realizar los Master en Ingeniería, que terminan en cuatro años, sin repetir ningún curso lectivo, ni materia alguna de sus Planes de Estudios.

 

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