viernes,28 enero 2022
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Contar y seguir el hilo

La trama que va de la técnica al texto

Vanity Fea
Al hilo de las reflexiones de Agustín Sánchez Vidal sobre "La especie simbólica", este artículo teje una red de relaciones entre la textualidad, la narración, el desvelamiento, la secuencialidad, la retrospección, y otros aspectos de la narratividad oral y escrita. Seguiremos en un ejercicio de arqueología filológica y fenomenológica la trama que va de la técnica al texto, entrelazando los significados de "contar", "relatar", "tejer", "ligar" u "ordenar".

Vengo de la primera conferencia del ciclo "La especie simbólica", impartido por Agustín Sánchez Vidal. En parte, supongo, es una continuación o expansión de la conferencia sobre El por qué de las ficciones que dio en la misma sala del Paraninfo hace un año, una meditación sobre el valor cognitivo de las narraciones, invenciones, textos y ficciones, que nos convierten en una especie curiosa: el único animal que cuenta historias, decía yo esta mañana en clase, parafraseando a Roland Barthes. Quizá no seamos el único animal que habla, pero sí posiblemente el único animal que cuenta historias. En realidad la conferencia de hoy no iba de historias, sino de textos, y más en concreto de la línea de razonamiento que liga el contar (contabilizar) al escribir (los primeros textos son textos de contables, además de los textos contables que son las mitologías e historias épicas).

Hay una asociación entre el discurso y el hilo que se enreda en los tejidos (o textos)—una línea de razonamiento que expuso en parte Hillis Miller en Ariadne´s Thread. Y yo también en un artículo que tengo sin traducir especulaba sobre cuentos y cuentas, en la sección "Telling":

Para examinar la narratividad y las renarraciones, procederemos primero a reexaminar el "contar" ("telling") como un concepto que se halla en el cruce de los aspectos interaccionales y configurativos de la narración. "Contar" es dar cuenta ordenadamente de algo, y en muchos idiomas el concepto de contar (como la palabra "account") tiene un sentido tanto aritmético como lingüístico-narrativo. Un contador es alguien que cuenta—cifras y dinero, o, en algunos idiomas, acontecimientos. En español, "contar" tiene este doble sentido, enumerar, numerar, narrar. El mismo sentido acecha etimológicamente en francés bajo "conte" y "raconter" (cf. los verbos conter, "contar, narrar", compter ("hacer cuentas"), compte rendu ("recensión", "reseña", "informe"). Este doble sentido, sin embargo, no está presente, que yo sepa, en su raíz etimológica en latín clásico, computo, que es puramente numérica, donde sólo la raíz "puto" proporciona una ligazón con "pensamiento" en general. Y en inglés no puedes "count" una historia, sino sólo "recount" it, "raconter", "recontarla" por así decirlo. Por otra parte, "tell" también es un sinónimo (parcial) de "say" o "speak" en el sentido de "dar a conocer mediante el lenguaje". Pero hay diferencias importantes: contamos ("tell", no "say") un relato, y decimos ("say", no "tell") "hola", o bien "le digo (say), ´abre la puerta´", que en estilo indirecto se vuelve "me dijo (he told me) que abriera la puerta". Obsérvese que el sentido de "expresar pensamientos pronunciando palabras" está más cerca de "decir" (say, speak) que de "contar" (tell), aunque "decir lo que piensas" (to speak one´s mind) podría también referirse a una forma de comunicación no verbalizada. Es significativo que Percy Lubbock propone "showing" y (frente a eso) "telling" (no "saying" o "speaking") como los equivalentes modernos de la mimesis y la diégesis platónicas. Sin embargo, "telling" manifiesta los pensamientos de la persona, de modo que el resultado de decir (telling) algo es que algo que no era conocido para alguien, o que estaba implícito en la mente de alguien, se revela mediante el intercambio comunicativo. Y naturalmente también decimos "tell the facts", contar los hechos, lo que pasó: "telling", como contar frente a decir, no se relaciona en primer lugar con expresar nuestros pensamientos.

Desde otra perspectiva, el orden numérico asociado con "tell" sale a la luz en la ordenación secuencial del discurso, como en "tell me first what you decided, we can go over the details later"… En la narración, "tell" se aplica más adecuadamente a una secuencia lógica de causa y efecto entre las partes, una secuencia de acción, en la que el efecto sigue a la causa de modo tan natural como "2" sigue a "1", aunque el orden de presentación bien pueda alterarse, como sucede con esos números en esta oración, o como en las narraciones que comienzan in medias res.  Como hemos visto, "tell", "contar", también sugiere que existe algo que está oculto y que se revelará mediante el discurso: el discurso vuelve a lo que se halla escondido y lo saca a la luz, como en "Tengo algo que contarte", "I have something to tell you". El elemento de repetición implícito en "tell", en el sentido de "sacar a la luz", "revelar", converge con el elemento de secuencia ordenada, también presente en la palabra, de modo que el uso del verbo "to tell", "contar", resalta la narratividad de lo que se cuenta, el hecho de que se esté sacando a la luz de manera ordenada o secuencial.

Vuelvo a enfatizar aquí una importante dimensión de la narratividad: la configuración retrospectiva. Para los fines de este artículo (las definiciones son siempre definiciones con vistas a un fin) definiré la narración como la representación secuencial y retrospectiva de la experiencia a modo de una serie de acontecimientos interpretada o evaluada (es decir: la secuencia de experiencias ha sido interpretada y evaluada, y así ha dado lugar a una secuencia de acontecimientos). Esta definición deja abierta la posibilidad de que los acontecimientos puedan existir previamente a la configuración lingüística efectiva de una narración. Por ejemplo, los acontecimientos pueden existir a modo de herramienta cognitiva para dar forma a la experiencia. Habiendo sido narrativizados en mayor o menor medida antes de ser representados en un relato determinado, los acontecimientos pueden servir para dar forma cognitiva a la experiencia. Esta definición también deja abierta la posibilidad de que una representación previa, una narración o evaluación previa (en un relato anterior) pueda haber sido retomada, junto con los acontecimientos como tales, por una nueva narración en cuestión. Estas narraciones son por tanto "contra-narraciones", en las que las diferencias de configuración articulan interpretaciones significativamente diferentes, o una postura evaluativa distinta del narrador con respecto a los acontecimientos.

 

But I digress. Sánchez Vidal nos ha llevado al enfrentamiento entre españoles e incas, y a la batalla en la que unas pocas decenas de españoles derrotaron a los miles y miles de soldados del ejército inca… un choque entre dos imperios, pero también entre dos tecnologías, y dos mundos culturales diferentes. El inca fue extinguido prácticamente, y se perdieron la mayor parte de sus tradiciones, de sus historias, de su organización administrativa y científica. Era el mayor imperio que ha existido sin escritura—pero tenían una especie de escritura ideográfica o de contabilidad a base de nudos y cuerdas trenzadas, los quipus o "khipus" que aparecen en muchas ilustraciones; aún se conservan varios cientos de ellos. Se ha descifrado su sistema numérico, pero no la manera en que codificaban otros tipos de información—seguramente en estos nudos se encerraban también las tramas de sus relatos, se me ocurre que como auxiliar mnemónico de personajes, episodios y genealogías… pero de eso poco se sabe. Dice un cronista citado en la Wikipedia:

"Son quipos unos memoriales o registros hechos de ramales, en que diversos nudos y diversos colores significan diversas cosas. Es increíble lo que en este modo alcanzaron, porque cuanto los libros pueden decir de historias, y leyes, y ceremonias y cuentas de negocios, todo eso suplen los quipos tan puntualmente, que admiran."

Sí se sabe que los utilizaban también como mapas o planos, para organizar sistemas de riego, trazados de terrazas, calles de ciudades, y acequias… Para Sánchez Vidal son fascinantes como ejemplo de una organización cultural basada en un sistema muy diferente del nuestro, sin escritura, y muy ligado por contra a la fabricación de tapices, tejidos y trenzados manuales que tan vivos siguen aún en las culturas andinas.

Es un caso de texto semiótico, el de los khipus, que desfamiliariza lo que entendemos por textos pero a la vez nos permite ver lo ligada que va también nuestra civilización a la noción de trenzar, ligar, conectar—como conectan los seis grados de separación en las redes sociales, o los hiperenlaces en Internet, como conectan las redes informáticas o las redes neuronales. En el trasfondo de nuestra cultura todavía está ligada la noción de atar (ligar) a tantas cosas–a la trama del relato, decíamos, pero también al texto, tejido de palabras, a seguir el hilo del discurso, a pegar la hebra. 

Igual que yo con mis etimologías, encontraba el conferenciante una relación entre texto y técnica—vienen de las mismas raíces, y es que las primeras herramientas se ataban, se ligaban piezas con cuerdas—el hombre de Cro-Magnon lo hacía, haciendo herramientas complejas igual que nosotros hacemos ideas complejas ligando dos conceptos mediante una metáfora (de esto no hablaba Sánchez Vidal, sino Mark Turner, en "The Scope of Human Thought").  También un texto es un techo—proteger, o protejer que diría JRJ, es tejer, y hay habitáculos del lago Titicaca, y otros iraquíes del Éufrates y el Tigris, donde empezó a escribir Adán, hechos de juncos y cañas trenzadas. En ellos se pega la hebra, sin duda, también.

Y de esos textos pasamos a las fascinaciones caligráficas o vanguardistas con las formas precolombinas, en algunos artistas que desandan el camino buscando diseños que recuerdan a las alfombras y chompas andinas, y también, dice Sánchez Vidal, a los códigos de barras—porque un código de barras en parte se parece a un khipu, como manera de codificar información, y así se cierra el círculo, o se abre otra vez.

Me parece que las reflexiones del autor en torno a los nudos, las redes neuronales y asociaciones de ideas, los textos y los códigos de barras, pueden quizá remontarse a una viñeta de Forges que había en nuestra biblioteca y que le debió dejar pensando. En ella salen dos estudiantes cabizbajos del examen, y le pregunta uno a otro "¿Qué te han puesto para el comentario de texto?" —"Un código de barras." —"Me lo temía". Y es cierto que un código de barras da para mucho, como comentario de texto.

También el reloj—y esto me recuerda que se me acaba el tiempo—da para un buen comentario de texto. En el centro de un grabado alegórico de Brueghel sobre la templanza y las artes y técnicas, está el reloj. El reloj europeo es la primera máquina avanzada, dice Sánchez Vidal—esto me recuerda las reflexiones de Julio Iglesias de Ussel sobre el uso social del tiempo, y la evolución de los relojes. De eso hablé en Tecnologías de sincronización. Los relojes de ahora son digitales, pero el reloj medieval mecánico es un reloj ya digital, que segmenta el tiempo en "tic-tac", acuña bits de tiempo, y al hacerlo así lo divide y segmenta, lo genera por así decirlo como una sustancia mensurable y utilizable.

Y si el reloj es la máquina central de la organización europea del Renacimiento, y su equivalente moderno sería el ordenador, otra máquina de digitalizar la realidad y reorganizarla en tramas ordenadas, empezando por el tratamiento de textos.  Shakespeare también veía en el reloj un texto, y en el texto un reloj, pero esa es otra historia (aunque todas están ligadas).

 

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