viernes,20 mayo 2022
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La universidad pública ajusta mejor sus recursos que la privada

Redacción
Los centros públicos han reorganizado mejor sus recursos que los centros privados y han demostrado mayor eficiencia, segun Eva M. de la Torre García, Universidad Autónoma de Madrid, quien ha recibido el Premio Observatorio Social de "la Caixa" al mejor artículo en el ámbito de Educación.

Las recetas de la Nueva Gestión Pública y el fenómeno de los rankings globales están impulsando un estilo de gestión más emprendedor en la educación superior. Este nuevo escenario ha derivado en un rápido crecimiento del sector privado universitario en Europa (y en España), en un contexto en el que los índices de eficiencia están ganando relevancia dada la creciente necesidad de sacar el máximo partido a los recursos públicos.

El incremento de universidades privadas no ha dado lugar a un aumento de la transparencia del sector, pues los datos disponibles sobre las mismas siguen siendo muy limitados. Incluso la mayor competencia que debían introducir (en España y Europa) y su capacidad para dar respuesta a las necesidades socioeconómicas españolas podría ponerse en duda, dado el todavía reducido tamaño del sector privado (en términos de estudiantes matriculados) y su actividad generalmente restringida a aquellos ámbitos docentes que implican poca inversión y resultan especialmente rentables.

Los resultados muestran que las universidades privadas ostentan una mayor flexibilidad y capacidad para ajustar sus niveles de producción y de eficiencia de manera autónoma, y que en los últimos años las universidades públicas han incrementado su eficiencia, en parte porque la reducción de la financiación pública ha llevado a las universidades públicas a obtener similares resultados (niveles de producción en docencia e investigación) con menos recursos gracias a la inercia que mantienen tanto la actividad docente como la investigadora incluso en un periodo de desaceleración de la inversión en el sector universitario.

La universidad pública es más capaz de reorganizar sus recursos para garantizar la viabilidad del sistema, aunque la mejora actual puede haberse hecho en detrimento de la producción y la calidad futuras.

Estos resultados preliminares deben ser valorados teniendo en cuenta varios factores. El primero es que las medidas de eficiencia y productividad constituyen sólo una de las dimensiones a evaluar de las universidades, siendo necesario complementar el estudio con investigaciones, al menos sobre la calidad de los resultados (por ejemplo, en términos de empleabilidad, internacionalización, desarrollo de competencias, etc.), antes de poder apoyar decisiones de políticas públicas. La segunda razón se basa en que los resultados sólo reflejarían los efectos de la crisis económica en el corto plazo. Cuando se publiquen datos más recientes, es de esperar que estas restricciones de financiación de las universidades públicas deriven también en una reducción de sus niveles de producción en el medio-largo plazo, pues podrán verse los efectos en el número de graduados y de publicaciones científicas de alto impacto.

En otras palabras, a pesar de los resultados descritos en este artículo, sólo podemos afirmar con seguridad que los recortes en el sector universitario público han tenido consecuencias positivas en el corto plazo y en términos de eficiencia y productividad, pues hay dimensiones importantes del desempeño universitario que quedan fuera del ámbito de este estudio por el largo plazo necesario para poder observar su evolución. Y, por último, se debe recordar la falta de información financiera y de datos de transferencia de conocimiento para las universidades privadas.

En definitiva, este estudio constituye una primera aproximación para la medición comparada de la productividad y la eficiencia de universidades públicas y privadas. Este tipo de estudios pueden ser en el futuro de gran utilidad para líderes y gestores universitarios, así como para responsables políticos. La flexibilidad de las universidades privadas les puede permitir aprovechar este tipo de análisis y traducirlo en iniciativas para incrementar su eficiencia y moverse en la dirección de aquellas universidades que tomen como referencia (benchmarking). Por otra parte, las universidades públicas son más dependientes de la financiación y políticas públicas, y podrían beneficiarse en el medio-largo plazo de políticas formuladas en base a la evidencia empírica proporcionada por este y otros estudios científicos sobre los sistemas universitarios en general, y sobre el español en particular.

A pesar de la reducción de los recursos de las universidades públicas entre 2009/10 y 2013/14, sus niveles de producción se han mantenido, pues los estudiantes matriculados en el curso en el que incrementaron los precios de matrícula (2012/13) aún no se habían graduado en 2013/14, y la mayoría de la investigación en curso en 2010 todavía producía resultados de investigación en 2013/14. Es de esperar que estos resultados no se mantengan en el largo plazo.

La mejora general de la eficiencia que la crisis ha provocado en las universidades ha sido más acusada en la universidad pública que en la privada, hasta el punto de que el nivel de eficiencia de la pública ha sobrepasado al de la privada.

En el curso académico 2009/10 las universidades más eficientes en España (todas ellas con el mismo nivel de eficiencia) eran la Universidad Autónoma de Barcelona, la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad Pablo de Olavide, la Universidad Pompeu Fabra y la Universidad de Vigo, entre las universidades públicas; y entre las privadas, la IE Universidad, la Universidad de Navarra y la Universidad Pontificia de Salamanca (tabla 2).

De hecho, en el curso académico 2013/14 (último periodo de nuestro estudio), entre las universidades más eficientes sólo se mantienen aquellas universidades grandes con capacidad de compensar la reducción de recursos destinados a investigación con fondos internacionales, sobre todo de los programas marco europeos de investigación y desarrollo tecnológico: entre las universidades públicas, la Universidad Autónoma de Barcelona, la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad Pompeu Fabra; y entre las privadas, la IE Universidad y la Universidad de Navarra (véase la tabla 2).

En el trascurso de estos cuatro años la situación de las universidades privadas frente a las públicas ha empeorado porque las universidades públicas han incrementado su productividad (tabla 1) superando la eficiencia de las universidades privadas.

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