domingo,22 mayo 2022
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Carlos Umaña: "O es el fin de las armas nucleares o es nuestro fin"

«Las armas nucleares amenazan nuestra civilización»

Vivimos actualmente en un momento de gran tensión por el posible estallido de una guerra nuclear. Carlos Umaña, del ICAN (Premio Nobel de la Paz 2017), nos explica que "la eliminación total y completa de las armas nucleares es la única forma de garantizar la continuidad de nuestra civilización".

Tras su entrevista en RTVE, entrevistamos en exclusiva para Ibercampus a Carlos Umaña, miembro del grupo directivo internacional de ICAN, organización que fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 2017 por su campaña contra las armas nucleares. La amenaza nuclear hoy está presente en todos los medios de comunicación de todo el mundo. La invasión de Ucrania por parte del presidente ruso Putin ha disparado todas las alarmas y algunas resistencias, entre ellas la de Ibercampus.es. La probabilidad de uso de armas nucleares se ha incrementado considerablemente.

¿Pueden las redes sociales y la inteligencia colectiva impedir hoy una guerra como la de Ucrania según planteó en Ibercampus Rafael Martínez-Cortiña?

Más que impedir, prevenir. Cada vez nos acercamos más a una cultura humana universal en la que las fronteras dejan de ser relevantes, y en la que la otredad deja de existir. Ahora bien, la búsqueda de soluciones conjuntas no es solo la clave para la paz mundial, sino también la única forma en la que lograremos progresar como civilización.

¿Podríamos compatibilizar la abolición de las armas nucleares con el uso de su tecnología para producir energía y, en general, bienestar humano?

Si bien tanto las armas nucleares como la energía nuclear tienen una relación tecnológica muy cercana,  tanto en sus efectos como en las políticas en torno a ellos, las armas nucleares y la energía nuclear son temas muy distintos. Así, tenemos que Brasil, México y Sudáfrica tienen centrales nucleares, pero son adalides del desarme nuclear y de la prohibición de las armas nucleares.

No obstante, es cierto que con la actual guerra, se ha planteado la posibilidad de que los 15 reactores de Ucrania se usen como armas nucleares “sucias”, provocando deliberadamente un fallo a algún reactor, ya sea por un ataque directo, un ciberataque o un corte a su suministro eléctrico. Como ya hemos visto con Chernóbil y Fukushima, el riesgo (considerando tanto el impacto como la probabilidad) de un desastre radioactivo es significativo por varias causas, incluso en ausencia de conflictos armados. Considerando además el más alto coste nivelado de electricidad (LCOE, por sus siglas en inglés) en comparación con fuentes renovables de energía, cabe cuestionar si la insistencia de la Unión Europea en promover esta alternativa como conveniente está más relacionada con el peso que tiene la palabra “nuclear” que con evidencia práctica en favor de esta alternativa.

Sólo mantener las armas nucleares, hoy vistas como el mayor riesgo de extinción humana, cuesta 116.000 millones de dólares anuales, algo similar a lo necesario para cumplir los objetivos de desarrollo sostenible de la ONU 2030. ¿Qué impide la abolición de unas y la garantía de los segundos?

El peso político que se le da a uno sobre lo otro. Así de sencillo.

Las armas nucleares han gozado de una posición de privilegio dentro del imaginario mundial y dentro de las políticas de seguridad de los países nuclearmente armados y sus aliados militares. Se han construido varios mitos en torno a estas armas que giran en torno al prestigio de un mundo dominado por el más fuerte: que los países que las tienen son más avanzados que los otros, que pusieron fin a la II guerra mundial, que han impedido una III guerra mundial, que el desarme nuclear es imposible, etc. En palabras de un reconocido político de India al referirse a los ensayos nucleares que su país hizo en 1998:  “tenemos que demostrar que no somos eunucos”.

Las armas nucleares son un símbolo, uno que se ha construido y perpetuado hasta todos los rincones del mundo. Hay varios referentes en la cultura popular. Uno de muchísimos ejemplos es cómo el traje de baño femenino “bikini” fue llamado así en honor a los ensayos nucleares en el atolón Bikini en las Islas Marshall, por ser lo superlativo del sex appeal.

Por esto, incluso el momento de la más baja tensión, como lo fue el final de la Guerra Fría, no condujo al desarme nuclear. Las armas nucleares habían afianzado un lugar privilegiado en las mentes de las personas y en el trono de la seguridad mundial.

Quisiéramos conocer las medidas más efectivas que proponen los científicos como usted para abolir las armas nucleares y asegurar la sostenibilidad de la especie humana, que hoy como la invasión de Ucrania dicen está más amenazada que nunca.

La eliminación total y completa de las armas nucleares es la única forma de garantizar la continuidad de nuestra civilización. Eso hay que tenerlo muy claro.

Las armas nucleares no se pueden usar en un conflicto bélico: sus efectos no se pueden controlar, no respetan fronteras, no están hechas para ser utilizadas contra blancos militares, sino para matar a civiles de forma espantosa, y su uso derivaría en una guerra nuclear, lo que lo convertiría en un acto suicida. Si no se pueden usar, su poder es entonces retórico: en la amenaza de su uso. De esta forma, podríamos decir que las armas son, entonces, un símbolo. La lucha por un mundo libre de armas nucleares implica la deconstrucción de este símbolo a través de la estigmatización, desvelando su verdadera cara: sus riesgos, sus costes, sus espantosas y extremas consecuencias. Es así como lograremos eliminarlas.

La estigmatización, basándose en evidencia humanitaria, y materializada en un tratado de prohibición, es el mecanismo mediante el cual se han abolido todas las demás armas de destrucción masiva(las químicas, las biológicas, las minas terrestres y las municiones en racimo). Es un proceso denominado “desarme humanitario” en el que colocar al ser humano en el centro de cualquier debate en torno a estas armas conduce inevitablemente a su eliminación.

La existencia de la prohibición confronta al país con una decisión: o las armas nucleares son aceptables, o no lo son. Si un país no firma la prohibición, está diciendo que las armas nucleares son aceptables.

El reloj creado por científicos para medir el riesgo de juicio final marca con la guerra de Ucrania que estamos a 100 segundos de ese final, su punto más cercano en la historia de la humanidad, frente a los 14 minutos marcados por el fin de la guerra fría o a los varios minutos de la crisis de los misiles de Cuba en 1962. Los tres factores de más riesgo dicen que son la escalada retórica de los políticos, el cambio climático y evitar errores en la gestión de lar armas nucleares. ¿Cuáles serían las las medidas más efectivas para erradicar esos riesgos?

Si bien el riesgo se puede paliar bajando las tensiones políticas, implementando medidas para combatir el cambio climático y reduciendo los arsenales nucleares, la única forma para erradicar este riesgo es eliminando las armas nucleares. Mientras existan, el riesgo siempre existirá.

Mientras no se aborden esas medidas, la idea es que para evitar el cataclismo dependemos otra vez de la pura suerte, que según dijo Robert McNamara fue la que lo evitó realmente en la guerra de los misiles de Cuba en 1961.

Así es.

Los tomadores de decisiones son personas y sus decisiones son tan susceptibles a errores como es el caso de cualquier persona, y las armas nucleares son máquinas, y como toda máquina, eventualmente llega a fallar. Si coincide uno con el otro, las consecuencias podrían ser desastrosas o incluso de proporciones apocalípticas. Ha habido muchísimos traspiés diplomáticos a lo largo de la guerra fría, pero también ha habido enormes errores técnicos capaces de derivar en una guerra nuclear. Un caso famoso es el de Stanislav Petrov (“El hombre que salvó al mundo”), un general soviético que en 1983 estaba tras los monitores de los sistemas de alerta máxima, que detectaron un ataque nuclear de parte de EEUU. Él decidió saltarse los protocolos y no escalar la amenaza lanzando una represalia, decisión que, salvó al mundo, le costó su carrera militar.

Usted cree que mientras existan armas nucleares hay riesgo de que se usen. ¿Propone o conoce medidas efectivas para acabar con ellas?

Estigmatizarlas y crear un clima de confianza en las relaciones multilaterales a través del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN).

Es natural tener cierto escepticismo al hablar de tratados cuando hemos visto cómo los líderes de los países nucleares se traen abajo tratados bilaterales sobre estas armas, deshaciendo de golpe décadas de arduo trabajo diplomático. La diferencia entre un tratado bilateral (entre dos partes) y uno multilateral es que el primero se lo trae abajo cualquiera de las partes y su integridad peligra con cada cambio de administración, mientras que los tratados multilaterales más bien crean una normativa internacional que se convierte en un comportamiento global que terminan siguiendo incluso los países que no los han firmado. Tal fue el caso con EEUU, que dejó de producir municiones en racimo y minas antipersonales a pesar de no haber firmado ninguno de los tratados que las prohíben, porque se quedó sin compradores, sin inversores, y se creó un clima mundial de condena moral que hacía políticamente desfavorable producirlas.

El desarme nuclear no es algo que se consiga fácil ni rápidamente. Requiere un cambio de paradigma, y este necesita una participación social masiva. Cada vez que alguien condena las armas nucleares públicamente, contribuye a su estigmatización, se fortalece la normativa internacional en contra de las armas nucleares y nos acercamos cada vez más a su eliminación. La solución es necesariamente colectiva.

¿Cómo explica que los 5 países que primero se hicieron con armas nucleares son precisamente los 5 con derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, además de Irlanda del Norte?

El Consejo de Seguridad está compuesto por 15 países miembros de la ONU, 5 miembros permanentes (Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña, Francia y China, denominados los P5) y 10 miembros no permanentes que participan en dicho consejo por un lapso de 2 años. Solo los miembros permanentes tienen poder de veto. Dichos miembros permanentes fueron los países “que jugaron un rol importante en la II Guerra Mundial” (los ganadores) y, cuando fue creado, el único Estado nuclearmente armado era Estados Unidos. Al adquirir la URSS armas nucleares en 1949, Estados Unidos promovió (y facilitó) que Francia y Gran Bretaña también las adquirieran, para agregar peso de su lado de la cortina de hierro. De forma similar, China las adquirió en 1964.

Una de las principales críticas del Consejo de Seguridad es precisamente que sus países son nucleares y que, por su estructura antidemocrática -en la que uno solo de estos países puede bloquear cualquier proceso- no ha habido ningún progreso en temas de desarme nuclear en dicho órgano.

Hoy se dice que hay 9 países han explosionado armas nucleares y 7 países tienen arsenales, Rusia y Estados Unidos con el 90% de total, con la OTAN  declarada alianza  nuclear desde 2010. ¿Cree que esto impide que China pase de abstenerse ante la invasión de Ucrania a defender efectivamente la paz?  ¿O que EEUU impediría a España y a otros países de la OTAN prohibir la venta de armas nucleares, como hicieron Australia y Nueva Zelanda?

Son 9 los países que tienen armas nucleares -y que han hecho ensayos con ellas- Los P5, más India, Pakistán, Israel y Corea del Norte. En total, según la Federación de Científicos Estadounidenses (FAS) tienen alrededor de 12.700 ojivas, efectivamente poco más del 90% en manos rusas y estadounidenses.

China se ha mantenido relativamente neutral en sus declaraciones, cambiando poco o nada sus políticas comerciales con Rusia o con sus otros comerciales y de estallar una guerra, probablemente no se meta, al menos no al inicio.

Ahora bien, ningún país vende armas nucleares. Son 191 los países miembros del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP), que entró en vigor en 1970, bajo el cual los países no nucleares se comprometen a no adquirir armas nucleares, los países nucleares se comprometen a deshacerse de ellas, y todos pueden gozar de su “derecho inalienable” a la energía nuclear. Dicho tratado tenía una vigencia de 25 años, lo que significa que para 1995, debía haberse conseguido el desarme nuclear. Al no haberse conseguido, se decidió prorrogar el tratado indefinidamente. No obstante, en cuanto a la No proliferación, el TNP ha sido sumamente efectivo, con un único fallo: el caso de NorCorea.

Ahora bien, no hay absolutamente ningún impedimento legal para que un país miembro de la OTAN firme el TPAN -y siga permaneciendo en la OTAN. La declaración de la OTAN como “alianza nuclear” a insistencia del gobierno estadounidense (coincidiendo con el inicio de la iniciativa humanitaria sobre las armas nucleares) tiene implicaciones retóricas de “responsabilidad compartida” ante una guerra nuclear, pero no constituye en sí un impedimento para prohibir las armas nucleares.

¿Cómo hacer que se generalice el Tratado para la Prohibición de Armas Nucleares aprobado por la ONU en 2017 con 122 países votando a favor?

122 países votaron a favor de la existencia del TPAN después de haberlo negociado. Ahora bien, 86 lo han firmado y 59 lo han ratificado. Cuantos más países sean parte, más cerca estaremos de su universalización y más cerca de conseguir el desarme nuclear.

Muchas gracias por su tiempo y por la labor de pacificación que realizan. 

 

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